Mucho antes de que el público en general y los responsables políticos prestaran atención al cambio climático, los científicos ya sugerían que la quema de carbón y otras actividades humanas estaban incrementando el efecto invernadero natural. Eso ocurría en el siglo XIX. Dos siglos después, apenas hemos avanzado.
Hoy, la mayoría comprende y acepta el cambio climático, pero solo unos pocos actúan en consecuencia. Las condiciones meteorológicas extremas de la última década han provocado pérdidas económicas de casi 200 000 millones de dólares al año. Con el tiempo, se espera que esta situación se intensifique. Justo este año, aquí en la India, vivimos un monzón terrible. ¿Quién ayudará a reducir el impacto del cambio climático?
Permítanme compartir un ejemplo personal. Conocí a un colega que estaba comprando una vivienda en Estados Unidos. Le dijeron que debía presupuestar 500 dólares al mes para gastos de electricidad, ya que esa era la cantidad que pagaba cada mes la mayoría de sus colegas que vivían en lugares similares. Resultó que sus facturas nunca superaron los 200 dólares mensuales. Es estimulante imaginar la posibilidad de reducir el consumo eléctrico en los hogares de Estados Unidos en un 60 % y el impacto que ello podría tener.
En el otro extremo del espectro, hay millones de personas en todo el mundo que no tienen acceso a la electricidad. El consumo energético de estas naciones solo aumentará a medida que el desarrollo llegue a la puerta de muchas de ellas.
Está claro que los consumidores de los países desarrollados deberán encontrar la manera de reducir su huella de carbono para garantizar que el aumento de la huella en las economías emergentes pueda absorberse en aras de una economía mundial sostenible. Pero los países en desarrollo también tienen una responsabilidad. La senda de desarrollo de estas naciones debe ser muy distinta de la seguida por los países desarrollados. El crecimiento del PIB por unidad de energía consumida debe ser desproporcionadamente mayor que antes, especialmente a medida que crecen las poblaciones.
Las contribuciones determinadas a nivel nacional previstas indican que, incluso en 2030, la huella de carbono de los residentes de los países en desarrollo será muy inferior a la de los países desarrollados, a pesar de las medidas que adoptan ambos. En lugar de utilizar esto como plataforma para la negociación, quizá sea oportuno verlo como una oportunidad para hacer más y dar a las generaciones futuras una mejor oportunidad de supervivencia.
Tenemos muchos retos por delante. ¿Cómo reducimos la huella de carbono de los países desarrollados? ¿Y cómo garantizamos que las naciones en vías de industrialización puedan crecer de forma eficiente en carbono? Algunos afirman que las tecnologías que podrían hacerlo posible aún no están ampliamente disponibles. Por el bien de nuestros hijos, esperemos que esto ocurra antes que después, y que suceda de manera igualitaria, para facilitar la supervivencia de la vida en la Tierra tal como la conocemos.
El autor es uno de los 79 firmantes de una carta abierta dirigida a los líderes mundiales por directores ejecutivos, en la que se insta a la acción climática.
Autor: Anand G. Mahindra, presidente y consejero delegado, Mahindra & Mahindra Group
Imagen: Un niño abraza un globo con forma de globo terráqueo durante una concentración celebrada antes del inicio de la Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático de París de 2015, conocida como cumbre COP21, en Roma, Italia, el 29 de noviembre de 2015. REUTERS/Alessandro Bianchi
