¿Cómo se logra una transición energética equitativa que incluya a las economías en desarrollo?

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  • Las naciones desarrolladas deben apoyar la transición hacia la energía limpia en las economías emergentes. De ello depende la lucha contra el cambio climático para el planeta.

  • Para el mundo en desarrollo, la acción climática representa solo uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, junto con la pobreza, el hambre, la salud, la educación, el agua potable y el acceso a la energía.

  • Los esfuerzos por lograr un cambio real seguirán quedándose cortos mientras no se alineen mejor los intereses de las naciones desarrolladas frente a los de los países en desarrollo que buscan industrializar sus propias economías, en aras de una transición energética justa.

Cuando los líderes mundiales se reúnan en la cumbre climática COP26 de Glasgow el próximo mes, las expectativas serán altas en cuanto a una hoja de ruta definitiva para reducir las emisiones mundiales de carbono.

Esto sucede tras un verano marcado por incendios forestales devastadores, inundaciones y nuevas advertencias del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU de que las emisiones de gases de efecto invernadero deben reducirse de forma drástica e inmediata. Sin embargo, el éxito dependerá en gran medida de cerrar la brecha entre las trayectorias divergentes de los países desarrollados y las economías emergentes industrializadas del mundo en desarrollo.

Fomentar una transición energética justa

En Occidente, donde tel cambio posindustrial hacia sectores menos intensivos en energía ya ha reducido notablemente las emisiones de carbono, el cambio climático es un asunto prioritario, con demandas crecientes de actuación. Esto ha llevado a los fabricantes de automóviles a comprometerse con un futuro de coches eléctricos, ha impulsado la instalación subvencionada de paneles solares en los horizontes urbanos y ha llevado a los inversores a reducir las inversiones en combustibles fósiles.

En el mundo en desarrollo, en cambio, la acción climática representa solo uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible junto con la pobreza, el hambre, la salud, la educación, el agua potable y el acceso a la energía.

Con poblaciones y procesos de urbanización que crecen rápidamente, los países en desarrollo necesitan fuentes de energía asequibles y fiables para sostener su desarrollo, pero ahora representan dos tercios de las emisiones mundiales y casi todo el crecimiento futuro de las emisiones.

Desde su perspectiva, las peticiones occidentales de renunciar al crecimiento intensivo en energía suenan huecas, sobre todo porque Estados Unidos y Europa son responsables de la mayor parte del dióxido de carbono acumulado en la atmósfera actualmente, mientras que 800 millones de personas en Asia y África siguen sin electricidad, y casi 3000 millones carecen de combustible limpio para cocinar.

Los desafíos

El desafío de una transición energética justa consiste en cómo resolver el problema de los bienes comunes globales que plantea el cambio climático en un mundo de Estados nacionales movidos por su propio interés, reconociendo al mismo tiempo la desigualdad de las emisiones y de los ingresos. Y la acción de mayor prioridad en este momento es cómo permitir que Asia deje de quemar carbón para generar electricidad.

Solo China construyó una nueva central de carbón casi cada semana el año pasado, pese a la pandemia, al poner en funcionamiento 38,4 GW de nuevas centrales de carbón en 2020, más de tres veces la cantidad puesta en funcionamiento en el resto del mundo en conjunto.

Pese a sus mayores inversiones en energías renovables y a su compromiso de alcanzar la neutralidad de carbono en 2060, China sigue financiando el 70 % de las centrales de carbón del mundo en 152 países, por lo que el reciente compromiso del G7 de dejar de financiar centrales de carbón podría tener un impacto limitado. India, Indonesia y Vietnam también siguen ampliando su capacidad de generación eléctrica a partir de carbón y, junto con China, representan el 80 % de las nuevas centrales previstas.

No se trata de echar la culpa: estas potencias económicas asiáticas necesitan energía asequible y fiable y seguirán dependiendo del carbón mientras no exista una alternativa viable.

El gas natural puede ser una alternativa más limpia al carbón, además de un complemento y un facilitador de las energías renovables intermitentes, como la solar y la eólica, que todavía no pueden almacenarse. También es el camino hacia una futura economía del hidrógeno, que aprovecha buena parte de la misma infraestructura.

En los últimos 5 años, sustituir el carbón por gas natural ha reducido las emisiones mundiales de CO2 cien veces más que todos los coches eléctricos del mundo. El gas combinado con energías renovables ha permitido a Estados Unidos alcanzar las emisiones más bajas en una generación y ha reducido las emisiones del Reino Unido a niveles del siglo XIX. Su potencial en Asia y África es igual de prometedor, siempre que existan objetivos políticos adecuados e incentivos financieros, junto con otras fuentes de energía más limpias, como la hidroeléctrica y la nuclear, cuando sea oportuno.

El petróleo se utilizará menos para el transporte ligero, pero seguirá siendo necesario en el transporte aéreo, marítimo y por carretera hasta que se desarrollen mejores soluciones. La pandemia también puso de relieve la importancia del petróleo en la fabricación de petroquímicos, con los que se producen desde equipos de protección individual, desinfectantes, dispositivos digitales, medicamentos y vacunas, sin olvidar el combustible de los aviones que los transportaron.

Estas realidades ponen de manifiesto el carácter regresivo de las peticiones de reducir la inversión en petróleo y gas, lo que en última instancia encarecería la energía para el mundo en desarrollo y llevaría a quemar aún más carbón.

En cambio, una política más inteligente para el mundo en desarrollo debería centrarse en moderar el crecimiento de la demanda mediante el impulso de la eficiencia energética en la planificación, que, según la Agencia Internacional de la Energía podría reducir las emisiones en una cantidad casi igual a la que se lograría con las energías renovables, y costaría mucho menos.

Para una transición energética justa son igualmente importantes los mecanismos internacionales concretos con incentivos financieros claros que permitan a las economías en desarrollo aplicar los cambios, financiados por los países desarrollados que más tienen que ganar con las mejoras. Fijar un valor justo para el coste de las emisiones de carbono también fomentaría un uso más eficiente de la energía e impulsaría la inversión en proyectos de «carbono negativo» mediante el uso de compensaciones.

Una transición energética justa es posible cuando los intereses de las naciones desarrolladas y en desarrollo están mejor alineados. Image: Foro Económico Mundial

Las empresas petroleras y de gas también deben reducir sus emisiones mediante la reducción de la quema en antorcha, la prevención de las emisiones de metano y la disminución de su intensidad general de carbono. Nuestra propia empresa, Crescent Petroleum, como la empresa privada de exploración y producción más antigua de Oriente Medio, lleva tiempo orientando su enfoque hacia el gas natural, que ahora representa el 85 % de nuestra producción y permite una electricidad más limpia y asequible para millones de personas, al tiempo que desplaza combustibles líquidos más contaminantes, lo que también reduce las emisiones.

Hemos reducido nuestra intensidad de carbono a solo un tercio del promedio del sector, y compensamos las emisiones restantes para convertirnos en una de las primeras empresas energéticas en alcanzar la neutralidad de carbono en todas sus operaciones.

Se prevé que la demanda energética del mundo en desarrollo crezca dos tercios para 2050, hasta alcanzar casi el doble de la demanda de la OCDE. Pero los esfuerzos por lograr una transición energética equitativa seguirán quedándose cortos mientras no se alineen mejor los intereses de los países desarrollados y en desarrollo que buscan industrializar sus propias economías.

Las soluciones para una transición energética justa están claras, pero requerirán pragmatismo, voluntad política y un enfoque global inclusivo, con mecanismos concretos e incentivos financieros reales.

Majid Jafar es responsable de la Plataforma de Energía y Materiales del Foro Económico Mundial.

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