La infraestructura es vital para alcanzar las cero emisiones netas, pero a menudo se considera una inversión poco atractiva.
Puede ofrecer una inversión estable a largo plazo en medio de condiciones de mercado volátiles.
Será necesaria la colaboración público-privada para descarbonizar o construir infraestructura de energía limpia adecuada a su fin en todos los sectores industriales.
Es difícil no ser optimista ante la cadena de innovaciones que acelerará la revolución de la energía limpia. Cuanto más nos familiaricemos con los vehículos eléctricos, las viviendas con energía solar y otras innumerables soluciones, más progresos lograremos en la descarbonización.
Sin embargo, debemos abordar con urgencia una de las mayores barreras que se avecinan: la infraestructura. Necesitamos adoptar una visión macro, elaborando un plan concreto sobre cómo se diseñará, financiará y ejecutará la infraestructura a lo largo del tiempo.
La infraestructura es la base sobre la que se construirá todo el ecosistema de energía limpia: redes eléctricas, líneas de transmisión, estaciones de carga, baterías y mucho más. Sin embargo, su proliferación se estancará si no se realizan esfuerzos urgentes y coordinados por parte de los actores públicos y privados que cuenten con el capital, la visión y la paciencia necesarios para alcanzar una escala significativa.
¿Cómo facilita el Foro Económico Mundial la transición a la energía limpia?
El Centro de Energía y Materiales conecta a líderes para comprender las complejas transiciones que transforman los sistemas de energía, materiales e industriales. Ofrece una plataforma para explorar cómo se interrelacionan la seguridad energética, la asequibilidad y la sostenibilidad.
Mediante la colaboración a lo largo de las cadenas de valor y las regiones, el Centro facilita vías compartidas que ayudan a los socios a alinearse en torno a soluciones prácticas para una transición segura, baja en carbono y equitativa.
Seamos realistas: la infraestructura nunca ha sido el activo más emocionante del mercado. Desde el punto de vista financiero, a menudo se considera que implica mucho riesgo y pocos rendimientos a corto plazo. Pero la historia nos demuestra que pueden lograrse avances transformadores cuando todas las partes interesadas fundamentales comparten el coste de sentar las bases indispensables para la innovación.
Existen precedentes de este tipo de colaboración. Considere la agencia gubernamental estadounidense DARPA y su papel, por ejemplo, en el desarrollo del GPS o de los vehículos autónomos; o el de los Institutos Nacionales de Salud en la financiación de la mayoría de los nuevos medicamentos que finalmente aprueba la FDA. Internet no existiría sin la colaboración público-privada.
El problema de infraestructura de la energía limpia
En lo que respecta a la energía limpia, queda mucho trabajo por hacer en la construcción de los elementos básicos de la infraestructura ecológica esencial.
Tomemos como ejemplo el automóvil eléctrico. La demanda ha aumentado de forma constante a medida que los fabricantes mejoran la disponibilidad y las prestaciones, al tiempo que abordan las preocupaciones sobre autonomía, coste y recarga. Los vehículos electrificados representarán alrededor del 15 % de las ventas mundiales de automóviles en 2023, cifra que casi iguala las ventas combinadas de General Motors, Ford y Stellantis en todo el mundo. AlixPartners prevé que la cuota de mercado mundial de los vehículos eléctricos supere el 50 % en 2035.
Esas decenas de millones de vehículos eléctricos no emitirán gases de efecto invernadero de forma directa, pero los combustibles fósiles suelen alimentar las redes eléctricas que cargan sus baterías. Esto significa que instalar más cargadores para vehículos es solo una pieza de un rompecabezas muy complejo y costoso. La energía que alimenta los cargadores tendrá que ser reformada a fondo.
La industria automotriz no es la única. Las limitaciones de la química y la física nos obligan a depender de los combustibles fósiles como un ingrediente principal en los esfuerzos de descarbonización. Lo cierto es que las energías renovables, por prometedoras que sean, tienen bajas tasas de conversión y siguen siendo con frecuencia intermitentes. Los combustibles fósiles salvan la brecha de rendimiento. Sustituir los combustibles fósiles sigue siendo una tarea titánica que requerirá que un conjunto de actores se siente a la mesa, promulgue políticas y comprometa inversiones en un plan de desarrollo y construcción de infraestructuras que trascienda las fronteras y abarque décadas.
La Agencia Internacional de la Energía estima que se invirtieron 1,7 billones de dólares en iniciativas de energía limpia en 2023, gran parte de ellas en China. Es una cifra considerable, sin duda, que supera en más de un 50 % las inversiones en combustibles fósiles durante el mismo período y equivale al PIB anual de Australia. Esto incluye inversiones en infraestructura, como las mejoras en redes y almacenamiento.
Sin embargo, la inversión en infraestructura es insuficiente, se concentra en gran medida en China y se reparte entre innumerables prioridades. BloombergNEF estima que menos del 20 % de los 1.400 millones de dólares gastados en 2022 se invirtió en la descarbonización de las redes eléctricas, por ejemplo. Señaló que las inversiones deben triplicarse de inmediato para alcanzar un objetivo de cero emisiones netas de CO2 en 2025.
Cerrar la brecha de inversión
Como se ha señalado, ciertas tecnologías tienen un sólido historial en la atracción de inversiones y el respaldo gubernamental. Por ejemplo, se gastaron casi 500.000 millones de dólares en transporte electrificado, impulsado por instrumentos como la Ley estadounidense de Reducción de la Inflación y nuevas iniciativas en Europa y Asia.
¿De dónde saldrá el dinero para construir la infraestructura que sirve de base para toda la infraestructura de energía limpia? La respuesta exigirá ir más allá de soluciones válidas para todos los casos o de arreglos a corto plazo. Debemos centrarnos en la promesa de la infraestructura de generar flujos de caja fiables, décadas de ingresos estables, una cobertura frente a los altos tipos de interés y un refugio contra la volatilidad.
Brookfield, un grupo canadiense de capital privado, recaudó una cifra récord de 28.000 millones de dólares para un nuevo fondo dentro de su división Infrastructure Partners. Esto sigue una tendencia en la que otros gestores de activos han destinado grandes fondos similares a financiar las necesidades de infraestructura del mundo. Pero estas necesidades son muchas, desde aeropuertos hasta carreteras, desde oleoductos hasta rutas marítimas. Es difícil determinar cuánto se destina a infraestructura de energía limpia.
Entonces, ¿cómo empezamos a abordar este desafío? En primer lugar, los gobiernos y las partes privadas deben ampliar el alcance de lo que consideramos prioridades urgentes que requieren atención inmediata. La educación y el diálogo son fundamentales para cambiar la mentalidad colectiva.
En segundo lugar, debemos entender que el cliente está en el centro de la ecuación. Los incentivos ayudan, pero no son sustitutos adecuados de un enfoque verdaderamente basado en el mercado. No es posible alcanzar la escala a base de subvenciones.
Además, debemos garantizar que todas las soluciones viables se incluyan en los esquemas de inversión en energía limpia, incluidos el hidrógeno, las pilas de combustible y otras soluciones que van más allá de las fuentes renovables más mencionadas. El hidrógeno verde, por ejemplo, mejora el aprovechamiento de las energías renovables.
Por último, como se ha señalado anteriormente, las asociaciones público-privadas, como las que mantiene el Departamento de Energía de Estados Unidos, son fundamentales para completar realmente la infraestructura indispensable. Recientemente, la administración Biden dio un paso importante al comprometer más de 30.000 millones de dólares procedentes de la Ley de Infraestructuras y de la Ley de Reducción de la Inflación para invertir en infraestructura de redes eléctricas, el mayor compromiso de su tipo hasta la fecha.
Estos pasos decisivos son necesarios para demostrar que la infraestructura más allá de la generación de energía es una clase de activo viable y atractiva. Es cierto que, si se construye, llegarán los rendimientos; pero hay que tener presente que construir el futuro requiere el esfuerzo de toda una comunidad y que los beneficios no llegan de la noche a la mañana.


