Nuevas investigaciones muestran que retrasar la transición ecológica aumenta un 15% las pérdidas financieras de las empresas eléctricas de los mercados emergentes.
Las empresas de carbón y gas podrían sufrir una erosión significativa de su valor, mientras que las de energías renovables obtendrían importantes beneficios.
Las instituciones financieras globales deben reasignar rápidamente el capital para gestionar los crecientes riesgos relacionados con el carbono en los países en desarrollo.
La transición energética global suele plantearse como una difícil disyuntiva entre la ambición climática y el desarrollo económico. Esto es especialmente cierto en las economías emergentes: avanzar demasiado rápido pone en peligro el crecimiento; hacerlo demasiado despacio, los objetivos climáticos. Nuestro nuevo estudio sobre empresas eléctricas de India sugiere que este supuesto ya no se sostiene y que el mayor riesgo podría estar en posponer la acción, en lugar de acelerarla. Está claro que este enfoque pasa por alto una realidad fundamental: el mayor riesgo económico no es la transición en sí, sino el costo de retrasarla.
Los riesgos de la transición climática se están convirtiendo en riesgos financieros, mientras los gobiernos y las empresas se esfuerzan por afrontar un futuro energético incierto. Aunque los riesgos de la transición climática llevan mucho tiempo siendo objeto de debate en el sector financiero entre bancos e inversores, las empresas de la economía real, especialmente las eléctricas, empiezan ahora a comprenderlos. Esto es particularmente cierto en India, el mercado energético de más rápido crecimiento del mundo y un país clave para los esfuerzos mundiales de descarbonización. Aunque el sector eléctrico indio sigue dependiendo en gran medida de la electricidad generada con carbón, otras tecnologías de generación, como el gas, el petróleo, las energías renovables, la energía hidroeléctrica y la nuclear, desempeñan un papel clave para satisfacer la creciente demanda. Nuestro estudio revela que los efectos financieros varían según la tecnología: son mínimos para la energía hidroeléctrica, mixtos para la nuclear, moderadamente positivos para las renovables y sustancialmente negativos para todos los combustibles fósiles, es decir, el carbón, el petróleo y el gas.
Dado que muchas economías emergentes de Asia, África y América Latina comparten estas condiciones —una demanda eléctrica en auge, dependencia de los combustibles fósiles y restricciones fiscales severas—, las implicaciones de nuestro estudio van mucho más allá de India. En estos contextos, la transición energética ya no puede considerarse únicamente desde una perspectiva ambiental; debe abordarse como un imperativo económico y financiero fundamental.
Cambios en las valoraciones del mercado energético
La transición energética está transformando profundamente la forma en que los mercados y los inversores valoran los activos energéticos y está cambiando rápidamente el atractivo financiero de las distintas tecnologías.
El sector eléctrico indio ilustra perfectamente este cambio. Nuestro estudioconcluye que, mientras las empresas de combustibles fósiles podrían sufrir una erosión significativa de su valor —con caídas de hasta el 85-90% para las empresas de carbón y del 29-75% para las de gas, respectivamente—, se prevé que las empresas de energías renovables se beneficien de la transición y podrían registrar aumentos de valoración de entre el 14% y el 30% en distintos escenarios de transición. Mientras tanto, los efectos en la energía hidroeléctrica y la nuclear son más moderados y varían ligeramente según la vía de transición específica.
Estos resultados apuntan a una reasignación más amplia del capital que se aleja de los activos fósiles. Los inversores favorecen cada vez más los activos alineados con trayectorias de descarbonización a largo plazo, como las energías renovables y las tecnologías bajas en carbono. Sin embargo, esta transición quizá no sea tan sencilla como sustituir un tipo de activo por otro. Uno de los principales hallazgos es que, a corto plazo, los beneficios para las renovables no compensan las importantes pérdidas de las empresas de combustibles fósiles, lo que podría generar problemas económicos y políticos. Aunque las industrias renovables crecen, las comunidades que dependen de los combustibles fósiles afrontan graves trastornos económicos, ya que los trabajadores no pueden incorporarse de manera sencilla ni inmediata a estos nuevos sectores más verdes.
El costo acumulativo de postergar la acción
Una de las lecciones más importantes es que corremos contra el tiempo, especialmente en países dependientes del carbón como India. Aunque los responsables de formular políticas podrían pensar que aplazar decisiones difíciles sobre la transición dará más tiempo a las industrias, los inversores y los consumidores para adaptarse, en la práctica, la demora exigiría intervenciones normativas más abruptas en plazos mucho más cortos, caídas más pronunciadas de la demanda de combustibles fósiles y un despliegue más rápido de tecnologías alternativas. Estos cambios repentinos aumentan la probabilidad de que queden activos varados: centrales eléctricas, infraestructura e inversiones que podrían perder valor económico antes de llegar al final de su vida útil prevista.
Nuestro estudio muestra que retrasar la transición de 2025 a 2030 —un aplazamiento de cinco años que podría parecer políticamente conveniente— empeora las pérdidas financieras de las empresas entre un 10% y un 15%, como mínimo. Lejos de preservar el valor de las empresas ya establecidas, la inacción acelera la destrucción de activos y entrega una mayor parte del valor de mercado futuro a sus competidores de energías renovables. En última instancia, la disyuntiva no es entre hacer la transición o no hacerla, sino entre una transición gestionada ahora y una caótica más adelante.
Para las economías emergentes, lo que está en juego es sumamente importante: retrasar la transición nunca es una estrategia sin riesgos. Por el contrario, postergarla consolida costos de ajuste futuros más elevados y reduce el tiempo disponible para gestionarlos eficazmente. Este hallazgo debería cambiar de raíz la forma en que los mercados de capitales, las agencias de calificación crediticia y los fondos soberanos evalúan su exposición a los activos de carbón y gas en los mercados emergentes.
Un nuevo panorama de riesgos para el capital global
Las implicaciones para las instituciones financieras son significativas. Los bancos, las aseguradoras y los inversores con una gran exposición a sectores de alta intensidad de carbono afrontan riesgos de transición cada vez mayores, lo que los obliga a reasignar capital hacia activos más limpios y ecológicos. Por tanto, la transición energética está transformando activamente el panorama de inversión. Las empresas que se adapten pronto diversificando sus carteras para alejarse de los combustibles fósiles, invirtiendo en tecnologías limpias y reforzando su resiliencia podrían estar mejor posicionadas para atraer capital. Las que no se adapten podrían perder competitividad, afrontar mayores costos de financiación y sufrir una caída de sus valoraciones de mercado. Para los inversores, la lección es clara: los escenarios de transición climática se están convirtiendo rápidamente en escenarios de inversión.
El imperativo de actuar pronto
La transición energética global ya no es una posibilidad lejana; está transformando los mercados energéticos y las decisiones de inversión. La dinámica de India —donde el capital se concentra en empresas dependientes de los combustibles fósiles, los costos de las energías renovables y el almacenamiento caen rápidamente y evolucionan los marcos de divulgación de riesgos climáticos— caracteriza a gran parte del sector eléctrico del mundo en desarrollo. Para India y buena parte del mundo en desarrollo, la transición energética se está convirtiendo tanto en un imperativo económico como climático. Cada vez hay más indicios de que el costo de la demora podría superar el de actuar. Corresponde a los responsables de formular políticas y a las empresas eléctricas reconocer estos costos e incorporarlos a sus decisiones antes de que los mercados, las instituciones y los inversores los obliguen a hacerlo.
Las opiniones expresadas en este artículo son personales.
