Hoy en día, la mayoría de las personas comprende que el costo de no actuar frente al cambio climático es mucho mayor que el costo de actuar. El desafío consiste en reunir la voluntad política necesaria para tomar decisiones de política inteligentes.
Un nuevo informe de la Global Commission on the Economy and Climate, del que soy miembro, muestra que la acción climática genera beneficios de desarrollo local, además de reducciones de emisiones. De hecho, las decisiones de política inteligentes pueden generar beneficios económicos, sanitarios y climáticos tanto para los países desarrollados como para los países en desarrollo.
Los bancos multilaterales de desarrollo, como el Grupo Banco Mundial, pueden desempeñar un papel crucial al ayudar a los países a avanzar en una transición hacia un crecimiento bajo en carbono, utilizando de forma inteligente los escasos recursos públicos y movilizando inversiones privadas mucho mayores y de largo plazo.
El informe formula recomendaciones clave para convertir en áreas de crecimiento los obstáculos a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Entre ellas:
Centrarse en las ciudades: las zonas urbanas deberían aplicar estrategias bajas en carbono para 2020 y priorizar una mejor planificación e inversión en transporte público, eficiencia de los edificios y una mejor gestión de los residuos.
Proteger los bosques e incrementar la productividad agrícola: reunir a los países con bosques, a las economías desarrolladas y al sector privado para detener la deforestación para 2030 y restaurar las tierras agrícolas degradadas. Esto reforzaría la resiliencia agrícola, fortalecería la seguridad alimentaria, y mejoraría los medios de vida de las comunidades agrarias y forestales.
Invertir en energía limpia: solo podremos proporcionar energía limpia para todos si reducimos su costo y utilizamos la energía de forma más eficiente.
No todas las recomendaciones funcionarán en todos los países. Las opciones de política deben adaptarse a las necesidades específicas de cada país, dentro de una estrategia integral. Y la puesta en práctica de estas medidas conllevará desafíos, entre ellos elevados costos iniciales y una financiación a largo plazo de 15 a 25 años.
Está claro que las oportunidades y los beneficios, incluidos los de las generaciones futuras, superan los inconvenientes.
El informe constata, por ejemplo, que las inversiones integrales en desarrollos urbanos bajos en carbono podrían ahorrar alrededor de 17 billones de dólares a nivel mundial para 2050. Asimismo, las inversiones en eficiencia energética podrían incrementar la producción económica acumulada a nivel mundial en 18 billones de dólares para 2035. El informe también constata que las empresas ya están impulsando un mercado mundial en crecimiento de bienes y servicios bajos en carbono, de 5,5 billones de dólares.
Lo más importante es que, si se aplicaran, las recomendaciones podrían lograr casi todas las reducciones de emisiones necesarias para mantener el aumento de la temperatura mundial por debajo del crítico umbral de 2 °C para 2030.
Pero la clave del éxito es la cooperación entre gobiernos, ciudades, comunidades, bancos de desarrollo y el sector privado. Debemos aprovechar las asociaciones y los recursos existentes, ya sean nacionales o multilaterales.
Existe un fuerte impulso internacional a favor de la acción climática de cara a la COP 21, las decisivas negociaciones climáticas que se celebrarán en París a finales de este año. En la Cumbre sobre el Clima de la ONU de 2014, más de 73 países y 1.000 empresas e inversores expresaron su respaldo a la acción mediante la fijación de precios al carbono para impulsar inversiones en una economía más limpia. En junio, el G7 reconoció la necesidad de realizar recortes profundos de emisiones. Los bancos multilaterales pueden desempeñar un papel clave para lograr cambios de política y redirigir recursos hacia inversiones bajas en carbono.
Un nuevo informe conjunto muestra que, en los últimos cuatro años, los seis bancos multilaterales han aportado más de 100.000 millones de dólares en financiación climática. Solo en 2014 comprometieron en conjunto 28.000 millones de dólares, la mayor cifra anual registrada hasta la fecha.
El Grupo Banco Mundial es el mayor proveedor de financiación climática de los seis bancos multilaterales de desarrollo, con más de un tercio del total. Por sí solo, el Grupo Banco Mundial aportó 11.800 millones de dólares. Más del 20 % de la financiación total del Grupo Banco Mundial ese año correspondió a financiación climática.
Por ello, en el Banco ya estamos actuando. Estamos ayudando a los países clientes a evaluar los riesgos, acceder a financiación y reforzar su resiliencia.
Por ejemplo, desde hace más de un año hemos evaluado todas las estrategias y operaciones en los países más pobres para detectar riesgos de desastres y climáticos. Estas acciones son clave para alcanzar nuestros objetivos de poner fin a la pobreza y aumentar la prosperidad compartida. Por tanto, estamos plenamente alineados con las recomendaciones de la Global Commission on the Economy and Climate.
La necesidad de evitar un mundo 2 °C más cálido y de lograr finalmente la neutralidad de carbono en la economía mundial orienta nuestros esfuerzos en cinco áreas clave: construir ciudades bajas en carbono y resilientes al clima; avanzar en la agricultura climáticamente inteligente y fomentar los paisajes forestales; acelerar la eficiencia energética y la inversión en energías renovables, incluida la hidroeléctrica; y respaldar la labor para poner fin a los subsidios a los combustibles fósiles y desarrollar la fijación de precios del carbono para que los precios reflejen correctamente las emisiones.
No existe crecimiento económico sin acción climática, y tenemos las pruebas para demostrarlo.
Esta entrada apareció originalmente en el blog Voices del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autora: Sri Mulyani Indrawati es directora gerente y directora de Operaciones del Banco Mundial.
Imagen: Un aerogenerador visto cerca de la localidad de Piansano, a 90 km (60 millas) al norte de Roma, el 16 de abril de 2012. REUTERS/Max Rossi
