La energía está en el centro de la prosperidad económica moderna.
Sin ella, nuestros sueños de un mundo más limpio, más ecológico y más eficiente, que incluye los coches autónomos, el internet de las cosas y los centros de datos e inteligencia artificial necesarios para hacerlos funcionar, se detendrían en seco por falta de tecnología.
El suministro seguro y fiable de combustibles y electricidad siempre ha sido esencial para la industria, los servicios públicos y nuestras necesidades domésticas, pero el sistema energético mundial se encuentra en un estado de cambio constante.
Las preocupaciones medioambientales y la forma en que alimentaremos las tecnologías de la cuarta revolución industrial son temas recurrentes en los debates sobre cómo evolucionará el sistema energético.
Ningún gobierno, sector industrial, empresa u otra institución puede afrontar por sí solo los desafíos que enfrenta el sector energético.
Sin embargo, para avanzar en la transición energética, el mundo necesita un enfoque colaborativo y sistemático orientado a resolver problemas y aprovechar oportunidades.
Así lo indica el informe del Foro Económico Mundial sobre Fomento de una Transición Energética Eficaz, publicado con el apoyo analítico de McKinsey & Company, que incluye el recién desarrollado Índice de Transición Energética (ETI, por sus siglas en inglés), que evalúa los sistemas energéticos de 114 países.
El ETI ofrece parámetros de referencia sobre el rendimiento del sistema energético de un país, basados en la seguridad y el acceso energéticos, la sostenibilidad ambiental, y el desarrollo y crecimiento económicos, conocidos como el «triángulo energético».
También se evalúa a los países en función de su preparación para la transición, que mide la preparación futura de los sistemas energéticos de un país. De los países evaluados, 93 han experimentado una mejora de su rendimiento, según muestra el ETI, y 45 naciones han mejorado sus sistemas energéticos en todas las métricas del triángulo energético.
Liderar la transición energética
Según el informe, hay 43 países que presumen de sistemas energéticos de buen rendimiento y de una alta preparación para la transición, lo que indica su capacidad para afrontar la transición energética en función de su rendimiento actual.
La mayoría de los países considerados mejor preparados para la transición energética son europeos, como Dinamarca, Suecia y Noruega, que obtienen puntuaciones altas en la mayoría de las métricas.
Denominados «países líderes» en el informe, estos países punteros suelen estar más avanzados en términos de sostenibilidad ambiental, con mejoras comparativamente importantes en la categoría de emisiones de carbono. En Noruega, por ejemplo, las emisiones de carbono son relativamente bajas gracias a que casi toda la electricidad se genera a partir de energía hidroeléctrica.
El buen rendimiento también se ha visto impulsado por la reducción de los costes energéticos para la industria y el aumento de la calidad del suministro eléctrico, según muestra el informe.
Además, estos países también han superado en gran medida los desafíos que plantea el funcionamiento de una gran proporción de infraestructuras energéticas heredadas. «Podrían servir de ejemplo a otros países en lo que respecta a los marcos normativos y regulatorios, las infraestructuras y los entornos empresariales necesarios para incentivar el cambio de comportamiento de los consumidores y las empresas con el fin de gestionar el impacto ambiental», sostiene el informe.
Países con posibles desafíos
En el extremo opuesto de la escala, el informe destaca 14 países que se enfrentan a posibles desafíos, principalmente en torno a la sostenibilidad ambiental.
De hecho, el número de países con puntuaciones de rendimiento decrecientes en esta categoría es un 50 % superior al de los países líderes. Según el informe, esto indica el impacto beneficioso de una mayor preparación para la transición.
Varios países, entre ellos Venezuela e Irán, se definen como «emergentes», lo que indica oportunidades de mejora en múltiples categorías de preparación para la transición.
El informe sostiene que una reducción de los subsidios a los combustibles fósiles, así como una mejora del acceso a la energía y de la calidad del suministro, podría permitir a los países empezar a mejorar sus puntuaciones de rendimiento en materia de seguridad y acceso y, en cierta medida, en desarrollo y crecimiento económicos.
También describe siete pasos que los países deberían considerar para una transición energética eficaz, entre ellos la identificación de los llamados «campeones del sector energético», la definición de hitos y planes de acción, y el seguimiento y perfeccionamiento de los sistemas energéticos con el tiempo.





