La transición energética radical podría estar más cerca de lo que se esperaba, y ya están en marcha algunos avances de gran alcance. A través de nuestra investigación, hemos identificado ocho ámbitos en los que es más probable que veamos avances rápidos con efectos importantes para el conjunto del sector energético. Aunque estos ocho cambios todavía son posibilidades, los acontecimientos de los últimos años han demostrado que unos pocos cambios inesperados pueden alterar de manera fundamental la trayectoria del sistema energético mundial o de industrias concretas. Hasta hace poco, las energías renovables desempeñaban un papel menor en el sistema energético. Ahora, los avances tecnológicos —impulsados por la I+D, las subvenciones y las tarifas reguladas— han reducido los costes de la nueva capacidad solar y eólica hasta niveles nunca vistos, lo que llevó a que, hace dos años, la nueva capacidad de generación renovable superara por primera vez en la historia a la nueva capacidad basada en combustibles fósiles.
Figura 1

Aunque cualquiera de estos ocho cambios podría tener un impacto sustancial en la demanda anual de petróleo, gas, carbón y electricidad, resulta especialmente importante el grado en que se produzcan. Por ejemplo, ya prevemos que las ventas de vehículos eléctricos (VE) seguirán creciendo. Si esa aceleración se intensificara debido al comportamiento de los consumidores, a la bajada de los precios de los VE o a medidas gubernamentales, como las que hemos visto recientemente en distintos países europeos, la demanda de petróleo del transporte por carretera podría caer un 70% en comparación con nuestro Caso de referencia.
Nuestro análisis también revela que una combinación de estos ocho cambios podría tener un impacto desproporcionadamente grande en los mercados energéticos mundiales. Si todos se materializaran plenamente, la demanda de combustibles fósiles en 2050 se vería afectada de forma significativa. En conjunto, los combustibles fósiles representarían el 58% de la demanda total de energía primaria en 2050 (frente al 70% de nuestro Caso de referencia).
Figura 2

Los compromisos climáticos vigentes y los que aún están por definirse constituyen otro factor importante. La trayectoria de 2 grados descrita en el Acuerdo de París exigiría que los gobiernos tomaran medidas drásticas para acercarse al cumplimiento de sus objetivos. Los avances resultantes y la reducción de costes de tecnologías clave, el aumento de la demanda de soluciones «limpias» y las innovaciones que hoy quizá no vislumbramos podrían alterar aún más el sistema energético.
Esta perspectiva de una transición acelerada se basa en la visión recogida en nuestro Caso de referencia de Global Energy Perspective, un informe anual que presenta la perspectiva de McKinsey sobre la evolución futura de la demanda de energía. Para profundizar en nuestra investigación y analizar cada uno de los ocho cambios y su impacto resultante en la demanda de materias primas, descargue nuestro informe.


