La revolución digital mundial genera nuevas demandas energéticas
Las tecnologías digitales están transformando todos los sectores. Están cambiando la forma en que trabajamos, vivimos y disfrutamos, así como la manera en que se crean, transmiten y consumen los bienes y servicios. Algunas de estas tecnologías, como la conducción autónoma, la realidad virtual y la inteligencia artificial, tendrán efectos tanto disruptivos como transversales en muchos ámbitos de nuestra economía.
Aunque la digitalización puede aumentar la eficiencia energética, por ejemplo, al compartir activos como los automóviles y mejorar la eficiencia energética en nuestra vida cotidiana mediante el IoT, también genera enormes nuevas demandas energéticas. El sector de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) ya consume más del 50 % de la electricidad consumida en Estados Unidos. En los próximos años, se prevé que la demanda energética de las TIC siga creciendo y se duplique para 2050; esta previsión ya tiene en cuenta la mejora continua de la eficiencia energética de las TIC.
Para limitar el calentamiento global a dos grados Celsius, el mundo tendrá que realizar cambios drásticos. Dado el imperativo claro de reducir las emisiones de carbono y mejorar la calidad del aire, estas nuevas demandas energéticas deben satisfacerse con fuentes limpias y renovables. Esto implica la necesidad de un vector energético que pueda captar la energía solar y eólica, conducirla hasta su punto de uso y liberarla cuando se necesite.
Cómo podría ayudar el hidrógeno
Dos tecnologías principales —las baterías y el hidrógeno— pueden proporcionar el almacenamiento necesario para las energías renovables. Aunque a menudo se presentan como competidoras, en realidad son complementarias para distintas aplicaciones.
La alta densidad energética del almacenamiento de hidrógeno a bordo (unas 10 veces superior a la de las baterías recargables) hace que los sistemas de pilas de combustible de hidrógeno sean ideales para propulsar medios de transporte grandes, pesados o «verticales» (por ejemplo, aeronaves). Una mayor autonomía va de la mano de un repostaje más rápido, lo que reduce drásticamente los tiempos de espera, aumenta la utilización y disminuye las necesidades de infraestructura. Aunque las inversiones incrementales iniciales en infraestructura podrían ser mayores, la infraestructura de hidrógeno resulta menos costosa a gran escala y no afecta a la red eléctrica, mientras que la infraestructura para la recarga directa requerirá importantes mejoras de la red.
Este documento de debate busca iniciar el análisis del impacto de la digitalización en la demanda energética y establecer un diálogo con el sector de las TIC sobre cómo la digitalización y el hidrógeno podrían complementar sus respectivos efectos durante la transición energética. El hidrógeno ofrece importantes ventajas que podrían hacer posibles las principales tendencias digitales y, por tanto, servir como vector energético eficiente y sin emisiones. En este documento se exploran cuatro casos de uso prometedores concretos:
Taxis y lanzaderas autónomos
Cadenas de transporte de mercancías habilitadas digitalmente
Taxis VTOL
Centros de datos
En 2030, el hidrógeno podría impulsar…
Lee y descarga el documento completo para obtener más información



