Jordania se encuentra en una región sacudida con frecuencia por la agitación geopolítica y suele asociarse con la percepción de un riesgo creciente. En efecto, acoge a unos 2,5 millones de refugiados, en su mayoría de Cisjordania y Gaza, Egipto e Iraq, aunque, más recientemente, también a unos 600.000 de Siria.
Con un PIB de 38.000 millones de dólares y una población de 6,5 millones, Jordania también es un país pequeño que depende de las importaciones para cubrir el 97 % de sus necesidades energéticas. Durante décadas recibió energía subvencionada de sus países vecinos, incluido Egipto, que suministraba combustible en condiciones concesionarias y representaba el 80 % de la generación eléctrica de Jordania.
Sin embargo, el país tiene grandes aspiraciones de desarrollo: se propone obtener el 10 % de su energía de fuentes renovables para 2020 y prevé un crecimiento del PIB del 7,5 % para 2025, al tiempo que reduce la deuda nacional al 47,4 % del PIB para 2025.
La infraestructura es un componente fundamental para hacer realidad estas ambiciones, y en las últimas dos décadas el país ha hecho mucho para demostrar cuán alcanzables son estos objetivos.
Jordania ha recurrido cada vez más a las asociaciones público-privadas (APP) para transformar el país y desarrollar infraestructura. Entre estas iniciativas figuran la construcción del Aeropuerto Internacional Reina Alia y las obras de tratamiento de aguas residuales y energía.
Al poner en marcha proyectos, Jordania ha emprendido muchas de las reformas previas necesarias para ejecutar con éxito las APP, entre ellas, establecer un marco regulatorio y crear una Unidad de APP en 2013 dentro de su Ministerio de Finanzas.
Como resultado, en la última década Jordania estructuró proyectos de APP por valor de 10.000 millones de dólares. De manera notable, Jordania siguió convocando licitaciones internacionales durante la Primavera Árabe y, en los últimos tres años —particularmente difíciles—, logró atraer más de 3.000 millones de dólares para proyectos de APP de energía renovable.

El respaldo de MIGA a cuatro proyectos solares en la primera ronda de un programa nacional de energía renovable ha ayudado a Jordania a dejar de depender del financiamiento del sector público y a ganarse la confianza de los inversores privados.
Los cuatro proyectos contemplaban la construcción y operación, por parte de promotores internacionales, de plantas solares de entre 10 MW y 20 MW que venderán electricidad durante 20 años a la empresa nacional de servicios públicos. El Ministerio de Finanzas otorgó garantías a cada una de las sociedades de proyecto para asegurar el cumplimiento de las obligaciones de dicha empresa en virtud del acuerdo.
El principal inversor privado en los proyectos nos solicitó cobertura adicional frente a las restricciones impuestas por el Gobierno a la transferencia al exterior de los ingresos en divisas, la expropiación, la guerra y los disturbios civiles, así como el incumplimiento de los acuerdos de garantía del Ministerio de Finanzas con las sociedades de proyecto.
Aunque nuestro apoyo se destinaba a inversores extranjeros, la mayoría de las ofertas de proyectos de la primera ronda fueron presentadas por empresas locales. Sin embargo, el éxito de esa primera ronda dio lugar a una segunda ronda con un interés considerablemente mayor por parte de promotores internacionales convencidos de que había oportunidades que las empresas locales no podían aprovechar por sí solas.
Sorprendentemente, mientras que en la primera ronda la empresa nacional de servicios públicos acordó pagar 0,169 dólares por kWh de electricidad, para la segunda ronda logró reducir los precios a la extraordinaria cifra de 0,067 dólares por kWh: una reducción de más de 2,5 veces.
La tercera ronda se anunció hacia finales del año pasado y está actualmente en preparación.
Más allá de los avances tecnológicos, esta transformación radical se produjo gracias a la postura decidida que adoptó Jordania para atraer a inversores privados. Las reformas previas, el respaldo del Ministerio de Finanzas y el apoyo de instituciones internacionales como la nuestra han ayudado a atraer inversores internacionales, reducir costos y diversificar la matriz energética de Jordania. Este ejemplo ofrece muchas enseñanzas aplicables a toda la región de Oriente Medio y el Norte de África.
En cuanto al Grupo Banco Mundial, el enfoque adoptado para la generación de energía en Jordania ilustra el tipo de razonamiento secuencial que las instituciones de financiamiento para el desarrollo y los Gobiernos deben aplicar al financiar proyectos de desarrollo.
En primer lugar, debemos plantearnos una pregunta sencilla y directa: ¿puede el financiamiento del sector privado respaldar un proyecto en condiciones comerciales, sin apoyo del Gobierno ni de instituciones de financiamiento para el desarrollo? Después, debemos apoyar reformas previas que propicien la creación de mercados y, por último, utilizar con prudencia fondos públicos o concesionales para reducir el riesgo de los inversores privados.
Solo después de haber agotado estas vías deberíamos considerar el uso de fondos públicos para invertir directamente en proyectos. De este modo, prestaremos servicios de manera eficiente y a un costo razonable, y reconoceremos el costo real de utilizar financiamiento del sector público para proyectos de desarrollo.
De cara al futuro, a medida que la región se recupere de una devastación sin precedentes desde las guerras mundiales, será necesario emprender una reconstrucción significativa. El sector privado tiene un papel importante que desempeñar y debemos estar preparados para apoyarlo.


