«Pero, profesor, ¿quién cree que tiene razón? ¿Los optimistas o los pesimistas?»
Al final de mi curso de economía de la sostenibilidad en 2007, los estudiantes me retaron a poner fin a 20 años de equidistancia profesional. En mi pizarra había dos gráficos con mensajes contradictorios sobre la sostenibilidad ambiental a largo plazo del desarrollo industrial mundial, la gran pregunta que me inquieta desde que, siendo adolescente, me expuse a las ideas catastrofistas sobre la población de The Population Bomb de Paul Ehrlich.
Tras lidiar durante mucho tiempo con las contradicciones, yo y mi colegaPaul Burke hemos llegado a una respuesta matizada: la sostenibilidad es posible durante el próximo siglo, pero solo si controlamos el cambio climático. Los resultados se publicaron este mes en Ecological Economics.
¿A flote o a pique?
Mi primer gráfico mostraba el indicador de Ahorro Neto Ajustado (ANA) del Banco Mundial, que ha disminuido, pero se ha mantenido en terreno positivo, para tranquilidad y optimismo, durante los últimos 30 años. Calcula el porcentaje del PIB mundial que se ahorra, tras ajustes que incluyen la depreciación del capital físico y de los recursos ambientales. Basándose en la teoría económica aproximada que ayudé a establecer, es el indicador de sostenibilidad preferido por los economistas.
La medida mundial del Ahorro Neto Ajustado del Banco Mundial ha seguido siendo positiva, aunque ha disminuido.Fuente de los datos: Banco Mundial, proporcionado por el autor
El otro gráfico mostraba la «Reserva Ecológica»: el excedente fraccional de la biocapacidad mundial por encima de la conocida Huella Ecológica de WWF. Parte de un valor negativo en 1975 y desciende sin cesar hacia una «sobreexplotación ecológica» cada vez más grave, que amenaza la sostenibilidad, o eso dicen los pesimistas.
La Reserva Ecológica Mundial ha seguido una trayectoria descendente constante. Fuente de los datos: Footprint Network, proporcionado por el autor
Con la ayuda de Paul, otro estudiante de 2007, empecé a escribir un artículo sobre estos indicadores opuestos de sostenibilidad para responder a la pregunta de sus compañeros.
Una visión conjunta
El primer paso fue fácil y sorprendentemente novedoso: mostrar juntos los gráficos, incluidos los pesos tan distintos que asignan a las emisiones mundiales actuales de CO2, que causan daños futuros por el calentamiento global: una leve caída del CO2 en el Ahorro Neto Ajustado, frente a un desplome cada vez más pronunciado de la Reserva Ecológica, que pasa de un valor cómodamente positivo a uno preocupantemente negativo.
Pero fui más allá y decidí crear un único indicador híbrido de sostenibilidad mundial que, esperaba, equilibrara cuidadosamente el optimismo con el pesimismo y respondiera así directamente a la pregunta.
Nuestro indicador híbrido amplió el Ahorro Neto Ajustado para incluir valoraciones bastante convencionales del beneficio del progreso tecnológico y del coste del crecimiento demográfico, y también lo modificó para reflejar mejor las profundas preocupaciones de los científicos del clima sobre los probables daños futuros del calentamiento (véase también aquí).
Consideramos incluir otras amenazas mundiales, como la pérdida de biodiversidad y el aumento de la desigualdad de ingresos, que muchas personas consideran insostenibles; pero incluso medir estas variables a escala mundial, y mucho más modelizarlas, resultó demasiado controvertido.
Jugar con el cambio climático
Para abordar nuestra preocupación por el clima, queríamos asignar valoraciones distintas a los daños futuros del calentamiento causados por una tonelada de CO2 emitida ahora, según se controlen o no las emisiones futuras. Ambas valoraciones debían ser muy superiores a los aparentemente insignificantes 7 dólares por tonelada de CO2 del Banco Mundial.
Tras mucho debate, modificamos el conocido modelo DICE de las interacciones entre el clima mundial y la economía. Cambiamos varios supuestos clave, en particular los relativos a los daños del calentamiento, para que el estricto control de emisiones necesario para cumplir el objetivo acordado por la ONU de un calentamiento global máximo de 2 °C se considerara económicamente justificado, aunque no lo es según los resultados estándar de DICE.
Lo hicimos tras estudiar a una minoría muy activa de analistas del clima (véase también aquí), que nos convenció de que la singularidad y la larga escala temporal del cambio climático provocado por los seres humanos hacen que los daños del calentamiento sean, y sigan siendo, muy difíciles de conocer. Por tanto, partir del objetivo de 2 °C para razonar hacia atrás es tan válido como las conjeturas que sustentan todas las estimaciones económicas directas de los daños climáticos futuros.
El clima puede limitar el crecimiento
Nuestros resultados finales eran bastante sensatos, pero resultaban inusuales porque respaldaban con matices tanto el optimismo como el pesimismo.
Si se controlan las emisiones futuras de CO2 para limitar el calentamiento a 2 °C, como resulta «óptimo» en nuestro modelo modificado de clima y economía, nuestro Ahorro Neto Ajustado en 2005 es mucho mayor que la cifra del Banco Mundial, gracias a que incluimos el valor del progreso tecnológico. Así, parece mucho más probable que el bienestar medio siga creciendo de forma sostenible en el futuro.
Pero si no se controlan las emisiones, el futuro se presenta sombrío. El Ahorro Neto Ajustado es claramente negativo en 2005 y, en nuestro modelo modificado, el bienestar medio cae después de 2065. Esto contrasta con el resultado estándar de DICE, según el cual no controlar el CO2 apenas afecta al crecimiento del bienestar.
En realidad, es bastante raro encontrar un límite al crecimiento como este en un modelo convencional de clima y economía, aunque sus parámetros, como los nuestros, se hayan modificado considerablemente.
Nuestro modelo modificado de clima y economía (líneas verde y azul) muestra que el bienestar sigue creciendo solo si controlamos las emisiones de carbono. En el modelo sin modificar (línea negra), la trayectoria sin control se mantiene dentro del 1 % de la trayectoria con control, por lo que no se muestra por separado; sin embargo, en nuestro artículo consideramos que el coste del calentamiento global que plantea es demasiado bajo. Proporcionado por el autor
Créalo… o no
Así pues, nuestras conclusiones más generales son incómodas: se refieren a los límites del crecimiento, de la economía y del conocimiento.
Rebasar las «fronteras planetarias», como las relativas a las concentraciones de gases de efecto invernadero, puede tener consecuencias tan desastrosas para la humanidad que detenga el crecimiento del bienestar personal.
No obstante, la modelización económica es útil para comprobar que la política ambiental no se guíe únicamente por límites físicos e incluya factores humanos clave, como el ahorro, la tecnología y el crecimiento demográfico, dentro de un marco razonablemente coherente.
Pero el experimento de nuestra civilización con los recursos ambientales de la Tierra no tiene precedentes, y eso limita lo que la economía o cualquier otra disciplina puede afirmar. Los efectos de muchas decisiones que se toman ahora seguirán siendo muy inciertos durante décadas o siglos. Por eso, las orientaciones académicas sobre políticas para la sostenibilidad mundial a largo plazo siempre contendrán muchas conjeturas.
Ante esta incertidumbre, es probable que los responsables de formular políticas reacios al riesgo crean que algunas fronteras físicas planetarias deben tomarse en serio, como hacemos en nuestros cálculos.
En cambio, es probable que quienes formulan políticas y están dispuestos a asumir riesgos crean que el ingenio humano resolverá todos los problemas ambientales graves, como lo ha venido haciendo —dirían ellos— durante al menos 200 años. Y nadie puede demostrar fácilmente que sus creencias sean falsas.
Publicado en colaboración con The Conversation
Autor: Jack Pezzey es investigador sénior de la Fenner School of Environment and Society de la Australian National University.
Imagen: El vapor que sale de las torres de refrigeración de la central eléctrica de lignito Jaenschwalde de Vattenfall se refleja en las aguas de un lago cerca de Cottbus, en el este de Alemania, el 2 de diciembre de 2009. REUTERS/Pawel Kopczynski



