De aquí a 2050, la electrificación de todos los sectores de la economía estadounidense podría aumentar el consumo de electricidad hasta un 38 %.
Los vehículos eléctricos también aportan beneficios de otras maneras, por ejemplo mediante infraestructuras que pueden aumentar la eficiencia y la resiliencia de la red eléctrica local.
La inversión en fábricas y manufactura también debe incluir inversiones en las personas y sus competencias, para que puedan aprovechar las oportunidades de empleo.
¿Qué magnitud tiene la oportunidad?
Pensemos en el número de turismos y camiones que circulan por las carreteras de Estados Unidos. Actualmente hay más de 270 millones de vehículos, de los cuales alrededor de 1,6 millones son eléctricos. Según el análisis de RMI, si usamos nuestros objetivos compartidos de reducción de carbono como referencia para determinar el ritmo al que debemos electrificar el parque automotor estadounidense, necesitaremos 70 millones de vehículos eléctricos (VE) en circulación para 2030 y que el 100 % de todos los vehículos nuevos sean eléctricos para 2035. Además, para 2030 necesitaremos instalar unos 300.000 cargadores rápidos y 200.000 cargadores de nivel 2, a fin de garantizar que todas las personas que conduzcan un VE tengan fácil acceso a estaciones de carga.
Puede parecer un cambio extraordinariamente grande en un plazo extraordinariamente corto, pero recordemos lo rápido que está creciendo la energía renovable y tengamos presente que los mismos grandes compradores corporativos que impulsan ese mercado también se están comprometiendo a convertir el 100 % de sus flotas en vehículos eléctricos. Amazon.com, FedEx, UPS y Walmart figuran entre los mayores operadores de flotas de Estados Unidos, con operaciones logísticas que se extienden por todo el mundo, y todos han adoptado objetivos de electrificación de sus flotas que incluyen cero emisiones de carbono. Su liderazgo no solo impulsará el mercado de los vehículos eléctricos, sino que también ayudará a comercializar nuevas tecnologías, ampliar la escala y reducir los precios para el resto de nosotros.
Las políticas a nivel federal, estatal y local están haciendo posible esta transformación. Desde estados como Massachusetts y California, que se han fijado el objetivo de que el 100 % de las ventas de vehículos sean eléctricas para 2035, hasta las inversiones federales en infraestructura, manufactura e I+D, los gobiernos trabajan cada vez más en coordinación con las comunidades locales y los líderes del sector del transporte para apoyar la electrificación. No se trata solo de grandes políticas; los pequeños cambios también importan, como modificar normas arcaicas que preservan el statu quo a costa de la innovación. Por ejemplo, en abril de 2021, el Departamento de Transporte de Estados Unidos publicó directrices aclaratorias sobre cómo pueden gastarse los fondos de la agencia, lo que podría aumentar en más de 40.000 millones de dólares el apoyo federal disponible para la infraestructura de carga de vehículos eléctricos. Sin este tipo de directrices útiles, no quedaría claro si los programas existentes podrían apoyar las nuevas tecnologías, ni cómo hacerlo.
De aquí a 2050, la electrificación de todos los sectores de la economía estadounidense podría aumentar el consumo de electricidad hasta un 38 %, y el mayor incremento correspondería al transporte. Las empresas de servicios públicos compran y distribuyen electricidad a nivel estatal, y algunos estados experimentarán un crecimiento mayor que otros. En muchos casos, el aumento de las ventas de electricidad será bienvenido. En particular, para las empresas cooperativas de servicios públicos de pequeñas localidades y zonas rurales, el aumento de las ventas debido a la creciente demanda de electricidad del sector del transporte será una oportunidad para incrementar los ingresos disponibles para reinvertir en la comunidad local. Los vehículos eléctricos también aportan beneficios de otras maneras, por ejemplo mediante infraestructuras que pueden aumentar la eficiencia y la resiliencia de la red eléctrica local.
Fabricar en Estados Unidos
Sin embargo, la oportunidad no se limita a la conversión de vehículos ni a la energía y la infraestructura necesarias para alimentar cientos de millones de vehículos eléctricos. También incluye la posibilidad de fabricar esos vehículos en Estados Unidos mediante la modernización y ampliación de nuestras capacidades manufactureras. Esta expansión de la fabricación de automóviles en Estados Unidos incluiría baterías, celdas de batería, trenes motrices y conjuntos, y se extendería al ámbito de la investigación y el desarrollo del transporte, además de incluir el desarrollo de nuevas capacidades de mantenimiento y reparación. Para conectar estas oportunidades globales con las economías locales, Estados Unidos necesitará una política industrial que dé prioridad a la fabricación nacional de vehículos eléctricos y esté a la altura de las inversiones que los gobiernos de los competidores globales realizan en sus propias industrias automotrices.
Estados Unidos tendrá que recuperar terreno. En 2019 se fabricaron 325.000 vehículos eléctricos en el país, frente a 1,2 millones en China, y hasta la fecha solo siete de las 44 plantas de fabricación de automóviles de Estados Unidos se han comprometido a realizar una conversión completa a vehículos eléctricos para 2025.
No se trata solo de los vehículos, sino también de las baterías. En el condado de Jackson, una zona principalmente rural del noreste de Georgia, a aproximadamente una hora de Atlanta por la I-85, está en construcción una enorme planta de baterías para vehículos eléctricos de la empresa surcoreana SK Innovations. Se espera que la primera de las dos instalaciones de fabricación emplee a 1.000 personas y produzca suficientes baterías para equipar 200.000 vehículos eléctricos al año. El proyecto costará más de 2.600 millones de dólares, pero eso es solo una parte de la inversión que estas instalaciones aportan al condado de Jackson. Lanier Technical College también está invirtiendo en formación profesional para que los miembros de la comunidad local estén preparados para trabajar en esta importante industria emergente.
Invertir en las personas es esencial, como aprendió mi ciudad natal cuando Kia construyó una gran planta de fabricación de automóviles en la vecina localidad de West Point en 2009. Como me explicó el exalcalde Jeff Lukken, la comunidad esperaba que bajara el desempleo local, pero al principio aumentó, ya que personas en busca de empleo de otras regiones se mudaron a la localidad y los miembros de la comunidad local tuvieron dificultades para cumplir los requisitos de competencias laborales de Kia. Cuando las comunidades locales, el estado y Kia se unieron para ofrecer a las personas la formación que necesitaban, más habitantes de la zona consiguieron empleo y la inversión empezó a materializar su potencial para la comunidad. No se puede invertir en tecnología y obtener buenos resultados sin invertir en las personas.



