Justo antes del inicio de la ronda de conversaciones internacionales sobre el clima de este año en la COP23, en Alemania, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente publicó la edición de 2017 del Informe sobre la Brecha de Emisiones. El informe transmite un mensaje contundente: existe una «brecha climática catastrófica» entre lo que alcanzaremos con los compromisos actuales del Acuerdo de París y lo que, según la ciencia, debemos lograr para limitar el calentamiento global a menos de 2 °C.
Pero cada desafío trae consigo una oportunidad, y análisis económicos como el Informe Stern muestran que los beneficios de evitar las consecuencias del cambio climático superan con creces los costes de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Por lo tanto, a todos nos interesa cerrar la brecha de emisiones y limitar el calentamiento global a menos de 2 °C.
¿Qué puede hacer el sector privado para frenar el cambio climático?
El cambio climático es un problema verdaderamente mundial; la atmósfera no distingue dónde se emiten los GEI ni dónde se reducen. Esto significa que podemos concentrar las actividades de reducción de emisiones en opciones de bajo coste y utilizar con gran eficiencia los recursos financieros que decidamos dedicar a este desafío. Estos son los principios científicos y económicos que sustentan la compensación de emisiones de carbono y el mercado voluntario de carbono.
Sin embargo, los beneficios que ofrece a las empresas el uso del mercado de carbono van mucho más allá de reducir las emisiones con eficiencia de costes. La financiación de carbono mediante la compensación impulsa un desarrollo sostenible con bajas emisiones de carbono en las áreas operativas, los mercados en crecimiento y las cadenas de suministro.
Ofrece un mecanismo para dirigir financiación a actividades de reducción de emisiones, como las energías renovables, la reforestación o la eficiencia energética. Estas reducciones se validan y verifican de forma independiente conforme a metodologías acordadas, antes de que las organizaciones de normalización las certifiquen. En ese momento se emiten créditos de carbono, que pueden comprar las empresas y organizaciones que quieran actuar de forma voluntaria. Para utilizar estos créditos de carbono a fin de compensar emisiones, se cancelan de manera permanente en registros gestionados de forma independiente, que ofrecen una plataforma para seguir el flujo de créditos y dar transparencia al mercado.
Por consiguiente, el mercado constituye una herramienta para fijar un precio al carbono que refleje el coste de la reducción de emisiones. Esto ofrece dos ventajas a las organizaciones que quieren actuar de forma voluntaria:
Al ser rentable, permite a las empresas elevar al máximo su ambición y cerrar la brecha entre sus reducciones internas y objetivos más exigentes, como la neutralidad de carbono.
Asigna un precio al carbono que puede utilizarse para impulsar la transformación tanto dentro de las empresas como en sus cadenas de suministro. Para las empresas que operan fuera de los sistemas de cumplimiento, el mercado voluntario de carbono es el único mecanismo que ofrece un precio vinculado al coste de la reducción de emisiones.
Pero el sector privado no es solo una herramienta para ayudar a mitigar las causas del cambio climático. Muchos proyectos de reducción de emisiones generan beneficios ajenos al carbono, como mejoras en la salud, medios de vida alternativos, gestión responsable del agua y conservación de la biodiversidad. Un estudio del Imperial College, encargado por ICROA, estimó que por cada 1 tonelada de CO2 reducida mediante un proyecto de compensación se generaban también beneficios adicionales por un total de 664 dólares estadounidenses. Mediante el sencillo proceso de comprar créditos de carbono, las organizaciones dirigen financiación a economías y ecosistemas que afrontan graves dificultades. Esto significa que la financiación del sector privado no solo ayuda a mitigar el cambio climático, sino también a que las comunidades se adapten a sus efectos y logren resultados de desarrollo sostenible.

¿Por qué debería actuar el sector privado contra el cambio climático?
En muchos casos, actuar encaja de forma natural con la gestión de riesgos empresariales. En 2017, casi 500 empresas informaron al CDP de que la regulación de los precios del carbono las afectaba o podía afectarlas. Medir, reducir y compensar las emisiones es simplemente una buena práctica empresarial. Esto no solo indica el origen y la magnitud del riesgo regulatorio futuro, sino que también ayuda a las empresas a prepararse para esa regulación mediante la aplicación de un precio al carbono, que puede reducir las emisiones antes de que se impongan costes regulatorios.
El liderazgo climático también representa una oportunidad para muchas organizaciones, y fue el motivo más popular para comprar créditos de carbono en la encuesta de compradores de 2016 de Ecosystem Marketplace. Las empresas buscan diferenciarse de sus competidores y fortalecer su marca asumiendo un papel de liderazgo en materia climática. La compensación desempeña un papel fundamental para alcanzar ese estatus de liderazgo climático, junto con la reducción directa de emisiones. La encuesta señaló que las empresas que incluían la compensación en su estrategia de gestión del carbono solían gastar unas 10 veces más en actividades de reducción de emisiones que las empresas típicas que no compensaban.
Más allá de estos motivos comerciales directos para que las empresas actúen de forma voluntaria, también intervienen muchas motivaciones sociales más amplias. El cambio climático es un desafío mundial que se extiende a lo largo de varias décadas y requiere soluciones y aportaciones de todas las partes interesadas. Trasciende el carácter cortoplacista de la política, que inevitablemente experimentará cambios en sus prioridades, personal y conocimientos. Por ello, los gobiernos no pueden resolver el cambio climático por sí solos. Para afrontarlo, se necesitan inversiones importantes y a largo plazo del sector privado. Las empresas que adoptan una perspectiva a más largo plazo lo reconocen y quieren contribuir a la solución para ayudar a garantizar la viabilidad de sus negocios.
¿Hasta dónde podemos llegar?
El papel de la acción voluntaria en el marco del Acuerdo de París es el principal ámbito de trabajo de ICROA. Creemos que el sector privado puede y debe contribuir de forma sustancial a cerrar la brecha de emisiones. Trabajamos para garantizar que existan los mecanismos necesarios para lograr los resultados requeridos.
Pero, si se quiere ampliar la acción voluntaria hasta los niveles necesarios, las recompensas para quienes actúan deben ser explícitas y significativas. Por eso, nos alienta el creciente impulso a la acción voluntaria a través de iniciativas como:
• Grupo de Trabajo sobre Divulgación de Información Financiera relacionada con el Clima (TCFD)
• Iniciativa de Objetivos Basados en la Ciencia
Estas iniciativas ayudan a las empresas a comprender sus efectos sobre el clima y las alientan a actuar. Una vez tomada esa decisión, el mercado voluntario de carbono ofrece herramientas para lograr rápidamente la mitigación y adaptación al cambio climático de la forma más rentable.
ICROA considera que, si logramos combinar recompensas explícitas y significativas por la acción voluntaria con mecanismos sólidos que produzcan resultados climáticos verificables, el sector privado contribuirá de forma sustancial a combatir el cambio climático y cerrar la brecha de emisiones. Si eso ocurre, nos acercaremos al objetivo final del Acuerdo de París: la neutralidad mundial de carbono en la segunda mitad de este siglo.


