Este artículo forma parte de la plataforma Geostrategy del Foro Económico Mundial
La economía energética mundial atraviesa una rápida transición de las «moléculas de hidrocarburos a los electrones»: en otras palabras, de los combustibles fósiles a las energías renovables y la electricidad baja en carbono.
Los principales actores y analistas del sector energético –el «establishment» de la previsión energética– están subestimando gravemente la velocidad y la profundidad de esta transición.
Caída de la demanda de petróleo: los factores implicados
Varios factores pueden explicar el consenso entre muchos analistas que subestiman, o ignoran la naturaleza de, la transición. Entre ellos figuran el «pensamiento de grupo» y una mentalidad de seguridad en el número; la cultura institucional de la Agencia Internacional de la Energía (AIE); y la necesidad de que las compañías petroleras internacionales (IOC, por sus siglas en inglés) mantengan la confianza de sus accionistas.
En cambio, la comunidad financiera es mucho más consciente de la transición, como demuestran tanto la campaña mundial a favor de la desinversión en combustibles fósiles como otras iniciativas para persuadir a las empresas de reducir el uso de hidrocarburos.
La historia de las transiciones energéticas pasadas –incluido el cambio de la leña al carbón en Estados Unidos a finales del siglo XIX y principios del XX, y la adopción masiva de la energía nuclear en Francia en la década de 1980– proporciona un contexto útil para analizar esta tendencia a la caída de la demanda de petróleo.
Estas transiciones han sido desencadenadas por factores que van desde las convulsiones del mercado hasta el cambio tecnológico, y el elemento tecnológico suele reforzar la transición.
Hoy en día se observa una dinámica similar, que implica factores desencadenantes y factores de refuerzo.
Fluctuaciones actuales en la demanda de petróleo
La transición actual que está reduciendo la demanda de petróleo en el sistema energético mundial se ha desencadenado, en primer lugar, por la preocupación por el cambio climático y el reconocimiento de la necesidad imperiosa de avanzar hacia una economía baja en carbono.
En algunos lugares, la creciente preocupación por la calidad del aire urbano ha superado al cambio climático como impulsor de las políticas gubernamentales en apoyo de la transición.
Los factores de refuerzo incluyen la caída de los costes de las energías renovables y la rápida penetración en el mercado de los vehículos eléctricos (VE). A estos factores se pueden sumar la incertidumbre persistente sobre la posibilidad de otro choque en el precio del petróleo, y los aumentos de los precios de los productos petrolíferos que son independientes de los movimientos del precio del petróleo crudo, un fenómeno conocido a veces como «enfermedad de la OCDE».
Si la transición hacia las renovables y la electricidad baja en carbono se produce más rápido de lo que anticipa el establishment energético, las consecuencias para los exportadores de petróleo y para la geopolítica del petróleo serán muy graves, ya que la demanda de petróleo podría sufrir un golpe considerable.
Por ejemplo, el hecho de que muchos países exportadores de petróleo no hayan reducido su dependencia de los ingresos por hidrocarburos ni diversificado sus economías los dejará extremadamente vulnerables a la reducción de la demanda de gas y petróleo en sus principales mercados.
Los países de la región de Oriente Medio y el Norte de África (MENA) estarán especialmente expuestos, y las posibles consecuencias incluyen un aumento de la incidencia de fallos estatales en una región que ya sufre las consecuencias de no haber abordado de forma manifiesta las causas de las revueltas árabes desde 2011.
Una mayor turbulencia política y económica en la región MENA también podría generar graves problemas migratorios para Europa.
La geopolítica de la demanda de petróleo de los últimos 120 años ha desempeñado un papel central en las relaciones internacionales. De hecho, algunos sostienen que la rivalidad geopolítica por el acceso al suministro de petróleo y su control ha sido la fuente de gran parte de los conflictos del siglo XX (Yergin, 1991).
El auge de las renovables implícito en la transición energética actual podría cambiar este statu quo.
Las energías renovables se utilizan y producen ampliamente. Actualmente, su disponibilidad no está limitada ni por las agendas de los proveedores de combustibles dominantes ni por la amenaza de interrupciones físicas de las rutas de tránsito estratégicas por las que suelen transportarse los recursos comercializados.
Existen, sin duda, limitaciones de suministro asociadas a algunos minerales necesarios para las tecnologías de energías renovables, pero estas apenas son comparables con los conflictos en torno al suministro de petróleo, y la mayoría de estas limitaciones, en cualquier caso, se gestionan con facilidad.
Las implicaciones geopolíticas de la demanda futura de petróleo, Paul Stevens, Chatham House






