Los fatbergs —masas solidificadas de grasa de cocina y otros residuos desagradables, como toallitas para bebés arrojadas por los desagües— son el sombrío subproducto de nuestro estilo de vida derrochador y rico en grasas.
Muchos tienen el tamaño de autobuses y acechan bajo nuestros pies, en alcantarillas de todas partes. Son la pesadilla de las plantas de tratamiento y su limpieza cuesta a las empresas millones de dólares.
Sin embargo, Argent Energy, un productor británico de biodiésel, ha encontrado un uso innovador para los fatbergs: quiere convertirlos en combustible ecológico.
¿Cómo funciona?
Los camiones cisterna recogerían los fatbergs de las plantas de tratamiento y las alcantarillas y los llevarían a una planta especializada. Se calentarían para derretir las grasas y los sólidos, y se eliminaría el agua mediante un sistema de filtrado de alta tecnología. Después, la empresa extraería un aceite bastante limpio, al que se añadirían diversos productos químicos para producir biodiésel.
Se recuperaría como aceite para biodiésel entre el 25 y el 40 % de la masa recogida, y este sería aproximadamente un 80 % más limpio que el diésel convencional.
Thames Water, una empresa británica de servicios públicos, ha afirmado anteriormente que extraer el aceite de los fatbergs de Londres podría producir más de 130 gigavatios hora de energía al año, suficiente para abastecer unos 40.000 hogares.
Los fatbergs suelen enviarse a vertederos o descomponerse y volver a pasar por el sistema.
Al principio, Argent probó el plan en una planta de tratamiento de Birmingham, donde retiraba unas 30 toneladas de fatbergs a la semana. La única planta de la empresa tiene capacidad para producir 90 millones de litros de biodiésel al año, más que todo el biodiésel sostenible utilizado en el Reino Unido en 2016. Y, con 8999 instalaciones de tratamiento en el Reino Unido, el potencial podría ser enorme.


