Cómo puede la banca local impulsar la descarbonización en los mercados emergentes

A solar farm in the Atacama desert, Chile: Local banks are key to creating climate-smart finance opportunities in emerging markets.
Local banks are key to creating climate-smart finance opportunities in emerging markets.Image: Reuters/Fabian Andres Cambero
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  • Los mercados emergentes necesitan 1 billón de dólares al año para alcanzar las cero emisiones netas.

  • La inversión en energía limpia en la mayoría de los mercados emergentes se mantiene estancada, pese a los grandes beneficios económicos que podría generar.

  • Los bancos locales son clave para crear oportunidades de financiación climáticamente inteligente en estas regiones.

La transición hacia un futuro energético con bajas emisiones de carbono es crucial para limitar el aumento de la temperatura mundial a 1,5 °C y evitar los efectos catastróficos del cambio climático. Las políticas climáticas actuales nos encaminan a un calentamiento de 2,7 °C por encima de los niveles preindustriales, cuando, según lo acordado en el Acuerdo de París, debemos alcanzar las cero emisiones netas de carbono para 2050.

El cambio de paradigma necesario para alcanzar este objetivo requiere inversiones verdes y climáticas adicionales significativas en todos los sectores de la economía, la mayoría de las cuales se destinarán a los mercados emergentes, donde son muy necesarias, y ofrecen grandes oportunidades de inversión y potencial de crecimiento. Para alcanzar los objetivos mundiales de descarbonización, la inversión tendrá que casi triplicarse, pasando de 760.000 millones de dólares en 2019 a 2,2 billones de dólares en 2030, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Además, los mercados emergentes necesitan 1 billón de dólares al año en financiación pública y privada para hacer la transición a una economía con cero emisiones netas.

Ambiciones climáticas en los mercados emergentes

El sector financiero desempeña un papel clave en la transición a economías con bajas emisiones de carbono. En consonancia con los objetivos climáticos mundiales establecidos en el Acuerdo de París, el sector privado se ha comprometido a canalizar los recursos económicos necesarios para hacerla posible e identificar los riesgos a los que están expuestos los agentes económicos responsables de tomar decisiones de inversión.

En la COP26, la Alianza Financiera de Glasgow para las Cero Emisiones Netas (GFANZ) anunció que se habían comprometido más de 130 billones de dólares de capital privado a la neutralidad de carbono. Las empresas, los bancos, las aseguradoras y los inversores tendrán que ajustar sus modelos de negocio y aplicar planes para lograr esta transición. Además, la Alianza Bancaria para las Cero Emisiones Netas, facilitada por la Iniciativa Financiera del PNUMA (UNEP FI), que cuenta con 90 miembros y representa más de 60 billones de dólares en activos, trabaja para acelerar y aplicar estrategias de descarbonización. La alianza, que incluye 12 bancos de América Latina y el Caribe, busca apoyar los esfuerzos de sus miembros para alinear sus carteras de inversión y préstamos con los objetivos de cero emisiones netas para 2050.

La mayor parte de esta inversión deberá destinarse a proyectos orientados al mercado interno que generen oportunidades de desarrollo nacional. La crisis de la COVID-19 golpeó a los mercados emergentes y los países en desarrollo cuando las empresas paralizaron la producción y se interrumpieron las cadenas de valor mundiales. Por ejemplo, América Latina y el Caribe fue una de las regiones más afectadas, y algunos países registraron contracciones económicas superiores al 10 % en 2020, lo que agravó los desafíos ya existentes. Aumentar la acción climática y ampliar las inversiones para alcanzar las cero emisiones netas podría respaldar una recuperación sostenible y resiliente al clima.

Reforzar las ambiciones climáticas del sector financiero local también puede tener un efecto catalizador, ya que este cuenta con conocimiento local y alcance. Además, estamos viendo surgir productos verdes resilientes a los efectos del clima, es decir, instrumentos financieros relacionados con proyectos de bajas emisiones, como préstamos verdes, bonos verdes, etc.

Sin embargo, las acciones a corto plazo no serán suficientes. Deben combinarse con ambiciones a medio y largo plazo, estrategias de compromiso y hojas de ruta para aplicar vías de descarbonización a largo plazo que también podrían generar beneficios económicos y sociales. Se estima que la transición a una economía con cero emisiones netas podría crear más de 15 millones de nuevos empleos netos para 2030 en América Latina y el Caribe, según un estudio del BID y la OIT. En el Sudeste Asiático, una economía verde podría generar hasta 1 billón de dólares en oportunidades económicas, y las nuevas áreas de crecimiento contribuirían entre el 6 % y el 8 % del PIB de la región para 2030.

Durante la última década, la inversión internacional privada en activos de energía limpia en los mercados emergentes se ha más que triplicado, de 6.000 millones de dólares en 2010 a 28.000 millones de dólares en 2019, según los datos de financiación de activos de energía limpia de Bloomberg NEF. Sin embargo, este crecimiento de la inversión privada en activos de energía limpia se concentró en solo 20 países. Los flujos de inversión hacia otras 84 economías emergentes analizadas se han mantenido estancados, según el Banco Mundial.

Financiación climática local con menos riesgos

Los bancos locales de los mercados emergentes afrontan diversos desafíos: una percepción elevada del riesgo país en ciertas geografías, bajas calificaciones crediticias, balances débiles en algunas jurisdicciones, falta de conocimientos y capacidades relacionados con el clima, comprensión limitada de las nuevas tecnologías climáticas y falta de acceso a alianzas mundiales de capital climático, entre otros.

Un mecanismo que ofrezca instrumentos de mitigación de riesgos (financiación combinada, garantías de primera pérdida, etc.), así como recursos financieros para asistencia técnica personalizada e individualizada (es decir, «preparación de bancos climáticamente inteligentes»), puede acelerar este proceso al crear las capacidades y herramientas necesarias para ampliar la financiación climática local. La financiación de proyectos, las metodologías de divulgación, la inteligencia de mercado, las vías de descarbonización y el acceso a alianzas mundiales, entre otras, forman parte de estas capacidades y herramientas.

En otros sectores se han aplicado con éxito enfoques similares para crear sólidas carteras de proyectos financiables, como la Global Infrastructure Facility (GIF), una plataforma de colaboración mundial que integra esfuerzos para impulsar la inversión privada en infraestructura sostenible. La GIF proporciona fondos para asistencia técnica en la preparación y el desarrollo de proyectos y, hasta noviembre de 2021, había movilizado una inversión total de 76.000 millones de dólares, incluidos 52.000 millones de dólares de inversión privada en más de 56 países y en sectores como la energía, el transporte y otros.

Esta solución impulsará un sistema de financiación climáticamente inteligente en los países en desarrollo y los mercados emergentes al aprovechar recursos y conocimientos especializados para ayudar a los bancos a crear carteras limpias y descarbonizar las actuales. Por ejemplo, BID Invest presta servicios de asesoría a Produbanco, de Ecuador, para definir una hoja de ruta que le permita cumplir su compromiso de alcanzar las cero emisiones netas para 2050. Replicar este enfoque en todo el sistema bancario de los mercados emergentes impulsará la financiación de proyectos nacionales de energía limpia en geografías complejas.

En resumen, ayudar a los bancos locales a definir y aplicar una estrategia de cero emisiones netas puede ser decisivo para la tan necesaria transición energética en los mercados emergentes. Esto desbloqueará el potencial de nuevos proyectos que aceleren las ambiciones de alcanzar las cero emisiones netas. En todo el mundo hay capital y conocimientos especializados para la acción climática; sin embargo, para ampliar la distribución equitativa de los recursos, incluido el capital, es absolutamente fundamental crear alianzas locales, y los bancos locales están muy bien posicionados para aportar la solidez y el compromiso necesarios para alcanzar los objetivos climáticos.

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