Como hogar de algunos de los principales proveedores de energía del mundo, el mundo árabe suele asociarse con la riqueza energética. Arabia Saudí, Irak, los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait figuran entre los diez principales productores mundiales de petróleo. Por su parte, Catar, Arabia Saudí, Argelia, los Emiratos Árabes Unidos y Egipto se encuentran entre los veinte principales productores mundiales de gas natural.
Acceso universal a la energía
Sobre el papel, el mundo árabe ha alcanzado en gran medida el acceso universal a la energía. Los gráficos del acceso a la electricidad en la región muestran una tendencia ascendente constante que ahora se estanca. En 2016, se registró que el 88,8 % de la población de la región tenía acceso a la electricidad; esta cifra asciende al 96,7 % en la población urbana y desciende al 78,7 % en la rural.
Cuando analizamos país por país, comprobamos que son algunos casos atípicos con un acceso a la energía muy bajo —Yibuti, Somalia, Sudán y Mauritania— los que destacan frente a las tasas de acceso a la energía de entre el 99 % y el 100 % registradas en casi todas las demás poblaciones árabes, tanto urbanas como rurales.

Carencias energéticas cotidianas
Pero incluso en estas zonas que han registrado un acceso a la energía casi universal, vemos imágenes de poblaciones —tanto urbanas como rurales, pero a menudo pobres— que luchan por obtener energía. En los distritos no planificados de El Cairo, por ejemplo, comprobamos que una combinación de limitaciones de infraestructura y financieras lleva a algunas familias a recurrir a prácticas alternativas, a menudo peligrosas y perjudiciales para la salud, para obtener energía. Las familias, con frecuencia las madres, pueden calentar agua con una lámpara de queroseno, una bombona de gas o incluso un fuego improvisado para tareas básicas de limpieza y aseo.
En Beirut, el zumbido de los generadores se apodera del ambiente durante hasta 13 horas al día, ya que los apagones programados son habituales. En Gaza, la electricidad está disponible durante una media de cuatro horas al día. En los campamentos de refugiados sirios, los accidentes provocados por incendios o lámparas de queroseno, utilizadas para iluminar y calentar, copan los titulares.
Así, mientras que se registra que prácticamente todas las poblaciones de estas ciudades, países o territorios tienen acceso a la electricidad, la realidad cotidiana de estas comunidades cuenta una historia distinta.
Varios desafíos limitan el acceso a la energía en el mundo árabe y colocan a determinadas poblaciones en riesgo de pobreza energética. Al identificar estos desafíos, podemos avanzar hacia una comprensión más matizada del acceso a la energía en la región y hallar soluciones. Entre los principales desafíos vinculados al acceso a la energía se encuentran los siguientes:
1. Definiciones y mediciones engañosas del acceso a la energía
El acceso a la energía no se presta a una medición directa. Las mediciones globales vinculadas al acceso a la energía suelen adoptar la forma de «acceso a la electricidad» y tratan ambos términos como sinónimos.
Instituciones mundiales como el Banco Mundial y la Agencia Internacional de la Energía utilizan esta medida como parte de la base de datos Energía Sostenible para Todos. También es uno de los indicadores que las Naciones Unidas utilizan para medir el progreso en el Objetivo de Desarrollo Sostenible n.º 7, “energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos”.
Sin embargo, el acceso a la energía no tiene una definición clara ni uniforme. Las instituciones mundiales suelen depender de los gobiernos nacionales para obtener las cifras. Estos gobiernos utilizan definiciones diversas como base de medición.
Entre los ejemplos de definiciones a nivel nacional se incluyen la existencia de una conexión a la red en las inmediaciones geográficas de un hogar o la existencia de una bombilla dentro del hogar.
Sin definiciones y mediciones más matizadas del acceso a la energía, resulta difícil comprender el problema en su totalidad. Las comunidades que luchan por satisfacer sus necesidades energéticas diarias pueden figurar como energéticamente seguras sobre la base de definiciones y estadísticas engañosas.
2. Vulnerabilidad ante la pobreza energética
Determinados tipos de comunidades de la región son especialmente vulnerables a la pobreza energética. Entre ellas se incluyen los distritos no planificados con infraestructuras deficientes, los campamentos de refugiados y las comunidades remotas, ya sean rurales o desérticas. Las zonas y poblaciones afectadas por la guerra también corren un alto riesgo, en algunos casos incluso mucho después de que cese el conflicto, debido a combinaciones de desafíos de infraestructura y de gobernanza.
Vemos este tipo de comunidades en todo el mundo árabe. Muchas ciudades árabes —desde El Cairo hasta Yeda— luchan por abordar los asentamientos no planificados. Una crisis de refugiados ha dejado a Jordania, Líbano y Turquía sumidos en dificultades y luchando por satisfacer las necesidades básicas. Muchas comunidades rurales y desérticas siguen fuera del alcance de los servicios públicos. Y los efectos de la guerra suponen un desafío persistente o prolongado, desde Libia hasta Líbano e Irak.
3. Pobreza y sensibilidad a los precios de la energía
En los últimos años, varios países de la región —entre ellos Egipto, Arabia Saudí, Jordania y Túnez— han ido reduciendo las subvenciones energéticas. Aunque los recortes de las subvenciones son bien valorados por aliviar la carga fiscal y fomentar prácticas energéticamente eficientes, sobre todo entre los grandes consumidores, tienen un impacto desproporcionadamente adverso en el acceso a la energía de las personas pobres.
Los recortes de subvenciones no focalizados suelen implicar que los grupos socioeconómicos más bajos destinen una proporción mayor de sus ingresos a satisfacer las necesidades energéticas básicas. La fijación de precios de la energía deberá tener más en cuenta la desigualdad para garantizar que las necesidades básicas estén cubiertas para todos.
Avanzar hacia una equidad energética sostenible en el mundo árabe empieza por identificar y comprender con mayor claridad el desafío en todas sus dimensiones. Una definición uniforme del acceso a la energía y mediciones más sólidas, adaptadas a las realidades cotidianas, son puntos de partida importantes. Conocer las comunidades vulnerables puede permitir soluciones específicas. Tener en cuenta el impacto de los precios en el acceso a la energía de los más vulnerables puede lograr los mismos resultados previstos de menor consumo energético general, garantizando al mismo tiempo el acceso básico a la energía.

