Sin negar la necesidad de avanzar hacia las cero emisiones netas para 2050, debemos actuar ahora para evitar caer en el precipicio de emisiones en 2030.
El aprovechamiento de las tecnologías de transición existentes debe ir en paralelo con el desarrollo acelerado de las tecnologías de destino.
Un enfoque pragmático de la planificación de la descarbonización debe tener en cuenta la creciente frecuencia de las perturbaciones de alcance mundial.
La trayectoria actual indica que el planeta se acerca al precipicio de emisiones a una velocidad alarmante. Si bien no podemos perder de vista las ambiciones de alcanzar la descarbonización neta cero para 2050, las acciones que emprendamos hoy con las tecnologías existentes son clave para doblegar la curva de emisiones antes de que sea demasiado tarde.
La mayoría de los análisis (incluidos los escenarios del IPCC) indican que, para limitar el calentamiento a 1,5 °C, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deben alcanzar su punto máximo antes de 2025 y reducirse a la mitad para 2030. Estamos ahora a principios de 2023, lo que nos deja ocho años al ritmo actual de emisiones. Sin reducciones de emisiones aceleradas y eficaces, incluidas las tecnologías de eliminación de carbono, nos queda poco tiempo antes de llegar al punto de no retorno. El progreso rápido es más urgente que nunca ante los continuos acontecimientos disruptivos, como la guerra en Ucrania. Las convulsiones geopolíticas han contribuido a un mayor uso del carbón, cuya producción aumentó un 1,2 %, superando por primera vez los 8 000 millones de toneladas en un solo año y por encima del récord anterior establecido en 2013, según la Agencia Internacional de la Energía.
Con esto en mente, y dado que las pruebas muestran que la mayoría de las tecnologías de destino de «cero verdadero» aún están en proceso de alcanzar madurez y escala, es imperativo acelerar las tecnologías de transición que pueden ayudar a doblegar hoy la curva de emisiones. Las actuales reducciones de las emisiones de gases de efecto invernadero no están alineadas con el objetivo de reducción de emisiones previsto en el Acuerdo de París. Debemos concebir y aplicar las acciones de otra manera si queremos aplanar significativamente la curva de emisiones a corto plazo. Las tecnologías de transición, las medidas de eficiencia y los combustibles de bajo carbono (LCF, por sus siglas en inglés) pueden ser soluciones viables y rentables para reducir las emisiones en los próximos cinco años, lo que dará margen para que las tecnologías de destino se desarrollen. Poner todo el énfasis en la revolución en lugar de en la evolución rápida
podría ser un camino arriesgado. Necesitamos ambas vías en una transición sistémica.
Sin embargo, una cuestión clave es: ¿cómo garantizamos la compatibilidad entre la acción a corto plazo y los objetivos a largo plazo? En otras palabras, ¿cómo aprovechamos las tecnologías de transición existentes que reducen la intensidad de carbono de la actividad económica, sin comprometer el objetivo a largo plazo de alcanzar primero las cero emisiones netas y, finalmente, el cero verdadero? La respuesta no es sencilla. No depende solo de la tecnología, sino de una compleja combinación de factores, como la economía y la política. Debatir abiertamente la interrelación de todos estos factores en las estrategias de mitigación de emisiones es fundamental para todos los sectores y reviste especial importancia en los sectores de difícil descarbonización, donde el transporte es responsable de un asombroso 15 % de todas las emisiones.
Sin ser una lista exhaustiva, los siguientes son temas que deberían figurar en la mesa de debate:
Tecnologías de transición: una fruta al alcance de la mano
En primer lugar, existen soluciones de reducción a corto plazo que aprovechan las tecnologías de transición y que pueden implementarse y financiarse hoy. Varias tecnologías ya están en fase comercial; la mayoría requiere menos inversiones para readaptar las infraestructuras existentes en lugar de construir nuevas, y la mayoría de las tecnologías ya se encuentran en una fase madura. Estas soluciones pueden ayudar eficazmente a doblegar la curva de emisiones en los próximos cinco años. ¿Cuánto margen podemos crear en el presupuesto de carbono si ampliamos los LCF en ese plazo? Los datos y los cálculos en los que se basa son fundamentales para garantizar que tomamos las decisiones correctas en el camino hacia las cero emisiones netas verdaderas para 2050.
Punto de inflexión óptimo: el momento es crucial
En segundo lugar, hay que reconocer que, en un contexto de recursos limitados, algunas inversiones favorecerán el corto plazo frente al largo plazo, y viceversa. Utilizando el ejemplo de los LCF antes mencionado, ¿cuál es el calendario adecuado para aprovechar esta tecnología de transición sin frenar la maduración de las tecnologías de cero verdadero? Debemos analizar la transición con una visión sistémica e identificar las acciones que nos permitan sustituir nuestras infraestructuras y activos de la forma más optimizada, lo que nos brindará la mayor reducción de emisiones a lo largo del tiempo. No se trata solo de cómo se asignan los recursos del sector empresarial y público, sino también de cómo apoyar e incentivar a los consumidores en este camino.
Responsables políticos: aplicación óptima de las estructuras de incentivos
Una cuestión fundamental, sobre todo para los responsables políticos, es cómo equilibrar el enfoque en la implementación y el despliegue de las tecnologías de transición con el apoyo, el desarrollo y la consolidación de las tecnologías de destino. Necesitamos incentivos, pero los incentivos para desplegar las tecnologías de transición tendrían que eliminarse gradualmente con el tiempo y sustituirse por otros que orienten, en un grado cada vez mayor, la producción y el despliegue hacia las tecnologías de destino. Alcanzar el equilibrio adecuado no es fácil: algunas tecnologías de transición deben seguir siendo tecnologías de transición y no deben convertirse en un obstáculo para llegar al destino. ¿Cómo pueden las estructuras de incentivos respaldar con éxito las decisiones correctas ahora, al tiempo que establecen una vía hacia nuestro objetivo final?
Resiliencia: navegar a pesar de las distorsiones externas
La acción de reducción a corto plazo debe ayudarnos a evitar el precipicio de emisiones y a construir el puente y la pista de despegue para desplegar las tecnologías de destino a tiempo y a escala. Los objetivos de cero emisiones netas para 2050 siguen siendo, en la mayoría de los casos, aspiraciones, y la consecuencia puede ser que las tecnologías de destino se traduzcan en falta de acción, con un despliegue generalizado que siga fuera de alcance para siempre. Sin una respuesta oportuna, perderíamos años cruciales. Esto subraya aún más la necesidad de combinar un enfoque pragmático hoy sin comprometer el de mediados de siglo.
A pesar del gran progreso logrado en la última década, seguimos enfrentándonos a los desafíos del «triángulo energético»: tratar de encontrar un equilibrio entre el acceso a la energía, la asequibilidad y la sostenibilidad. Dado que siempre habrá factores externos que distorsionen nuestros planes, las perturbaciones mundiales deben formar parte de nuestros planes de optimización; no podemos permitirnos dar dos pasos adelante y uno atrás cada vez que surge lo inesperado.
¿Cómo impulsa el Foro Económico Mundial la transición energética?
El Centro de Energía y Materiales conecta a líderes para comprender las complejas transiciones que están transformando los sistemas energéticos, de materiales e industriales. Ofrece una plataforma para explorar cómo se interrelacionan la seguridad energética, la asequibilidad y la sostenibilidad.
Mediante la colaboración en las cadenas de valor y entre regiones, el Centro permite establecer vías compartidas que ayudan a los socios a alinearse en torno a soluciones prácticas para una transición segura, baja en carbono y equitativa.
Se trata de un debate de «todos a bordo» y de «todas las soluciones». En el contexto al que nos enfrentamos, el camino a seguir no consiste en un enfoque de «o una cosa o la otra». Al mismo tiempo, no todas las soluciones serán igualmente adecuadas en todo el mundo, y algunas regiones pondrán mayor énfasis en las tecnologías de transición, ya que no pueden saltar directamente a sistemas económicos totalmente descarbonizados. Algunas naciones avanzarán más rápido en el proceso de descarbonización. Pero las pruebas son claras en una cosa: la ventana se está cerrando, y como comunidad mundial tenemos la capacidad de empezar a doblegar hoy la curva de emisiones.

