Guía para conocer tu huella de carbono digital y reducirla

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  • Durante los primeros meses de las órdenes de confinamiento por la COVID-19 en 2020, el uso de internet aumentó un 40 %, lo que acabó exigiendo 42,6 millones de megavatios hora de electricidad adicional.

  • Cada año se generan cincuenta millones de toneladas de residuos electrónicos. Es importante desechar correctamente los aparatos electrónicos y buscar alternativas si ya no los necesitamos.

  • Cada vez es más posible que las personas recurran a fuentes de energía renovables, como un pequeño sistema de energía solar.

La presencia digital de la humanidadestá creciendo y, con ella, nuestra huella de carbono.

En mayo de 2020, un tercio de las personas empleadas estaba trabajando a distancia como consecuencia del coronavirus, frente a tan solo un 6 %. Aunque llevar el trabajo (y muchos otros aspectos de nuestra vida) a internet parece más sostenible —porque necesitamos viajar menos y las copias impresas prácticamente han quedado obsoletas—, intensifica nuestra huella de carbono digital y conlleva un enorme coste medioambiental.

El uso diario de nuestros dispositivos requiere una cantidad considerable de electricidad, gran parte de la cual se genera a partir de combustibles fósiles. Durante los primeros meses de las órdenes de confinamiento por la COVID-19, entre enero y marzo de 2020, el uso de internet aumentó un 40 %, lo que acabó exigiendo 42,6 millones de megavatios hora de electricidad adicional, según un estudio dirigido por Yale en 2021. La fabricación de nuestros ordenadores, teléfonos móviles, tabletas y otros dispositivos también tiene importantes consecuencias medioambientales, entre ellas la extracción y el transporte de minerales necesarios para crear sus distintos chips y baterías, al igual que su eliminación. La rápida renovación de los aparatos electrónicos, que se ha vuelto habitual, genera enormes cantidades de residuos electrónicos, que acaban en vertederos o se transportan al extranjero, donde se filtran sustancias peligrosas que amenazan la salud humana.

Sin embargo, el impacto de nuestra vida digital va más allá de estas consecuencias más visibles. Ese correo electrónico, álbum de fotos digitales, clase de ejercicio en línea o documento de trabajo compartido que guardamos en la nube no existe en un espacio nebuloso y libre de carbono. Internet y los datos que almacenamos dependen de centros de datos: enormes espacios que albergan servidores de alto consumo energético donde se almacenan ingentes cantidades de datos, también conocidos como granjas de servidores. Estos centros necesitan mucha electricidad para funcionar, incluida la que requiere todo el equipo para refrigerar las máquinas y mantener los entornos a temperatura controlada.

Estos centros de datos y redes de transmisión de datos representan nada menos que el 2 % de la demanda mundial de electricidad, señala la Agencia Internacional de la Energía; una proporción comparable a la de toda la industria aeronáutica. Aunque se están logrando avances para crear centros de datos más eficientes desde el punto de vista energético, se prevé que para 2040 el almacenamiento de datos digitales genere el 14 % de las emisiones totales del mundo, aproximadamente lo mismo que emite actualmente todo Estados Unidos.

En aumento. Image: AIE

En conjunto, nuestros dispositivos, internet y todos los sistemas que los sustentan representan el 3,7 % de todas las emisiones de gases de efecto invernadero, una cifra que se prevé que se duplique para 2025.

A medida que nos adaptamos a nuestra nueva realidad digital, toma algunas medidas para reducir el impacto de tus dispositivos y de tu presencia digital.

Reduce tus residuos electrónicos

Cada año se generan cincuenta millones de toneladas de residuos electrónicos —el equivalente a tirar 1.000 ordenadores portátiles por segundo— y solo se recicla el 12,5 %, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA).

¿Qué está haciendo el Foro para ayudar a las ciudades a alcanzar un futuro con cero emisiones netas de carbono?

Resiste la tentación de cambiar de dispositivo cada vez que sale un nuevo modelo de teléfono inteligente u ordenador, y cuida los que tienes para que duren lo máximo posible. Muchos productos se fabrican deliberadamente para funcionar solo durante cierto tiempo —un fenómeno llamado «obsolescencia programada»— y para que sean difíciles de reparar por cuenta propia. Empresas como iFixit ofrecen manuales de reparación gratuitos para todo tipo de dispositivos —incluidos iPhone y ordenadores— y venden kits con todas las herramientas necesarias para repararlos por tu cuenta. Apple también anunció recientemente una nueva iniciativa llamada Self Service Repair, que pondrá piezas y herramientas a disposición de los clientes para reparar algunos de sus productos.

Antes de tirar productos que todavía funcionan, considera venderlos o donarlos a organizaciones locales; pero, cuando llegue el momento de desechar aparatos electrónicos, asegúrate de hacerlo correctamente. Busca lugares cercanos donde puedas llevar los residuos electrónicos para reciclarlos. Muchos municipios cuentan con centros de recogida o puntos de entrega de residuos electrónicos, también para artículos grandes que quizá no acepten en otros lugares. Las organizaciones locales sin ánimo de lucro y las organizaciones medioambientales suelen recoger residuos electrónicos, al igual que algunos fabricantes y minoristas que ofrecen programas de reciclaje de aparatos electrónicos para los consumidores, como Best Buy, HP, Samsung y Staples.

Apaga los dispositivos

Ahorra electricidad apagando los dispositivos cuando no los uses. El Departamento de Energía de Estados Unidos recomienda apagar el ordenador si prevés que no lo usarás durante dos horas o más (algo que también es bueno para el ordenador). Reducir el brillo del dispositivo también disminuye el consumo de electricidad; bajar el brillo de la pantalla al 70 % puede ahorrar casi un 20 % de la energía que consume un monitor.

Acostúmbrate a desenchufar los cargadores, televisores y ordenadores de sobremesa cuando no los uses, sobre todo si vas a ausentarte de casa durante un periodo prolongado. Una cuarta parte de toda la energía que se consume en el hogar proviene de la «energía fantasma», ya que muchos dispositivos siguen consumiendo energía cuando están enchufados, aunque estén apagados. Conecta los dispositivos a una regleta o a un protector contra sobretensiones que se pueda encender y apagar para cortar fácilmente el suministro eléctrico de varios dispositivos a la vez.

Haz limpieza en la nube

Para 2025 se almacenarán en la nube cien zettabytes de datos —cada zettabyte equivale a un billón de gigabytes—; una cantidad que estará guardada en la nube (imagina un 1 seguido de veintitrés ceros) y alojada en granjas de servidores que ya se extienden por vastas superficies.

Revisa periódicamente el servicio en la nube que uses —Google Drive, Dropbox, etc.— y elimina los archivos que ya no necesites. Haz lo mismo en el trabajo y pide a tu equipo que dé su aprobación para limpiar las carpetas compartidas que contengan archivos innecesarios o desactualizados. Guarda los datos localmente en tu dispositivo o pasa a un disco duro externo los archivos a los que accedas con poca frecuencia.

Los «tres grandes» gigantes de la computación en la nube —Google, Microsoft y Amazon— han impulsado iniciativas para «ecologizar» sus servicios en la nube; Google destaca como el proveedor de nube más ecológico por su compromiso con la neutralidad de carbono. Sin embargo, los grupos ecologistas han expresado dudas sobre la validez de las afirmaciones de las tres empresas, en parte por su dependencia de proyectos de compensación de emisiones, que son controvertidos y a menudo se utilizan como excusa para seguir usando combustibles fósiles.

Antes de elegir un servicio en la nube para ti o tu empresa, investiga todas las opciones disponibles y ten en cuenta el impacto medioambiental y las emisiones.

Limita el streaming innecesario

El 60 % del tráfico de internet corresponde a vídeos reproducidos en plataformas como YouTube, Netflix y Hulu, entre otras. Según The Shift Project —un centro de estudios francés—, cada año se generan 300 millones de toneladas de dióxido de carbono por ver vídeos, lo que equivale a alrededor del 1 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Aunque no hay nada de malo en relajarse y ver un buen programa, intenta limitar el streaming innecesario siempre que puedas. No dejes vídeos reproduciéndose al salir de la habitación o al quedarte dormido, y desactiva la reproducción automática en YouTube. Cierra las pestañas del navegador que puedan reproducir anuncios en vídeo sin que te des cuenta.

Usa el correo electrónico con más criterio

En definitiva, enviar un correo electrónico es más sostenible desde el punto de vista medioambiental que entregar una carta física y consume solo el 1,7 % de la energía. Sin embargo, sigue teniendo un coste.

Cada correo electrónico —teniendo en cuenta todos los procesos que intervienen al pulsar «enviar»— genera emisiones de carbono: 0,3 gramos de CO2 por un correo no deseado, 4 g por un correo normal y 50 g por uno que lleva una foto adjunta. Para ponerlo en perspectiva, conducir un coche algo más de media milla produce aproximadamente las mismas emisiones que enviar 65 correos electrónicos. Según una estimación, si cada adulto del Reino Unido enviara un correo menos al día (por ejemplo, un simple «gracias» u otras respuestas innecesarias), se podrían ahorrar 16.433 toneladas de carbono cada año: el equivalente a retirar 3.334 coches de la circulación.

Evita enviar correos innecesarios prescindiendo de las fórmulas de cortesía y, cuando sea posible, busca a tus compañeros de trabajo para hablar en persona. Borra los correos antiguos que saturan tu bandeja de entrada y cancela la suscripción a las listas de correo que no necesites.

Usa energía renovable

Aunque los consumidores individuales no pueden decidir cómo utilizan la energía las granjas de servidores o las grandes empresas tecnológicas, sí sabemos que nuestros dispositivos personales pueden funcionar con energía que no genera emisiones nocivas de gases de efecto invernadero. Pasarse a fuentes de energía renovables —como un pequeño sistema de energía solar— es cada vez más posible para las personas, aunque sigue teniendo un coste. Investiga qué sistemas son viables para tu hogar según tu presupuesto, consumo energético y las normativas estatales y locales. Algunas compañías eléctricas ofrecen a los consumidores la opción de abastecer sus hogares con energías renovables, incluso en viviendas de alquiler. Averigua qué ofrece tu proveedor de energía y plantéate pasarte a la energía limpia.

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