Este artículo se publica en colaboración con The Conversation.
Los suelos del mundo podrían ser un aliado clave en la lucha por limitar el calentamiento global a 2 ºC, gracias a su capacidad para almacenar carbono y mantener los gases de efecto invernadero fuera de la atmósfera.
El ministro de Agricultura de Francia, Stéphane Le Foll, ha impulsado un ambicioso programa de investigación internacional, denominado “4 pour mille” (“4 por 1000”), que pretende aumentar la cantidad de materia orgánica que contiene carbono en los suelos del mundo en un 0,4 % cada año.
El programa fue lanzado oficialmente hoy en la cumbre sobre el clima de las Naciones Unidas celebrada en París, con la esperanza de sumar el mayor número posible de países.
¿Cuánto carbono almacenan los suelos? Mucho. Alrededor de 2,4 billones de toneladas de carbono, el suelo es el mayor depósito de carbono terrestre, y los 2 primeros metros de los suelos del planeta almacenan cuatro veces más carbono que todas las plantas del mundo. El carbono almacenado en el suelo también puede permanecer allí durante mucho más tiempo en comparación con el carbono de las plantas.
Gracias a los mapas publicados recientemente sobre las reservas mundiales de carbono en el suelo, podemos calcular cuánto carbono adicional debe almacenarse en los suelos (y dónde) para alcanzar el objetivo.
El tamaño de la tarea
Hay alrededor de 149 millones de kilómetros cuadrados de tierra en el mundo, por lo que, si todo el carbono del suelo del mundo se distribuyera uniformemente, habría 161 toneladas por hectárea. Alcanzar el objetivo del 0,4 % implicaría aumentar las reservas de carbono del suelo en 0,6 toneladas (600 kg) de carbono por hectárea y año, de media.
Por supuesto, los suelos del mundo varían mucho en su capacidad de almacenar carbono: los suelos de turba tropicales, por ejemplo, contienen unas 4.000 toneladas de carbono por hectárea, mientras que los suelos arenosos de las regiones áridas pueden almacenar solo 80 toneladas por hectárea. El tipo de vegetación sobre el suelo y la velocidad con la que los microorganismos del suelo utilizan el carbono también pueden afectar a la cantidad almacenada. En términos generales, solo una cuarta parte de la materia orgánica añadida al suelo acaba almacenándose como carbono a largo plazo.
Los agricultores y otros propietarios de tierras necesitarían información detallada sobre lo que exactamente deben hacer en sus propios suelos para aumentar el carbono almacenado en la cantidad requerida.
¿Es alcanzable el objetivo?
Diversos estudios realizados en todo el mundo sugieren que el carbono del suelo podría almacenarse, potencialmente, a un ritmo de 500 kg de carbono por hectárea y año (ligeramente por debajo del objetivo medio) mediante la reducción del laboreo y la siembra de cultivos de cobertura leguminosas.
Estas estimaciones varían según el tipo de suelo y las regiones climáticas. Nuestra investigación sugiere que algunas zonas agrícolas del mundo tienen el potencial de alcanzar, al menos a nivel local, el objetivo del 0,4 %, mediante aumentos globales más modestos del almacenamiento de carbono. Restaurar el contenido de carbono del suelo en estas zonas es una situación en la que todos ganan, ya que compensará las emisiones de gases de efecto invernadero y, al mismo tiempo, mejorará la calidad del suelo.
Un ejemplo de ello es Australia, donde las estimaciones actuales de carbono del suelo sugieren que el objetivo del 0,4 % podría alcanzarse aumentando el carbono del suelo solo en 220 kg por hectárea, algo que podría lograrse fácilmente en zonas que no sufren sequía.
La aspiración del “4 por 1000” es ambiciosa, pero quizá aún más importante es el efecto que esta iniciativa tendrá en el fomento de una buena gestión del suelo, lo que a su vez puede contribuir a mitigar el cambio climático. Al promover prácticas agrícolas que almacenen más carbono, también podemos ayudar a los agricultores a mejorar la calidad de sus suelos y, al mismo tiempo, reforzar la seguridad alimentaria.
La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Budiman Minasny es profesor de modelización del paisaje y del suelo en la Universidad de Sídney. Alex McBratney es catedrático de Ciencia del Suelo en la Universidad de Sídney. Brendan Malone es investigador en la Universidad de Sídney. Uta Stockmann es investigador/a en la Universidad de Sídney.
Imagen: Un minero de oro utiliza una bicicleta para transportar un saco de tierra arenosa al este de Kampala, la capital de Uganda. REUTERS/Edward Echwalu.
