El coste de la inacción: flexibilidad de la red para un futuro energético digital resiliente y equitativo

Investing in grid flexibility ensures future generations will reap the benefits of a cleaner and more resilient energy system.
Investing in grid flexibility ensures future generations will reap the benefits of a cleaner and more resilient energy system.Image: Getty Images
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  • Invertir en flexibilidad de la red garantiza que las generaciones futuras disfruten de los beneficios de un sistema energético más limpio y resiliente.

  • Se requiere una inversión de unos 21 billones de dólares en mejoras de la red para 2050 a fin de que el mundo alcance una trayectoria de cero emisiones netas.

  • Es esencial acelerar la expansión de la red, mejorar su flexibilidad y asequibilidad, ampliar la capacidad de almacenamiento y reformar las normas que dificultan una planificación eficaz.

La transición energética mundial depende de una transformación profunda de nuestras redes eléctricas. Al igual que el paso de la telefonía analógica a internet, la red eléctrica del futuro será dinámica, digital y descentralizada. La flexibilidad de la red —la capacidad de adaptarse en tiempo real a las fluctuaciones de la demanda y la oferta— es fundamental en esta evolución y permite obtener los beneficios económicos y sociales de la electrificación y las energías renovables.

Conocemos el coste de la inacción: el Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK) calcula que los daños económicos anuales causados por los efectos del cambio climático podrían costar unos 38 billones de dólares para 2050. Cuanto más tardemos, mayores serán los daños, pero también el coste de oportunidad de perder posibilidades de crecimiento. Por eso el mundo se comprometió en la COP28 a triplicar el despliegue de energías renovables para 2030. Sin embargo, IRENA concluyó que los países solo están en camino de cumplir la mitad de ese compromiso y pide políticas más sólidas, permisos más ágiles y la modernización de las redes eléctricas.

En la COP29, Alianza de Empresas de Servicios Públicos para Cero Emisiones Netas (UNEZA) y 45 de las principales empresas de servicios públicos y proveedores del sector eléctrico del mundo reafirmaron una inversión de más de 117.000 millones de dólares destinada a infraestructura de red, que multiplicará por seis la capacidad de almacenamiento para 2030 y añadirá o renovará 80 millones de redes para 2040.

Debemos responder a la creciente demanda de electrificación y, al mismo tiempo, seguir descarbonizando. Nunca ha sido más sólido el argumento a favor de invertir en redes flexibles y modernas para alcanzar esos objetivos. La flexibilidad de la red maximiza la integración de las energías renovables, estabiliza los costes energéticos, impulsa el crecimiento económico y protege frente a los riesgos de las perturbaciones relacionadas con el clima.

Según BloombergNEF (BNEF), se requiere una inversión de unos 21 billones de dólares en mejoras de la red para 2050 a fin de que el mundo alcance una trayectoria de cero emisiones netas. La inversión es enorme, pero debe compararse con el coste de no hacer nada: alrededor de 38 billones de dólares anuales en 2050.

El futuro de la energía | Ep. 3: Electrificación limpia
El futuro de la energía | Ep. 3: Electrificación limpia
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El argumento a favor de actuar de inmediato: evitar pérdidas económicas y liberar eficiencias

Los sistemas de red obsoletos son un cuello de botella para la transición energética y generan un despilfarro de miles de millones cada año. Solo en cuatro mercados europeos, BloombergNEF calcula que hay casi 2,2 teravatios de capacidad de energía eólica y solar y de almacenamiento en baterías a la espera de conectarse.

Como el despliegue de capacidad renovable ha superado ampliamente las inversiones en la red y las medidas de integración del sistema, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha señalado que los recortes de la generación de electricidad renovable alcanzan el 10 % en varios países. En última instancia, esos costes se trasladan a los consumidores, lo que retrasa que los beneficios de una electricidad más barata se reflejen en sus facturas. Trasladar esos beneficios con mayor rapidez es un imperativo político, económico y social.

Las soluciones están claras: debemos acelerar mucho la expansión de la red, usar las tecnologías más modernas para hacerla flexible y asequible, aumentar drásticamente el almacenamiento de energía y reformar las normas que penalizan la planificación de cara al futuro.

Reconocer que debemos ampliar la red más rápido es una cosa. También debemos adoptar diversas tecnologías para adaptarnos y hacer más resiliente el sistema energético del futuro. Las tecnologías avanzadas, como los reactores modulares pequeños (SMR), pueden complementar las fuentes de energía renovable y proporcionar una fuente de electricidad estable y sin emisiones.

El almacenamiento de energía aumenta aún más la flexibilidad, equilibra la oferta y la demanda y garantiza la estabilidad y resiliencia de la red. Al suavizar los flujos de energía y evitar la congestión, el almacenamiento reduce al mínimo la dependencia de la costosa generación de respaldo. Todo el sistema energético —desde la generación, la transmisión y la distribución hasta la demanda y el almacenamiento— debe ser más flexible. Las tecnologías digitales, combinadas con la electrónica de potencia, son fundamentales para gestionar estos mayores niveles de complejidad y variabilidad.

La electricidad debe ser abundante y asequible

La flexibilidad de la red se traduce directamente en menores costes energéticos para los consumidores. Al optimizar el uso de la infraestructura existente y reducir los recortes, las redes modernas estabilizan los precios de la electricidad. Por ejemplo, la introducción de tarifas basadas en la capacidad en Bélgica dio lugar a una mejora del 8,3 % en la eficiencia de la red.

Se prevé que la electrificación triplique la demanda de electricidad a mediados de siglo, impulsada por los vehículos eléctricos, las bombas de calor y la descarbonización industrial​. Además, la IA está aumentando la demanda de electricidad en un 160 %. Solo en Estados Unidos, los centros de datos representan entre el 2 y el 4 % de la demanda, y hasta el 10 % en algunos estados. Sin redes flexibles, este crecimiento podría sobrecargar la infraestructura existente, elevar los costes y aumentar las emisiones.

Las redes modernizadas garantizan que la oferta de energía siga el ritmo de la demanda y aprovechan recursos energéticos distribuidos, como la energía solar en tejados y las baterías comunitarias. Estos sistemas reducen la dependencia de los combustibles fósiles en los periodos de máxima demanda, disminuyen los costes energéticos y mejoran la fiabilidad.

Reducir los costes de las perturbaciones provocadas por el clima

Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes, y las perturbaciones relacionadas con el clima cuestan miles de millones a la economía mundial cada año. Las redes flexibles, equipadas con supervisión en tiempo real y análisis predictivo, refuerzan la resiliencia al permitir que los operadores ajusten los flujos de energía durante las crisis​.

Por ejemplo, el regulador italiano de la energía, ARERA prioriza las inversiones en la red para aumentar la resiliencia ante fenómenos meteorológicos extremos. Estos proyectos deben demostrar resultados positivos en términos de costes y beneficios que vayan más allá de un enfoque basado exclusivamente en el rendimiento financiero de la inversión.

Promover la equidad y el acceso

Las redes flexibles también abordan las desigualdades energéticas al permitir sistemas energéticos descentralizados. En los mercados emergentes, las microrredes y el almacenamiento distribuido llevan electricidad fiable a comunidades desatendidas, impulsan el crecimiento del PIB y mejoran la calidad de vida.

Las inversiones en la modernización de la red benefician a todas las partes interesadas, desde los grandes consumidores industriales hasta los hogares. La adopción de estructuras tarifarias equitativas, como los precios basados en la capacidad de Bélgica, garantiza la asequibilidad y fomenta un uso eficiente de la energía​.

Por qué importa ahora la flexibilidad de la red

La transición a una red flexible y moderna no consiste solo en satisfacer la demanda de energía: es una inversión estratégica en crecimiento económico, resiliencia climática y equidad mundial. Al aprovechar tecnologías que aumentan la flexibilidad de la red, los países pueden liberar todo el potencial de las energías renovables, estabilizar los costes y construir un futuro más sostenible.

A medida que los gobiernos y las empresas se comprometen con ambiciosos objetivos climáticos, la modernización de la red debe seguir siendo una prioridad. El futuro es dinámico, digital y descentralizado. Invertir hoy en flexibilidad de la red garantiza que las generaciones futuras disfruten de los beneficios económicos y ambientales de un sistema energético más limpio y resiliente.

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