El auge de la industria móvil en el mundo en desarrollo podría ser una buena noticia para los 1.300 millones de personas que todavía carecen de acceso a la energía, y todo tiene que ver con las torres de telecomunicaciones. En 2014, casi 320.000 de ellas se encontraban en zonas sin conexión a la red, y dependían de costosos generadores diésel cuya capacidad suele estar infrautilizada, en algunos casos por un factor de 5.
Esa capacidad excedente podría utilizarse para alimentar microrredes y abastecer a las comunidades cercanas que carecen de electricidad, evitando así las costosas redes centralizadas del mundo desarrollado. El potencial es considerable: más del 40 % de las personas sin conexión a la red tienen un teléfono móvil, lo que sugiere que al menos esa misma proporción está al alcance de una torre de telecomunicaciones.
La fuente de energía de estas microrredes para torres suele ser limpia y renovable. De hecho, la electricidad generada con diésel suele ser demasiado cara para las comunidades sin conexión a la red: muchas viven con menos de 2 dólares al día y los precios del diésel suelen estar por encima de 1 dólar por litro. En cambio, la electricidad de origen solar es cada vez más asequible gracias a su bajo coste y a la sencillez del diseño del sistema
. En solo tres años, por ejemplo, una empresa con sede en India, OMC, ha conectado casi 40 torres a microrredes basadas en energías renovables, que suministran electricidad a unas 30.000 viviendas. La torre de telecomunicaciones actúa como cliente ancla y la energía sobrante se vende a las comunidades a un precio asequible.
Eso no significa que este modelo no presente desafíos. En particular, la falta de visibilidad sobre los planes nacionales de ampliación de la red puede generar incertidumbre sobre la viabilidad de la inversión en estas microrredes. «Los productores e inversores de energía sin conexión a la red necesitan tener la seguridad de que su plan de negocio no se vendrá abajo cuando llegue la red», afirma Evan Scandling, director general de Sunlabob Renewable Energy en Myanmar.
«En Myanmar, donde en los próximos años inevitablemente convergerán la ampliación de la red nacional y los productores de energía sin conexión a la red, la medida de política más importante en este momento sería una garantía firme del Gobierno de que los productores de energía sin conexión a la red del sector privado podrán seguir vendiendo electricidad cuando llegue la red principal», añade.
Para los promotores de microrredes, una opción para asegurar un sólido ROI es dirigirse a zonas rurales donde es poco probable que se amplíe la red, o donde es poco probable que se haga dentro del plazo de la inversión. Por su parte, los gobiernos pueden ayudar a impulsar la demanda exigiendo que las torres de telecomunicaciones pasen a utilizar energías renovables, como hizo India, y ofreciendo una visión clara de sus planes de ampliación de la red, acceso a ellos e información sobre cómo afectarán a los derechos de operación de los micrproductores si la red principal llega a sus inmediaciones.
Dado que el diésel representa entre el 70 y el 80 % de los costes operativos de una torre sin conexión a la red, y que se prevé que la factura total del sector alcance los 19.000 millones de dólares en 2020, la industria móvil ya está abandonando activamente el diésel. A los promotores de microrredes les convendría actuar con rapidez para hacerse con una parte de ese mercado y aprovechar la oportunidad de llevar electricidad a las comunidades cercanas. Si se quiere aprovechar esta oportunidad, hay que hacerlo ahora. Este artículo se publica en colaboración con GE Look Ahead
. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas. Para mantenerse al día sobre la Agenda, suscríbase a nuestro boletín semanal
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Autor: Zachary Shahan es director de CleanTechnica.com y Planetsave.com, además de fundador de SolarLove.org, EVObsession.com y Bikocity.com.
