Cómo puede el transporte pesado superar los obstáculos en su camino hacia las cero emisiones netas

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  • Los camiones son responsables de aproximadamente el 10% de las emisiones mundiales de CO₂, por lo que descarbonizar el transporte pesado es fundamental para alcanzar las cero emisiones netas.

  • Aunque se ha avanzado en la electrificación de los vehículos comerciales pequeños, el transporte mediano y pesado aún afronta desafíos que solo pueden superarse mediante esfuerzos intersectoriales y soluciones innovadoras.

  • La transición requiere inversiones sustanciales y una regulación favorable que reconozca las limitaciones y posibilidades técnicas existentes y contribuya a encontrar soluciones sin dogmatismos.

La crisis climática mundial está aumentando la presión política y social sobre las empresas para que operen de manera más sostenible. Los clientes y los inversores exigen cada vez más soluciones ecológicas.

Dado que los camiones son responsables de aproximadamente el 10% de las emisiones mundiales de CO₂, descarbonizar el transporte pesado es fundamental en la lucha contra el cambio climático. La industria logística lo ha reconocido y está impulsando la transformación del sector.

Aunque se ha avanzado considerablemente en la electrificación de los vehículos comerciales pequeños, el transporte mediano y pesado aún afronta importantes desafíos que solo pueden superarse mediante esfuerzos intersectoriales y soluciones innovadoras. Debe aumentar la voluntad política de adoptar enfoques pragmáticos para reducir cuanto antes las emisiones del transporte de mercancías por carretera.

Desafíos para electrificar el transporte de mercancías

A largo plazo, la transición a sistemas de propulsión sin emisiones en el transporte mediano y pesado es inevitable. Sin embargo, pasarán otros cinco a diez años antes de que los camiones eléctricos tengan una presencia significativa en este segmento. El principal obstáculo es la capacidad muy limitada de la red eléctrica. En todo el mundo, las redes están muy por debajo de las dimensiones necesarias y no satisfacen las necesidades de las flotas de camiones más grandes. En muchos lugares, las fluctuaciones en la capacidad de la red dificultan considerablemente el funcionamiento de los vehículos comerciales pequeños eléctricos. Aunque ampliar la capacidad es una prioridad política de primer orden, el avance es demasiado lento y obstaculiza la rápida transición a los vehículos eléctricos.

Otro problema es la disponibilidad de electricidad, en particular de electricidad «verde», que no basta para una transformación a largo plazo y sigue siendo cara, lo que eleva los costos operativos de los camiones eléctricos y los vehículos comerciales pequeños. La infraestructura de carga también plantea un desafío importante. No hay suficientes estaciones de carga y la infraestructura existente suele ser poco fiable. Además, integrar los tiempos de carga de los camiones eléctricos en los procesos logísticos es un reto considerable, ya que las cargas suelen durar más que los descansos de los conductores exigidos por ley. Por ejemplo, una carga de 1,5 horas no coincide con los descansos habituales de 45 minutos de los conductores. Para compensar las incertidumbres operativas resultantes, los camiones eléctricos deben equiparse con baterías más grandes, lo que aumenta su peso en vacío y acarrea desventajas de eficiencia y costo durante la operación.

Estos desafíos afectan a todas las divisiones de DHL, pero especialmente a la división de Correos y Paquetería (P&P), que opera una flota de vehículos propios y de subcontratistas, utilizados principalmente para operaciones regionales y de larga distancia. Superar estos obstáculos y realizar con éxito la transición a los vehículos eléctricos es fundamental para alcanzar los objetivos climáticos de DHL, en especial en el sector de P&P.

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La innovación y la inversión como soluciones

Se necesitan soluciones innovadoras e inversiones sustanciales para impulsar con éxito la electrificación del transporte pesado. Debe acelerarse la expansión, de carácter urgente, de la red eléctrica y la infraestructura de carga. Iniciativas políticas como el Reglamento sobre la infraestructura para los combustibles alternativos (AFIR) de la UE son fundamentales, pero deben aplicarse con rapidez en cada país. También es necesario planificar las cargas máximas y las redundancias desde la fase inicial. Esta es la única manera de evitar cuellos de botella durante los períodos de alta demanda y garantizar la resiliencia del sistema. También se necesita una combinación sensata de opciones de carga públicas, semipúblicas y privadas para satisfacer las distintas necesidades del transporte de mercancías, que difieren, por ejemplo, de las de los servicios de entrega.

Ampliar la capacidad de la red y garantizar el suministro de fuentes de energía verde son aspectos fundamentales. Se necesitan soluciones innovadoras, como tarifas eléctricas basadas en el horario o alternativas técnicas que ofrezcan más flexibilidad para la carga, a fin de abordar los desafíos de la oferta y la demanda de electricidad. En el futuro, el acceso a hidrógeno asequible también desempeñará un papel importante.

También conviene explorar la implementación de sistemas de intercambio de baterías, como los de China, donde están muy desarrollados. Allí, las empresas permiten cambiar las baterías rápidamente, en cuestión de minutos, lo que reduce considerablemente el tiempo de inactividad y aumenta la eficiencia. El Gobierno chino apoya estos sistemas mediante subvenciones y políticas. En cambio, Europa no los ha adoptado ampliamente debido a los elevados costos de infraestructura, la falta de estandarización y una menor demanda del mercado. Sin embargo, a medida que crezca la movilidad eléctrica, el intercambio de baterías podría ganar terreno en Europa con el posible respaldo de baterías estandarizadas e incentivos gubernamentales, lo que mejoraría la eficiencia y la viabilidad de las operaciones con camiones eléctricos en la región.

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Aceptar soluciones de transición

Dados los desafíos y las soluciones expuestos, la transición a sistemas de propulsión sin emisiones en el transporte de mercancías llevará tiempo. Sin embargo, ya hay maneras de reducir las emisiones.

Además de las tecnologías de transición, como el biogás, el biodiésel avanzado (HVO) y el hidrógeno gris y azul, los camiones eléctricos de batería con extensores de autonomía pueden contribuir de manera significativa. Estos camiones son principalmente eléctricos, pero cuentan con un generador diésel-eléctrico que complementa la batería. Esta tecnología permite que el camión funcione principalmente como un vehículo eléctrico y, al mismo tiempo, reduce su dependencia de la infraestructura de carga, lo que aumenta la fiabilidad de la planificación y la utilidad operativa.

Los camiones con extensor de autonomía permiten cubrir por completo las rutas necesarias incluso en condiciones difíciles, como en invierno. Según una evaluación técnica del fabricante de vehículos Scania, pueden emitir aproximadamente un 80% menos de CO₂ que los camiones diésel convencionales, incluso cuando utilizan diésel de origen fósil. Sin embargo, estas soluciones de transición han recibido poco reconocimiento político. La falta de incentivos, como exenciones de los peajes para camiones, hace que actualmente estos vehículos no sean rentables, lo que reduce la demanda y limita su disponibilidad en el mercado. Pese a su potencial para reducir considerablemente las emisiones de CO₂ y contribuir a una logística climáticamente neutra, la falta de apoyo político y normativo hace que se esté desaprovechando esta oportunidad.

El camino a seguir

La electrificación del transporte pesado es una tarea compleja, pero necesaria para alcanzar los objetivos climáticos y preservar un planeta habitable para las generaciones futuras. Para electrificar el sector del transporte por camión se necesita un enfoque internacional integral, en lugar de soluciones aisladas. Aunque los sistemas de intercambio de baterías en China han dado muestras de su potencial al reducir el tiempo de inactividad y aumentar la eficiencia, el énfasis de Europa en las estaciones de carga rápida pone de relieve la necesidad de una estrategia unificada.

Un concepto integral debe incluir infraestructura integrada, estandarización, apoyo gubernamental y colaboración de la industria. La transición requiere inversiones sustanciales y, sobre todo, una regulación favorable que reconozca las limitaciones y posibilidades técnicas existentes y contribuya a encontrar soluciones sin dogmatismos. El transporte pesado puede contribuir pronto a la protección del clima si logramos superar juntos estos desafíos.

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