La demanda de alimentos, agua y energía crece rápidamente: para 2050, la demanda de alimentos podría aumentar más del 50%, la de energía hasta un 19% y la de agua hasta un 30%.
Los riesgos climáticos son cada vez más no lineales e impredecibles, y los fenómenos meteorológicos extremos se están volviendo habituales, lo que aumenta el sufrimiento humano y los costos económicos.
El Consejo Global del Futuro sobre el Nexo Energético impulsa enfoques coordinados y sistémicos para gestionar la creciente complejidad del nexo entre energía, alimentos y agua.
El nexo entre los sistemas de energía, alimentos y agua es complejo, intrincado y acumulativo. Las perturbaciones en uno amplifican las vulnerabilidades y las disyuntivas en los demás. También crean oportunidades de crecimiento sostenible, mayor resiliencia y más equidad.
Abordar el nexo de los recursos ya no es una opción. Es un imperativo urgente para los responsables de las políticas, los líderes empresariales, los inversores y la comunidad investigadora.
El nexo entre energía, alimentos y agua es intrínsecamente complejo. Actualmente, la agricultura consume casi el 70% del agua dulce mundial. Para 2050, se prevé que la demanda mundial de alimentos aumente más del 50% y que la demanda de agua aumente entre un 20% y un 30%
La energía es esencial para la gestión del agua y las cadenas de suministro de alimentos, pero su producción, en particular la infraestructura de energía limpia, también compite con la agricultura: en 2023, alrededor del 80% de la infraestructura de energía renovable de Estados Unidos se encontraba en terrenos agrícolas privados.
Sin embargo, las tierras de cultivo ofrecen el mayor potencial solar mediano del mundo: alrededor de 28 vatios por metro cuadrado, por lo que la agrovoltaica podría ser una forma de resolver este dilema.
Impulsada por el crecimiento y el aumento de la eficiencia, se proyecta que la demanda mundial de energía crecerá moderadamente hasta un 19% para 2050, y es probable que la proporción de la electricidad en el consumo final se duplique.
El agua también es fundamental para la producción de energía, ya sea para refrigeración, fabricación, mantenimiento de paneles solares, generación de energía hidroeléctrica o la emergente economía del hidrógeno.
Esta interdependencia ha impulsado a la Comisión Mundial sobre la Economía del Agua a abogar por una «era de energía limpia y abundante en IA, con una intensidad hídrica mucho menor».
Buenas prácticas para el nexo entre energía, alimentos y agua
Los sistemas de energía, alimentos y agua son dinámicos, dependen del contexto y están interconectados mediante complejos ciclos de retroalimentación que se intensifican bajo una presión creciente.
Pese a estas complejas interconexiones, los marcos de políticas y planificación suelen adoptar un enfoque aislado, lo que lleva a subestimar sistemáticamente los riesgos para los recursos y a desaprovechar sinergias. Algunas regiones, sin embargo, están demostrando enfoques integrados.
Por ejemplo, el Programa de Diálogos Regionales sobre el Nexo de Alemania busca institucionalizar el nexo energético en las estructuras de gobernanza y las decisiones de inversión nacionales y regionales.
En Telangana, India, el proyecto de rehabilitación de estanques Misión Kakatiya repuso las reservas de aguas subterráneas, redujo el uso de energía en la agricultura, aumentó la productividad de los cultivos y el ganado, y revitalizó la economía rural mediante un enfoque basado en el nexo.
Desde el punto de vista económico, reconocer el nexo también puede ayudar a identificar ubicaciones más eficaces para las inversiones. El Consejo de Energía, Medio Ambiente y Agua (CEEW) cartografió toda la superficie terrestre de India en píxeles de 5×5 kilómetros para identificar limitaciones de las tierras de cultivo, disponibilidad de agua, concentraciones de población, zonas sísmicas y potencial de energías renovables.
Los fenómenos climáticos extremos prolongados dejan a los países en desarrollo sin margen fiscal para actuar contra el cambio climático, lo que agrava un círculo vicioso de crisis ambientales y macroeconómicas.
Nuevos factores disruptivos complican la situación
Los cambios transformadores en la tecnología y la geopolítica, así como la promesa de una economía verde, complican aún más el nexo entre energía, alimentos y agua.
La Agencia Internacional de la Energía estima que para 2030 los centros de datos podrían consumir el doble de la electricidad que usan actualmente, hasta alcanzar aproximadamente 945 teravatios-hora, lo que los situaría entre los cinco sectores con mayor demanda de electricidad.
Esto haría que su consumo de electricidad creciera alrededor de un 15% al año, más de cuatro veces más rápido que el de todos los demás sectores en conjunto, lo que aumentaría aún más la presión sobre los sistemas de agua por sus necesidades directas de refrigeración y expansión territorial.
Además, la volatilidad actual del comercio mundial obstaculiza la innovación y el despliegue a gran escala de tecnologías energéticas limpias y más eficientes en el uso de los recursos.
Las cadenas de valor de los minerales críticos están concentradas geográficamente, lo que genera vulnerabilidades en el suministro. Según la Organización Mundial del Comercio, se prevé que los recientes cambios en las políticas reduzcan los volúmenes del comercio mundial un 0,2% en 2025, casi tres puntos porcentuales menos que si no se hubieran producido esos cambios.
A medida que los mercados se estrechan, cambiar a tecnologías más limpias sigue siendo costoso, especialmente allí donde más se necesita. Una economía mundial fragmentada también es subóptima cuando la producción no se ajusta a las ventajas geográficas y los recursos naturales.
Sin embargo, una economía verde replanteada podría crear nuevos empleos y empresas más allá de las energías renovables y la energía limpia, incluidos los ámbitos de la economía circular, la bioeconomía y las soluciones basadas en la naturaleza.
Creación de empleos verdes
Por ejemplo, India podría crear 35 millones de empleos verdes para 2047. El CEEW estima que habrá más de un millón de oportunidades de empleo en la economía verde solo en Odisha, lo que añadiría 24.000 millones de dólares al producto interno bruto de este estado del este de India.
Casi la mitad de esos empleos corresponderá a las cadenas de valor de la bioeconomía y las soluciones basadas en la naturaleza.
En México, el grupo de conservación ambiental Pronatura Veracruz dirige la restauración del Sistema Lagunar de Alvarado, de importancia ecológica mediante la acción comunitaria, métodos tradicionales como las chinampas y programas gubernamentales.
Desde 2012, aproximadamente 198 integrantes de la comunidad local han obtenido empleo temporal gracias a las iniciativas de restauración. El proyecto busca restaurar 2.100 hectáreas en 20 años, en beneficio de 7.000 personas. Sus unidades de gestión ambiental generarán créditos de carbono, pagos por servicios ecosistémicos y empleos.
La equidad y la inclusión requieren inversión pública y privada en la capacitación de la fuerza laboral para nuevas funciones, el apoyo a las comunidades vulnerables y el fortalecimiento del ecosistema donde puedan prosperar los sectores emergentes y las empresas emergentes.
El Programa de Desarrollo de Habilidades Suryamitra del Gobierno de India busca dotar a los jóvenes de los conocimientos técnicos necesarios para trabajar en la industria solar, en particular en actividades de construcción y mantenimiento, y así reducir la brecha de habilidades.
Powering Livelihoods (promovido por el CEEW y Villgro, una incubadora de empresas sociales) ha posibilitado 34.000 medios de vida basados en energía limpia; casi la mitad de las personas beneficiarias son mujeres microempresarias.
En Europa, Enel Group ha impartido 3,2 millones de horas de capacitación al 98% de su fuerza laboral; alrededor del 47% se centró en perfeccionar y actualizar habilidades para apoyar una transición justa. Cerca del 10% de las horas de capacitación —aproximadamente 325.000 horas— se dedica a competencias digitales. Estas actividades abarcan a trabajadores directos e indirectos, proveedores, comunidades y clientes.
¿Cómo facilita el Foro Económico Mundial la transición a la energía limpia?
El Centro de Energía y Materiales conecta a líderes para comprender las complejas transiciones que están transformando los sistemas de energía, materiales e industria. Ofrece una plataforma para explorar cómo se relacionan la seguridad energética, la asequibilidad y la sostenibilidad.
Mediante la colaboración entre cadenas de valor y regiones, el Centro facilita trayectorias compartidas que ayudan a sus socios a coordinarse en torno a soluciones prácticas para una transición segura, con bajas emisiones de carbono y equitativa.
Riesgos climáticos acumulativos
A estas complejidades se suman los riesgos climáticos no lineales. Los riesgos climáticos ya no son predecibles: lo que ayer era extremo hoy es habitual, pues los patrones del pasado ya no reflejan un futuro que cambia rápidamente.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) registró 617 fenómenos meteorológicos extremos solo en 2024, 152 de ellos «sin precedentes».
Las olas de calor ya causan casi medio millón de muertes al año, el 45% (de manera desproporcionada) en Asia.
Las estimaciones de las pérdidas económicas causadas por los desastres climáticos varían y a menudo subestiman los costos reales; por ejemplo, pueden ignorar o subestimar la pérdida de productividad y las pérdidas y daños. Según la OMM, los fenómenos meteorológicos extremos ocurridos entre 1970 y 2021 causaron daños económicos por 4,3 billones de dólares en todo el mundo.
Al mismo tiempo, crece la «brecha de protección» de los seguros —la diferencia entre las pérdidas totales y lo que está asegurado—, lo que deja a las economías, las empresas y los hogares vulnerables a las perturbaciones financieras. Swiss Re la cifró en 181.000 millones de dólares en 2024, con un 43% de pérdidas sin asegurar.
La mayoría de los países en desarrollo no realiza evaluaciones hiperlocales de riesgos climáticos para comprender su exposición a desastres, pero la brecha se amplía con cada fenómeno extremo y agrava las crisis de deuda de esos países.
Según Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas, el servicio de la deuda pública externa en relación con los ingresos públicos aumentó del 5% en 2010 al 8,8% en 2025 en las economías en desarrollo. Cada vez más países gastan más en pagos de intereses que en iniciativas de desarrollo, incluidas las destinadas a reforzar la seguridad energética, alimentaria e hídrica.
Los fenómenos climáticos extremos prolongados dejan a los países en desarrollo sin margen fiscal para actuar contra el cambio climático, lo que agrava un círculo vicioso de crisis ambientales y macroeconómicas.
Los riesgos climáticos son riesgos macroeconómicos. Los desastres provocan pérdidas de cosechas y empleos, y reducen la productividad en los sistemas alimentarios.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura estima 3,8 billones de dólares en pérdidas de cultivos y ganado durante las últimas tres décadas.
En India, la escasez de agua causada por el cambio climático podría ocasionar pérdidas de más de 2,5 billones de dólares para 2050 si no se mejoran el riego y el uso del agua, según el CEEW.
Los riesgos climáticos también pueden perturbar la infraestructura. El Banco Mundial estima que la infraestructura de transporte y energía de India sufrirá pérdidas anuales de aproximadamente 17.000 millones de dólares debido a fenómenos meteorológicos extremos, como inundaciones y ciclones.
Las decisiones que tomemos hoy determinarán si el nexo entre energía, alimentos y agua provoca una crisis o cataliza la sostenibilidad y la prosperidad.
Prioridades para la acción
El liderazgo en todo el sistema, junto con la formulación integral de políticas y la investigación, será fundamental para gestionar eficazmente el nexo en las próximas décadas.
Para abordar los riesgos emergentes y aprovechar nuevas oportunidades, los consejos de administración y la alta dirección de las empresas deben evaluar las nuevas evidencias, diseñar estrategias integradas, definir objetivos intersectoriales y armonizar la rendición de cuentas y los incentivos mediante la remuneración y la gobernanza.
Las principales instituciones financieras deben hacer lo mismo, y la toma de decisiones debe tener en cuenta los intereses de las comunidades y los grupos de interés marginados. También serán esenciales nuevas alianzas multisectoriales locales, nacionales y mundiales, así como coaliciones precompetitivas de empresas de sectores clave.
¿Cómo se vería esto en la práctica?
El Consejo Global del Futuro sobre el Nexo Energético puede aportar conocimientos sobre políticas, incentivos, mecanismos de financiación, gobernanza, modelos de negocio, prioridades clave y buenas prácticas. Sus integrantes señalan las siguientes áreas para formular recomendaciones a los líderes:
Transición justa, efectos distributivos, resiliencia y adaptación.
Reducción de riesgos en las vías para ampliar las inversiones y las tecnologías.
Gestión de las disyuntivas y facilitación del cambio sistémico.
Durante los próximos dos años, el Consejo Global del Futuro compartirá ideas y ejemplos mediante su serie Energy Nexus Insights, que incluye blogs, artículos e infografías; guías para responsables de la toma de decisiones de los sectores público y privado; y análisis sectoriales para gestionar el nexo entre energía, alimentos y agua de manera política, económica y socialmente viable.
Como copresidentes del Consejo Global del Futuro sobre el Nexo Energético, esperamos colaborar con otros integrantes de los Consejos Globales del Futuro y con la comunidad más amplia del Foro Económico Mundial para abordar colectivamente nuestros desafíos comunes. El nexo entre energía, alimentos y agua no es solo una cuestión técnica o ambiental; abarca la formulación de políticas, la investigación, la estrategia empresarial y los planes de inversión.
El nexo entre energía, alimentos y agua ya es complejo; los nuevos factores de presión lo complican cada vez más, y los riesgos acumulativos del cambio climático han llegado para quedarse. También ha llegado la oportunidad de actuar con audacia y de forma integrada.
Las decisiones que tomemos hoy determinarán si el nexo entre energía, alimentos y agua provoca una crisis o cataliza la sostenibilidad y la prosperidad. Avanzar exige valentía, colaboración y aprender a convivir con la complejidad.

