Es nuestro deber, como Estados, ciudadanos y líderes de la industria, hacer realidad la transición energética con el objetivo último de conciliar dos grandes prioridades: satisfacer una demanda cada vez mayor y afrontar la compleja cuestión del cambio climático.
Estos desafíos, como todos sabemos, determinan el futuro del planeta en su conjunto. Superarlos implicará cambiar la forma en que pensamos y actuamos, tanto como cambiar los sistemas que producen energía y la hacen llegar a los usuarios finales. Ante este deber crucial, la industria petrolera asume su responsabilidad.
Por definición, esta transición será larga y lenta, aunque solo sea porque hoy las energías fósiles representan el 80% del mix energético mundial. Dicho de otro modo, incluso si decidiéramos hacerlo, sería físicamente imposible «descarbonizar» nuestras sociedades de la noche a la mañana. Mientras tanto, se necesitan más que nunca considerables esfuerzos en los ámbitos de la inversión, la investigación y el desarrollo, las tecnologías y la innovación.
Estos esfuerzos plantean explícitamente la cuestión de la financiación y requieren una visión a largo plazo. En Total, nuestra idea de cómo debe evolucionar el mix energético se basa en cuatro conceptos determinantes: acceso a la energía, madurez técnica, competitividad y, por supuesto, aceptabilidad social. Las energías fósiles y la nuclear, fruto de varias décadas de inversiones y decisiones políticas, cumplen los tres primeros criterios.
Para establecer los órdenes de magnitud en juego, Total estima que el petróleo y el gas seguirán representando la mitad del mix energético mundial en 2035. Después, calculamos que el gas y las energías sostenibles sustituirán a la energía de origen carbónico. Creemos que el gas –abundante, con bajas emisiones de CO2 y muy flexible, particularmente en su forma líquida (GLP)– será la segunda energía más consumida en el mundo. Cabe añadir que el gas también es muy adecuado para respaldar el desarrollo de las energías renovables, ya que puede utilizarse para cubrir las brechas de suministro de las renovables.
Según nuestras propias estimaciones, se prevé que la demanda energética mundial aumente un 30% entre 2010 y 2035. Para responder a las necesidades cambiantes, especialmente en los países emergentes, el petróleo y el gas seguirán siendo las principales materias primas energéticas a nivel mundial. Sin embargo, como será más difícil producirlos, se requerirá más innovación para superar las limitaciones tecnológicas y medioambientales. Estas legítimas exigencias implican inversiones masivas; de lo contrario, una escasez conduciría inevitablemente a un disparo de los precios, algo que nadie quiere.
Satisfacer la demanda en los próximos 20 años supone un mix energético más diversificado, que combine hidrocarburos convencionales y no convencionales con energías renovables, y en el que las renovables representen una cuota cada vez mayor. Como quinta mayor petrolera del mundo, Total ha optado por las tecnologías de biomasa y solar, un ámbito en el que lleva activo unos 30 años. Adquirida en 2011, nuestra filial SunPower nos sitúa ahora entre los principales actores mundiales del sector. SunPower es la mejor muestra de nuestra determinación de abrazar y diversificarnos en el campo de las energías renovables.
Consumir mejor, consumir menos. Nuestros esfuerzos en materia de eficiencia energética tampoco se quedan atrás. Para nosotros, el objetivo es empezar a trabajar hacia un modelo energético de complementariedad. Desde todas sus plataformas industriales hasta sus productos de consumo, esta política es el axioma de Total. Para ilustrarlo, en 2000 decidimos reducir la quema de gas en los campos petrolíferos que operamos. Esta decisión dará lugar a una reducción del 50% en el volumen de quema de gas asociada en 2014 con respecto a 2005. En el otro extremo del proceso, ofrecemos a nuestros clientes nuevos productos –tanto lubricantes como combustibles– y desarrollamos materiales nuevos, más ligeros e inteligentes, basados en nuestro saber hacer petroquímico.
El mix energético actual es fruto de los hábitos de consumo de ayer, de inversiones considerables y de diversas decisiones políticas. El potencial de las energías renovables, hoy un hecho bien establecido, es innegable si se les concede el tiempo necesario para alcanzar la madurez técnica y económica que las liberará de las políticas de subvenciones.
La intervención estatal debe, por tanto, tener en cuenta las restricciones dobles del equilibrio económico y de los modelos sociales. La transición energética exige una visión clara de los pasos que deben darse y un marco regulatorio estable y coherente. Nos parece importante sensibilizar a la opinión pública sobre el hecho de que esta transición conllevará necesariamente un coste y, al menos a corto plazo, supondrá un aumento de precios.
En su hoja de ruta energética 2050, la Comisión Europea estima que se espera que el precio de la electricidad aumente en Europa hasta 2030 y que disminuya a partir de entonces. Los líderes políticos y de la industria deberían actuar ahora con transparencia y concienciar sobre los inminentes aumentos de precios y sobre la necesidad de que los operadores sigan siendo competitivos.
Hoy, ¿estamos preparados para pagar el precio de proteger el medio ambiente y asegurar la energía que necesitamos tanto mañana como en los próximos 50 a 100 años? Se requerirán valentía y claridad para tomar las decisiones que la transición energética exige ahora a nuestra sociedad.
Autor: Christophe de Margerie es presidente y director ejecutivo de Total. Es uno de los copresidentes de la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos-Klosters.
Imagen: Soja antes de ser cosechada en las afueras de Buenos Aires. REUTERS/Nicolas Misculin
