Será casi imposible alcanzar los objetivos de emisiones netas cero o de 1.5°C sin enfoques unilaterales.
Colectivamente, hemos subvalorado los árboles, y cada vez somos más conscientes de sus inmensos beneficios sistémicos.
TreesAI trabaja junto con innovadores y municipios para ayudar a las ciudades y a los ciudadanos a considerar sus espacios verdes como poderosos activos sociales, culturales y financieros.
Una conferencia climática mundial como la COP26 del año pasado es a la vez emocionante y agotadora, y resulta difícil no sentir un bajón cuando, tras haber ocupado el primer lugar de la agenda, el clima vuelve a competir con otros asuntos en las agendas públicas y políticas: una pandemia mundial, la pobreza, presupuestos cada vez más reducidos y otras preocupaciones del mundo.
Esta COP fue diferente a ediciones anteriores. Históricamente se ha hecho mucho hincapié en la ciencia climática y la política climática, pero esta vez, con cuestiones que parecían más urgentes, la cuestión del cambio climático se dirigió a la comunidad financiera, desplazando el enfoque de las soluciones políticas o ambientales hacia soluciones financieras.
Si resumiéramos nuestra experiencia de las actividades de Glasgow en un mensaje clave, sería que será casi imposible alcanzar los objetivos de emisiones netas cero o de 1.5°C sin enfoques unilaterales. Para apoyar la restauración de la naturaleza, necesitaremos enfoques sincronizados que conecten al sector privado, al sector público y al público en general. El cambio climático es una cuestión para los sectores político, burocrático, cultural y financiero. Estas interdependencias se amplifican en los densos centros de convivencia, es decir, en nuestras ciudades.
¿Qué hace el Foro Económico Mundial para promover el desarrollo urbano sostenible?
Las ciudades son responsables del 75 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y albergan a más de la mitad de la población mundial, una cifra que crecerá hasta alcanzar dos tercios en 2050. Al priorizar la energía más limpia, las ciudades podrían contribuir con más de la mitad de los recortes de emisiones necesarios para limitar el calentamiento global a menos de 2°c, lo que estaría en línea con el Acuerdo de París.
Para alcanzar ciudades con emisiones netas cero y positivas para la naturaleza y comunidades para 2050, el Foro Económico Mundial colabora con socios de los sectores público y privado en iniciativas que impulsan la ambición global mediante la acción local. Estas son solo algunas:
Davos Baukultur Alliance: Promover la planificación, construcción y gestión de alta calidad de edificios, infraestructuras y espacios públicos, con principios basados en la resiliencia climática, la sostenibilidad y la circularidad en el entorno construido. Más información.
Global New Mobility Coalition: Explorar nuevas soluciones para reducir la congestión y las emisiones, mejorar la infraestructura de vehículos eléctricos y transformar la movilidad urbana y las entregas. Más información.
Alliance for Urban Innovation: Conectar a innovadores y emprendedores con nuevos mercados y oportunidades que reimaginen y transformen la calidad de vida y las economías locales. Más información.
G20 Global Smart Cities Alliance: Acelerar soluciones inteligentes y prácticas para generar resiliencia climática, mejorar el bienestar público y abordar los desafíos más apremiantes a los que se enfrentan las ciudades y las comunidades locales. Más información.
Future of Travel and Tourism: Impulsar un crecimiento económico inclusivo y sostenible, preservando el patrimonio cultural y protegiendo los ecosistemas naturales. Más información..
Descubra cómo puede formar parte de nuestros esfuerzos por crear ciudades y comunidades más sostenibles y habitables. Contáctenos aquí.
La plantación y el mantenimiento de árboles urbanos corresponde normalmente al sector público, y su coste se asigna a los departamentos de parques o de medio ambiente. Pero colectivamente hemos subvalorado los árboles, y cada vez somos más conscientes de sus inmensos beneficios sistémicos. Capturan carbono, pero también contribuyen a los servicios de salud y de bienestar mental; en torno a las escuelas amortiguan el ruido y mejoran el rendimiento educativo; proporcionan un material de construcción sostenible y, para los entusiastas de las finanzas y los seguros, los árboles son una cobertura natural que aporta estabilidad y reduce el riesgo de inundaciones provocado por fenómenos meteorológicos extremos.
Por estas razones, hemos establecido ambiciosos objetivos mundiales de plantación de árboles, pero nuestras deficiencias históricas afectan a las personas más vulnerables de la sociedad, y la COVID-19 ha puesto de manifiesto profundas desigualdades en el acceso a los espacios verdes. En el Reino Unido, 295 barrios desfavorecidos con 440,000 habitantes se consideran desiertos grises, sin árboles ni espacios verdes accesibles.
Los políticos se muestran siempre entusiastas de la plantación de árboles, al igual que las empresas que buscan cumplir ambiciosos objetivos ESG. Y, lamentablemente, esto es solo el principio del trabajo. Más allá de las oportunidades fotográficas que ofrece la plantación de árboles, el mantenimiento de los árboles es la cuestión más apremiante. El huracán Filomena devastó un tercio de los árboles de Madrid, y se prevé que la grafiosis afecte al 12,5% de las existencias de árboles de Glasgow en los próximos 10 años. La edad media de un árbol urbano es de diez años, y sabemos que, para obtener los máximos beneficios de los árboles urbanos, es necesario que vivan más de cincuenta años, por lo que también debemos replantearnos la forma en que mantenemos las existencias de árboles. Esta no puede ser tarea exclusiva de un departamento de parques; la gestión a largo plazo de los espacios verdes urbanos requiere la amplia participación e interacción de sus múltiples partes interesadas y beneficiarios.
Durante la COP26 presentamos TreesAI—una plataforma en la nube creada para hacer frente a la disminución de las existencias de árboles en las ciudades. Al concebir los árboles como activos, esperamos ayudar a las ciudades a ser más resilientes ante los desastres climáticos. Llevamos un año trabajando junto a Glasgow y, desde entonces, nos hemos convertido en socios oficiales del Ayuntamiento de Glasgow para lanzar nuestro primer proyecto piloto y ayudar a la ciudad a hacer crecer bosques urbanos sanos.
TreesAI complementa y se basa en el trabajo de varios proyectos innovadores basados en la naturaleza que se llevan a cabo actualmente en todo el mundo. CityLAB en Berlín, TreeFolks en Austin, Melbourne Forest Visual, y NYC Street Trees se encuentran entre los diversos servicios que animan a los ciudadanos a participar en la cartografía, el seguimiento y el mantenimiento de las existencias de árboles urbanos. Tree Tracker recopila y pone a disposición información sobre los árboles, mientras que ForesTree y Ezytreev proporcionan una mejor infraestructura para la gestión forestal.
También hay mucha innovación en el ámbito financiero. Abundance Capital ayuda a los inversores a destinar fondos a la financiación de infraestructuras para la emergencia climática y un futuro más verde. Environmental Impact Bond es el primer servicio estadounidense de bonos de impacto verde, Forest Resilience Bond fomenta la inversión privada en la restauración forestal. ForestaMI ya trabaja para conectar una amplia red pública y privada, y su objetivo es plantar tres millones de árboles en Milán. GainForest es un fondo descentralizado que utiliza la inteligencia artificial para medir y recompensar la gestión sostenible de la naturaleza.
Estas son solo algunas de las numerosas iniciativas que desarrollan herramientas e infraestructuras colectivas para repensar nuestra relación con la naturaleza, dentro de paradigmas económicos, culturales y burocráticos.
En última instancia, nuestro objetivo es trabajar junto con estas innovaciones y municipios para facultarlos a considerar sus espacios verdes como poderosos activos sociales, culturales y financieros, con el fin de garantizar una distribución equitativa de los beneficios para todos los residentes y empresas, y establecer los árboles urbanos como una auténtica Solución basada en la naturaleza que nos ayude a hacer frente a nuestra emergencia climática.
Sabemos que las Soluciones basadas en la naturaleza tienen el potencial de abordar ⅓ de la mitigación del cambio climático rentable en todo el mundo. Los recientes confinamientos debidos a la pandemia de COVID-19 han puesto de relieve el valor de los espacios urbanos verdes para nuestro bienestar físico y mental, así como la gran variedad de procesos ecosistémicos de los que todos nos beneficiamos cada día.
Si somos serios con los objetivos climáticos, la forma en que construimos, habitamos y mantenemos las ciudades exige un cambio urgente; nuestro reto es ir más allá de la energía y el entusiasmo de la COP26, manteniendo el clima en la agenda y reconociéndolo como parte de una crisis profundamente interconectada en la que todos somos partes interesadas. Fundamentalmente, nuestra función ahora es prestar atención a la naturaleza, reunirnos en torno a los árboles, como lo hacían nuestros antepasados hace generaciones, pero ahora mediante la gestión con acceso a una nueva generación de herramientas tecnológicas, burocráticas y financieras y de prácticas relacionales.



