La electrificación acelerada exige duplicar la capacidad de las redes mundiales en dos décadas.
La lentitud de las inversiones, los retrasos en la planificación y las colas de conexión amenazan el progreso.
La planificación a más largo plazo, las inversiones anticipatorias, la agilización de los permisos y una ejecución programática son esenciales para liberar el potencial de una energía segura, asequible y sostenible.
Los sistemas energéticos del mundo se encuentran en una encrucijada. En 2024 se registró el mayor aumento anual de la historia de la capacidad de energía renovable a escala mundial.
La electrificación impulsada por energías renovables se reconoce hoy ampliamente como la palanca más decisiva para acelerar la transición energética. Contribuye a los objetivos climáticos, mejora la competitividad y refuerza la seguridad energética.
Al mismo tiempo, tras décadas de consumo relativamente estable, la demanda de electricidad está aumentando con fuerza en los mercados de todo el mundo, con un incremento del 4 % en 2024. La infraestructura que normalmente tardaría una década en planificarse, obtener permisos, financiarse y construirse ahora debe hacerse en mucho menos tiempo para seguir el ritmo del crecimiento de la carga y del despliegue de las energías renovables. Lo que tardamos 100 años en construir ahora debe duplicarse en apenas 15-20 años, lo que convierte esta iniciativa en la mayor empresa de infraestructura mundial de la vida de la mayoría de nosotros.
El coste de actuar con lentitud y de décadas de inversión insuficiente en las redes ya se hace sentir: los retrasos en las ampliaciones o mejoras de las redes han creado cuellos de botella que ralentizan el despliegue de las energías renovables y limitan el ritmo al que podemos electrificar sectores clave como el transporte, la calefacción y la refrigeración, y la industria.
El aumento de las colas de conexión y de los costes de congestión son dos indicadores claros de este desafío creciente. Por ejemplo, un mapa de capacidad de las redes de distribución de España publicado recientemente revela que más del 83 % de los puntos de acceso tienen capacidad disponible nula para nueva demanda.
Debemos replantearnos cómo reforzamos la red eléctrica y entenderlo como una necesidad urgente y una oportunidad, en lugar de un coste.
Empezar por la inversión
Según la AIE, la inversión anual media mundial en redes eléctricas fue de alrededor de 300.000 millones de dólares entre 2016 y 2023, y aumentó a unos 400.000 millones de dólares en 2024; aun así, no alcanza los 650.000 millones de dólares de gasto anual previstos para 2035 según las proyecciones actuales. Pero hay señales de progreso. En la COP30, las empresas de servicios públicos anunciaron planes de inversión mejorados, según los cuales invertirán 1,24 dólares en redes y almacenamiento por cada dólar invertido en generación renovable, movilizando alrededor de 1 billón de dólares en gasto total para la transición energética hasta 2030.
También hay brechas en la financiación crediticia que obstaculizan la expansión de las redes, especialmente en los países en desarrollo. La Iniciativa Redes Verdes (Green Grids Initiative) constató que poco más de la mitad del desarrollo actual de redes no puede optar a financiación climática o relacionada con el desarrollo, lo que limita el acceso a fuentes de capital fundamentales. Un nuevo conjunto de principios que amplía el enfoque con el que los bancos multilaterales de desarrollo y las instituciones de financiación climática consideran las redes recibió un amplio apoyo en la COP30 de Belém y debería contribuir a ampliar la base de financiación. Este es solo un ejemplo de la necesidad de nuevas ideas.
Dar prioridad a la planificación
Tradicionalmente, las decisiones regulatorias sobre el desarrollo de las redes exigían solicitudes firmes de conexión, lo que hacía que las redes fueran a la zaga de las necesidades del sistema. Necesitamos construir infraestructura de red anticipándonos a la demanda que sabemos que llegará.
La planificación a largo plazo, con un horizonte de 20–25 años y alineada con las proyecciones de demanda intersectoriales y los objetivos energéticos, ofrece visibilidad y coherencia a inversores y proveedores. Esto reduce la incertidumbre y los costes de financiación. Las inversiones anticipatorias garantizan que los nuevos clientes puedan conectarse rápidamente y que la capacidad existente se amplíe a medida que se acelera la electrificación. La planificación estratégica también debería mejorar la coordinación de las nuevas fuentes de gran demanda (industria, centros de datos, desarrollos urbanos, etc.) para garantizar que la red tenga el tamaño óptimo y ofrezca una conectividad oportuna y rentable.
Es esencial acelerar los procesos
La simplificación y digitalización de los procesos de autorización y aprobación puede acortar considerablemente los plazos y permitir que proyectos como las ampliaciones de redes o la nueva generación renovable entren en funcionamiento antes. Si esto se combina con una mejor gestión de las colas de conexión a la red, que dé prioridad a los proyectos de gran valor, importancia estratégica y listos para conectarse, se acelera la ejecución, se reduce la dependencia de la generación costosa y bajan los precios mayoristas de la electricidad. Además, se habilita nueva demanda que mejora la eficiencia del sistema energético y reduce las emisiones.
Adoptar un enfoque programático
Un enfoque basado en programas también ayudaría a optimizar los costes de desarrollo de las redes. Adoptar enfoques programáticos para el desarrollo de redes, como acuerdos marco, compras al por mayor, reservas de capacidad y especificaciones armonizadas, puede reducir significativamente los costes y acelerar la ejecución frente al modelo tradicional proyecto por proyecto. La digitalización, la electrónica de potencia y las tecnologías avanzadas pueden mejorar aún más la eficiencia al aumentar la visibilidad, la automatización y la flexibilidad, y permitir que los operadores optimicen los gastos de capital y obtengan más valor de los activos existentes.
El valor de las redes
Para construir la infraestructura de red que necesitamos, primero debemos cambiar nuestra mentalidad y reconsiderar el valor de nuestras redes. Debemos dejar de ver las redes eléctricas como costes inevitables del sistema y reconocerlas como activos estratégicos que permiten crear valor a largo plazo y con bajas emisiones de carbono, y que suministran electricidad limpia, segura y asequible a todas las personas, en todas partes y en todo momento.
También debemos tener en cuenta el coste de no invertir en las redes y recordar que cuanto más tardemos, más costoso será. Este cambio de perspectiva permite realizar inversiones más inteligentes, planificar de forma más proactiva, agilizar los procesos y adoptar enfoques más programáticos para desarrollar las redes. Estas medidas expresan en la práctica una nueva narrativa que considera la red una oportunidad para el crecimiento, la competitividad y la descarbonización.
Este cambio de mentalidad puede tener un impacto significativo. Una inversión en redes inteligente y bien secuenciada minimiza los costes incrementales del sistema, permite una electrificación amplia y amplía la base de consumidores, lo que reduce los costes por usuario y por kilovatio hora, a la vez que disminuye las emisiones. Se convierte en un pilar del crecimiento sostenible, libera valor en todo el ecosistema energético y garantiza que los beneficios de la electrificación se compartan de forma amplia y equitativa.
Las decisiones que tomemos hoy determinarán si nuestros sistemas energéticos aprovechan este potencial. Ha llegado el momento de actuar en materia de redes: ¡no podemos esperar más!
TAQA, Iberdrola y Hitachi forman parte de la Alianza de Empresas de Servicios Públicos para Cero Emisiones Netas (Utilities for Net Zero Alliance), creada en la COP28 y respaldada por IRENA y los Campeones de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.


