Según la AIE, la capacidad mundial de energía renovable se duplicará en los próximos cinco años.
Pero, para un futuro con cero emisiones netas, también hay que descarbonizar todos los componentes de toda la cadena de valor de la infraestructura de energías renovables.
Annika Ramsköld, directora de Sostenibilidad de la empresa energética sueca Vattenfall, explica por qué la cooperación es crucial.
«Sabemos que no podemos hacerlo por nuestra cuenta», declaró Annika Ramsköld, directora de Sostenibilidad de la empresa energética sueca Vattenfall, al Foro Económico Mundial en una entrevista realizada a finales de 2022.
En medio de lo que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) denomina la «primera crisis energética verdaderamente mundial», hay brotes verdes de esperanza.
En diciembre, la AIE afirmó que la crisis estaba acelerando la instalación de energía renovable, hasta el punto de que «se prevé que el crecimiento de la capacidad total en todo el mundo casi se duplique en los próximos cinco años».
Pero este tipo de crecimiento de la capacidad requiere cooperación, que fue el tema de la Reunión Anual 2023 del Foro Económico Mundial.
A pesar del vertiginoso aumento de los costos y de los persistentes problemas en las cadenas de suministro, empresas como Vattenfall, uno de los miembros fundadores de la Coalición First Movers, están liderando la transición hacia la energía limpia y la descarbonización de toda la cadena de valor de la infraestructura de energías renovables.
«Desde hace muchísimo tiempo tenemos una estrategia extremadamente clara para hacer posible una vida sin combustibles fósiles en el plazo de una generación, y esta abarca toda la cadena de valor. En ese empeño, hemos establecido varias alianzas porque sabemos que no podemos hacerlo por nuestra cuenta».
En esta entrevista editada, Ramsköld explica por qué la cooperación es clave y algunos de los desafíos que afrontan.
¿Cómo funciona su modelo de alianzas?
Las alianzas que establecemos se eligen con mucho cuidado. Sabemos que, cuando construimos un parque eólico, necesitamos mucho acero para las torres, mucho hormigón para los cimientos, transportar esos componentes, etcétera. Por eso analizamos todas las áreas de la cadena de suministro en las que tenemos una huella.
También hemos analizado con mucho cuidado dónde se producen las emisiones en el mundo. Desde la perspectiva de Suecia y el norte de Europa, un tercio de las emisiones proviene del transporte y otro tercio, de la industria. Sabemos que, si podemos ayudar a sustituir los combustibles fósiles por electricidad sin combustibles fósiles, podemos hacer una contribución enorme. Por eso hemos examinado cada sector industrial clave —el hierro y el acero, las refinerías, la industria química, etcétera— y hemos identificado deliberadamente esos sectores y establecido colaboraciones con ellos.
Se trata, en gran medida, de aprovechar los conocimientos adquiridos en alianzas anteriores y los contactos que tenemos con muchas otras industrias y proveedores. Tenemos varias colaboraciones industriales muy interesantes para producir acero sin combustibles fósiles, combustible de aviación sin combustibles fósiles y biodiésel sin combustibles fósiles. Se trata de electrificar el transporte pesado.
¿Qué desafíos implica electrificar todos estos sectores cuya descarbonización es difícil?
Significa que tenemos que construir mucha más infraestructura de energías renovables. Tenemos la tecnología y la capacidad para hacerlo, pero necesitamos contar con los procesos de autorización. También necesitamos, sin duda, la aceptación del público y de las comunidades, porque para construir instalaciones renovables necesitamos acceso a terrenos y fondos marinos. Antes, un gran problema eran los NIMBY (Not In My Backyard, «no en mi patio trasero»). Pero ahora se ha convertido en lo que llamamos BANANA: «Build Absolutely Nothing Anywhere Near Anyone» («no construir absolutamente nada cerca de nadie»).
Ese es un problema en sí mismo. Pero, por otro lado, creo que cuanto más podamos trabajar juntos —políticos, comunidades y distintos socios—, más veremos que esto generará nuevas oportunidades de empleo. Hay que crear alianzas para hacerlo realidad. Cuando se quiere adoptar una tecnología transformadora y adentrarse en territorios totalmente nuevos y desconocidos, es necesario asociarse y contar con el apoyo del público, tanto de la ciudadanía como de los políticos. Hay que compartir las inversiones.
En esta crisis energética actual, ¿están viendo que los países recurren más a las energías renovables para reducir su dependencia del gas ruso?
Algunos actores de algunos países ven que debemos avanzar mucho más rápido en el sector de las energías renovables para ser independientes. Si hubiéramos acelerado el proceso antes, no estaríamos en la situación crítica actual. Por otro lado, algunos tienden a volver a «lo que conocemos». Así que vemos ambas tendencias: algunos regresan al sistema basado en combustibles fósiles y otros aceleran [la transición hacia la energía limpia]. Hay una mezcla. En Europa tenemos el paquete «Objetivo 55». Sin duda, hay un claro impulso político para que cumplamos nuestros compromisos.
Vattenfall es uno de los miembros fundadores de la Coalición First Movers del Foro. ¿Qué avances se han logrado desde que se anunció la coalición?
Hemos empezado a ver que distintas empresas anuncian iniciativas. Se trata de dar visibilidad e inspirar a otros para que vean que las cosas avanzan. Desde su lanzamiento, ahora estamos reuniendo volúmenes de demanda. Ya está claro que la demanda supera a la oferta. Pero ese es precisamente el propósito de la Coalición First Movers: mostrar a quienes pueden llevar la oferta al mercado que existe una enorme demanda, para que se atrevan a invertir en estas tecnologías. Ahora estamos creando un pilar financiero para poder asegurar los fondos de inversión.
En los grandes proyectos de infraestructura, ¿cuál es la situación respecto al uso de materiales reciclados o a la incorporación del fin de vida útil en la fabricación?
Necesitamos tecnologías transformadoras. Sabemos que el 50 % de las reducciones de [emisiones] que debemos lograr para 2050 depende de soluciones que todavía no existen a escala comercial. En el mejor de los casos, están en fase piloto; quizá solo existen sobre el papel. Por eso, esas tecnologías transformadoras deben llegar al mercado. Al mismo tiempo, por supuesto, tenemos que hacer todas las pequeñas cosas que sí podemos hacer. Así que las distintas colaboraciones en las que participamos tienen objetivos diferentes. Sin duda, tenemos que reciclar. Ya pedimos a los proveedores de acero, hormigón, etcétera, que reciclen una determinada cantidad. El objetivo general es reducir la huella de carbono. Pero lo que podemos hacer aquí y ahora es empezar a reciclar y reutilizar.
Lo emocionante ahora es que vemos que el cambio climático está causado, en realidad, por el dióxido de carbono y los gases de efecto invernadero. Y todos los consideramos algo perjudicial. Sin embargo, el dióxido de carbono y el hidrógeno serán algunos de los componentes clave para producir materiales que hoy dependen por completo de los combustibles fósiles. Pero si capturamos dióxido de carbono, producimos hidrógeno con electricidad sin combustibles fósiles y empezamos a fabricar hidrocarburos, ya no necesitaremos extraer petróleo y gas del subsuelo. En ese sentido, también estamos reciclando.
¿Qué han aprendido al participar en estos proyectos?
Creo que una enseñanza clave es que, si se tiene un objetivo común claro y una agenda para lo que se quiere lograr, se acelera mucho el avance y se puede tener un impacto real no solo en las propias operaciones, sino también ayudar de verdad a la sociedad, a los clientes y a los proveedores a descarbonizarse. A menudo se trata de los proveedores: si pensamos en los aerogeneradores, necesitamos acero sin combustibles fósiles, cemento sin combustibles fósiles, etcétera. Pero esos materiales se encuentran en niveles posteriores de la cadena de suministro, y sus fabricantes suelen ser también nuestros clientes. Así que, de algún modo, se crea un ecosistema. Eso significa que debemos descarbonizar a nuestros clientes y, al mismo tiempo, nuestras cadenas de suministro. Es una muy buena manera de garantizar que trabajemos en toda la cadena de valor.
Si tomamos como ejemplo el proyecto de acero sin combustibles fósiles HYBRIT, también recibimos apoyo público de la autoridad energética y logramos acortar los plazos. Empezamos con un estudio de viabilidad, vimos que todo funcionaba y pudimos reducir considerablemente el cronograma. Así que la enseñanza clave es que, si todo se alinea, se sabe conjuntamente hacia dónde se quiere ir y se obtiene el apoyo público necesario, las cosas pueden avanzar muy rápido. Pero realmente hace falta trabajar juntos. Y si falta algún elemento, como los permisos, el apoyo político o el apoyo público, las cosas llevarán tiempo. No puedo insistir lo suficiente: las alianzas son, sin duda, el camino a seguir, y las alianzas público-privadas conjuntas son clave para hacerlo realidad.
También es muy importante que los proyectos sean fáciles de entender para otros actores. Son una enorme fuente de inspiración para los demás. Y está muy claro que, cuando uno sale a hablar de estas iniciativas, supone una llamada de atención para quienes dicen: «De acuerdo, sí, dicen que realmente es posible. Ahora nos toca actuar también».
¿Cuánta esperanza tiene de que podamos hacer frente al cambio climático?
Están pasando muchas cosas en Europa y en otras regiones. Si lo comparamos con hace tres años, hay una mayor conciencia de que necesitamos alianzas y de que debemos empezar a actuar aquí y ahora. Lo más claro que veo es que las empresas están pasando de las palabras a la acción. Vemos muchas pruebas, proyectos piloto y planes de demostración de nuevas tecnologías, y empiezan a abundar. Así que, sin duda, están pasando cosas. Eso, por sí solo, ya me da mucha esperanza. Ahora tenemos que asegurarnos de darles visibilidad, porque inspiran y demuestran que es posible, así como la fuerza de unir esfuerzos en distintos tipos de alianzas.
¿Qué más cree que debe suceder?
Hay fondos disponibles, pero ahora tenemos que asegurarnos de que lleguen a donde puedan marcar la diferencia, para que se pongan en marcha ese tipo de actividades de implementación. Vemos muchos proyectos piloto y demostraciones, etcétera, en curso en Europa, y también en Asia y Estados Unidos. Pero creo que debemos asegurarnos de que esto no se limite a la parte privilegiada del mundo; hay que garantizar que también beneficie al mundo en desarrollo. En la medida de lo posible, debemos dirigir allí también una parte considerable de la financiación.
También es importante que todos entiendan que cada kilovatio hora cuenta. Para llevar a cabo esta gran transformación, también es muy importante ahorrar energía y utilizar los recursos de manera eficiente. Al mismo tiempo, hay que garantizar que la energía se use para los fines adecuados y no se desperdicie. Nos hemos acostumbrado a disponer de energía en abundancia, pero debemos asegurarnos de utilizarla de forma inteligente.
¿Cómo impulsa el Foro Económico Mundial la transición energética?
El Centro de Energía y Materiales conecta a líderes para que comprendan las complejas transiciones que están transformando los sistemas energéticos, de materiales e industriales. Ofrece una plataforma para explorar cómo se entrecruzan la seguridad energética, la asequibilidad y la sostenibilidad.
Mediante la colaboración entre cadenas de valor y regiones, el Centro facilita vías compartidas que ayudan a los socios a coordinarse en torno a soluciones prácticas para una transición segura, con bajas emisiones de carbono y equitativa.


