Es necesario abordar varias cuestiones clave para acelerar nuestros esfuerzos por alcanzar las cero emisiones netas.
Esto incluye soluciones energéticas innovadoras, reducir los costos de la tecnología y desarrollar nuevos mecanismos de financiación, por mencionar algunas.
La transición también creará oportunidades totalmente nuevas.
La misma advertencia se ha vuelto inquietantemente familiar: aunque se ha logrado un impulso significativo, la transición hacia cero emisiones netas no va por buen camino.
Ante la enorme complejidad de esta tarea, ¿en qué deberían centrarse los directores ejecutivos y los responsables de la formulación de políticas? Hemos identificado siete pasos esenciales — ámbitos en los que acelerar los avances durante la próxima década es fundamental — para alcanzar los objetivos climáticos mundiales.
Primero, desplegar soluciones de menor costo para reducir las emisiones. Actualmente, el mundo emite más de 55 gigatoneladas métricas de gases de efecto invernadero al año. Sin embargo, para 2030, las soluciones relativamente baratas — con un costo de menos de 20 dólares por tonelada métrica de gas abatida — podrían reducir potencialmente las emisiones hasta en 19 gigatoneladas métricas al año. Algunos ejemplos son mejorar la eficiencia energética, reducir las emisiones de metano durante la extracción de combustibles fósiles y detener la deforestación.
A pesar de ello, la inversión necesaria para muchas de estas soluciones es insuficiente. Entre los incentivos que podrían impulsarla se encuentran normas más estrictas de eficiencia energética y de los combustibles, reembolsos o incentivos fiscales para reducir el consumo de energía, e incentivos financieros para proteger los bosques.

Segundo, reducir los costos de las soluciones costosas. Muchas tecnologías necesarias para alcanzar las cero emisiones netas aún no están maduras ni son competitivas en costos. Diversos análisis sugieren que solo entre el 10 y el 20 % de las reducciones de emisiones necesarias para 2050 podrían proceder de tecnologías que ya están comercialmente maduras.
La buena noticia es que la mayoría de las tecnologías restantes ya existen de alguna forma. Hay que liberar el potencial del sector privado para mejorar su viabilidad, reducir sus costos y ampliarlas. En algunos casos, aumentar la financiación para la investigación y el desarrollo (I+D) puede ayudar. Los mecanismos para estimular el mercado serán importantes para las tecnologías que empiezan a madurar.
Tercero, crear mecanismos financieros eficaces para dirigir el capital allí donde se necesita. Alcanzar las cero emisiones netas para 2050 requeriría invertir billones de dólares en tecnologías de bajas emisiones. Muchas de esas tecnologías son nuevas, lo que dificulta a los inversores evaluar su viabilidad y sus riesgos. Además, muchas todavía no son competitivas en costos, lo que también frena el flujo de capital. A los países en desarrollo, en particular, puede resultarles especialmente difícil conseguir financiación.
Los fondos públicos y los préstamos ordinarios no serán suficientes. Podrían ser necesarias clases de activos totalmente nuevas, como fondos de capital riesgo industrial, fondos de infraestructura para el crecimiento y fondos «de marrón a verde». Ampliar la financiación combinada, que reúne capital público y privado, podría ayudar a aumentar los flujos de capital al reducir el riesgo que asumen los proveedores de capital privado. También podrían ser útiles los incentivos para reasignar los recursos de capital de las empresas de actividades con altas emisiones a otras de bajas emisiones.
Cuarto, anticipar y eliminar los cuellos de botella físicos. En esencia, la transición es una transformación física de gran escala. Requiere un suministro enorme de minerales, productos manufacturados, terrenos, nuevas infraestructuras (por ejemplo, redes de recarga para vehículos eléctricos, redes eléctricas y gasoductos de hidrógeno) y mucha mano de obra para construir y operar todos esos activos.
Los cuellos de botella podrían limitar el acceso a estos insumos, especialmente de aquí a 2030. Los largos plazos de entrega suelen ser un problema. Por ejemplo, abrir una nueva mina puede llevar de cinco a 15 años. La disponibilidad de las competencias necesarias y la concentración de minerales y capacidad manufacturera en un puñado de países también plantean dificultades.
Las partes interesadas pueden abordar los cuellos de botella liberando la oferta y reduciendo la demanda de estos insumos. Algunos ejemplos son reciclar materiales, capacitar a la fuerza laboral, desarrollar nuevas químicas para baterías que dependan menos de materiales muy escasos y agilizar los procesos de concesión de permisos para nuevas infraestructuras.

Quinto, reformar los mercados energéticos y los enfoques de planificación para un mundo electrificado. En un mundo con cero emisiones netas, los sistemas eléctricos podrían proporcionar aproximadamente tres veces más energía que hoy, y también es probable que aumente la proporción de electricidad generada a partir de energía eólica y solar.
Esto exigiría rediseñar los mercados eléctricos y los enfoques de planificación para crear capacidad flexible. Estos activos deben poder suministrar electricidad cuando no haya viento ni sol, e incluirían baterías y centrales nucleares. También se necesitarán incentivos para construir infraestructuras de transmisión y distribución. Otra cuestión es tener más en cuenta las condiciones meteorológicas, tanto por el aumento de la generación eólica y solar (que depende en gran medida de ellas) como por el cambio climático.
Sexto, gestionar en paralelo los sistemas energéticos actuales y emergentes. A medida que avance la transición hacia cero emisiones netas, el mundo tendrá que operar dos sistemas energéticos en paralelo: reducir gradualmente y sin sobresaltos el antiguo sistema basado en combustibles fósiles, mientras amplía el nuevo.
Será fundamental ampliar el nuevo sistema energético lo más rápido posible. Pero incluso según escenarios de demanda en los que el calentamiento global se limite a 1,5 °C, los combustibles fósiles seguirán desempeñando un papel en la matriz energética durante los próximos años. Por lo tanto, un paso importante es reducir al máximo las emisiones de alcance 1 y 2 de las operaciones con combustibles fósiles.
Además, cualquier inversión futura en el sistema de combustibles fósiles debe realizarse con cuidado. Debemos garantizar un suministro energético sólido y evitar la volatilidad de los precios, al tiempo que sostenemos la transición hacia cero emisiones netas.
Séptimo, competir por las oportunidades que crea la transición hacia cero emisiones netas, tomando como guía la ventaja comparativa. A medida que disminuya la demanda de productos con altas emisiones, podrían verse afectados el empleo y la producción en algunos sectores de la economía. Esto requerirá recapacitación y apoyo para los trabajadores y las comunidades afectadas.
Es importante señalar que la transición también creará oportunidades totalmente nuevas. A medida que los países y las empresas comiencen a explorar estos ámbitos, deberían guiarse por su potencial para obtener ventajas comparativas. Algunos países podrían beneficiarse de sus recursos naturales, como el acceso a la luz solar o a minerales críticos. Otros países y empresas pueden contar con los conocimientos técnicos necesarios para fabricar los bienes que requiere la transición.


