¿Podemos definir qué hace que una ciudad sea sostenible?

¿Podemos definir qué hace que una ciudad sea sostenible?
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En este sitio web, vemos a menudo listas de las ciudades más sostenibles del planeta (por ejemplo, esta), elaboradas por diversas organizaciones. Pero ¿qué significa sostenibilidad en este contexto?

Mi libro The One Planet Life contiene un capítulo que aboga por cambiar nuestra actitud hacia la planificación, el suelo y el desarrollo para hacer posible un desarrollo verdaderamente sostenible; pero, para ello, es imprescindible contar con una manera de medir cuándo lo hemos logrado.

El problema es que actualmente escasean las investigaciones validadas que nos permitan determinar qué es realmente sostenible en la práctica. De hecho, ni siquiera contamos con una definición común de la palabra, más allá de la vaga definición de la ONU sobre satisfacer las necesidades actuales sin comprometer las de nuestros descendientes.

Necesitamos urgentemente más investigación sobre este tema. Se está invirtiendo muchísimo dinero en infraestructuras y desarrollos llamados «sostenibles» sin medir su verdadero impacto ecológico.

Lo que sigue es un análisis no exhaustivo de diversas opciones y enfoques ya existentes, con el fin de delimitar el campo.

Análisis de la huella ecológica

A primera vista, el análisis de la huella ecológica parece ofrecer mucho de lo que necesitamos, pero existen varias definiciones de este concepto.

Se originó en la Global Footprint Network, que calcula las cifras para los ocasionales Living Planet Reports de WWF. Aunque es una entidad sin ánimo de lucro, GFN es una consultora que vende sus servicios de cálculo de huella. Utiliza datos disponibles públicamente, pero la manera en que calcula después el impacto de un país o una ciudad en hectáreas globales por persona es opaca, porque, de no serlo, no podría vender sus servicios. (Una hectárea global por persona es el promedio global compuesto de una superficie, un factor de productividad (rendimiento) y un factor de equivalencia, que se utiliza para agregar los impactos totales; por ello, puede dar lugar a interpretaciones erróneas y confusión entre usuarios sin conocimientos especializados.)

El Stockholm Environment Institute (SEI) estuvo detrás del trabajo realizado para calcular la huella ecológica de Gales para el Gobierno galés, cálculo que se utilizó como base para su documento de política One Wales: One Planet . Sin embargo, los datos no se han actualizado desde 2008. Para calcular las huellas ecológicas, SEI utiliza un conjunto de hojas de cálculo llamado Resources and Energy Analysis Programme.

SEI creó Reap-Petite , que aplica este método a menor escala y expresa los resultados en emisiones de carbono, pero, de nuevo, la metodología no es evidente.

El propio Gobierno galés encargó a un pequeño equipo que utilizara los datos de SEI para crear una hoja de cálculo independiente que ayudara a determinar la huella ecológica en la escala más pequeña posible: la de un hogar.

Esta escala micro implica cálculos y supuestos muy distintos de los del nivel macro empleado por GFN. A escala nacional, los informes suelen elaborarse sobre una base de producción , mientras que, a nivel individual o doméstico, se utiliza una base de consumo .

El Gobierno galés tiene el objetivo político declarado (en One Wales: One Planet ; la investigación que lo sustenta está aquí) de utilizar únicamente los recursos que corresponderían a un planeta, y alcanzar ese objetivo en una generación; actualmente está estudiando cómo lograrlo.

Desarrollo One Planet

La hoja de cálculo anterior se utiliza como herramienta de planificación en Gales para determinar si deben concederse permisos de planificación para construir una vivienda y una pequeña explotación agrícola en suelo agrícola. Esto se denomina One Planet Development, iniciativa promovida por el One Planet Council , del que soy patrón. Los solicitantes deben cumplir el requisito de reducir la huella ecológica a 1,88 hectáreas globales por persona en un plazo de cinco años.

En este caso, el gasto de los hogares se utiliza como indicador indirecto de la huella ecológica. Pero, una vez más, los datos y la metodología en que se basa la hoja de cálculo son antiguos y opacos.

La política de One Planet Development contempla la posibilidad de proyectos One Planet en los límites de los asentamientos, pero no los define. One Planet Council ha empezado a trabajar en una definición que también permitiría a pueblos, aldeas e incluso ciudades avanzar hacia la declaración del objetivo de convertirse en un pueblo o una ciudad One Planet.

Ciudades One Planet

La consultora Bioregional también promueve las ciudades One Planet; ha trabajado con Brighton, la primera ciudad del mundo declarada ciudad One Planet, y está colaborando con Bristol, Capital Verde Europea de este año, para convencerla de que haga una declaración similar.

Pero la metodología de Bioregional también es opaca y está desactualizada. No publica sus criterios ni los pone a disposición para su análisis crítico. Por lo tanto, no es posible verificar la magnitud de la huella ecológica de una ciudad o un proyecto, ni hasta qué punto se está reduciendo.

Un artículo de New Scientist escrito por Fred Pearce en 2013 criticó la huella ecológica, señalando que no tenía en cuenta ciertas variables que, de haberse considerado, habrían hecho aún mayores nuestras huellas ecológicas.

WWF y Friends of the Earth han distribuido varios informes confidenciales que debaten el valor del cálculo de la huella ecológica. Aunque todos coinciden en que es un concepto excelente para las relaciones públicas, porque el público lo entiende fácilmente, la metodología es problemática y resulta difícil mantener los datos actualizados.

Pero si no utilizamos esta metodología, ¿qué podríamos utilizar?

La necesidad de verificabilidad

Sea cual sea el método, debe ser verificable y transparente. En un mundo que se urbaniza rápidamente y cuya población crece, viviendo ya por encima de los medios del planeta, urge crear información con datos abiertos y fácil de actualizar, y presentarla de manera que las personas puedan utilizarla realmente en todos los niveles, desde los gobiernos hacia abajo, para determinar qué es sostenible; es decir, qué puede proporcionar el planeta de manera justa.

En la gestión energética, es bien sabido que «lo que se mide se ahorra». La gestión energética es un campo muy avanzado en el establecimiento de valores de referencia, el seguimiento y la evaluación del rendimiento, con todo tipo de programas y tecnologías orientados a la medición y a mejorar la eficiencia. Existen normas internacionales; la principal es la ISO 50001.

Nuestro conjunto final de métricas debe ser igual de sólido.

Cálculo de la huella de carbono

El cálculo de la huella de carbono podría ser una solución, o parte de ella. Tiene la ventaja de actualizarse anualmente, porque cuenta con el respaldo de legislación nacional e internacional, pero no recoge otros tipos de impacto, como la pérdida o el aumento de la biodiversidad, la contaminación, etc.

Análisis del ciclo de vida

El verdadero objetivo de las actividades sostenibles debería ser su impacto total a lo largo de toda su vida útil. Esto significa que el análisis del ciclo de vida es otra opción seria que podría aplicarse, pero, de nuevo, los datos y la metodología no están del todo a la altura de lo que realmente necesitamos.

Una evaluación del ciclo de vida (ECV) cuantifica y evalúa las emisiones, los recursos consumidos y las presiones sobre la salud y el medio ambiente atribuibles a distintos productos a lo largo de todo su ciclo de vida. Cuantifica todos los intercambios físicos con el medio ambiente, ya sean entradas (recursos, materiales, uso del suelo y energía) o salidas (emisiones al aire, el agua y el suelo).

La ventaja de utilizarla es que la evaluación del ciclo de vida ya está normalizada mediante una serie de documentos ISO, entre ellos ISO 14040:2006 e ISO 14044:2006, que abarcan los principios, los requisitos del marco y las directrices, y, publicados seis años después, ISO/TR 14047:2012 e ISO 14049:2012, que ayudan a aplicar las normas anteriores a la evaluación del impacto y al análisis del inventario.

El proceso de evaluación del ciclo de vida puede dividirse en cuatro pasos clave:

  • definir el objetivo y el alcance estableciendo los límites y la unidad funcional

  • modelar los procesos y recursos del sistema, recopilar los inventarios del ciclo de vida de esos procesos y recursos, y generar los inventarios nuevos que se necesiten

  • ajustar los impactos del ciclo de vida en términos de puntos medios y puntos finales

  • evaluar e interpretar los resultados y elaborar el informe para la toma de decisiones.

La evaluación del ciclo de vida ya es suficientemente compleja para un solo producto. Un edificio es un conjunto de muchos productos distintos, y un pueblo o una ciudad puede contener millones. Está claro que, por sí solo, este enfoque ascendente sería impracticable.

Sin embargo, se está intentando aplicar el análisis del ciclo de vida al uso del suelo. El Instituto de Medio Ambiente y Sostenibilidad (IES) del Centro Común de Investigación (JRC) dirige la European Platform on Life-Cycle Assessment.

WWF ha patrocinado este trabajo en un esfuerzo por evaluar el impacto de las actividades humanas sobre la biodiversidad, algo que tampoco recoge el análisis de la huella ecológica y que, por tanto, en las solicitudes de planificación de One Planet Development se trata por separado. Los solicitantes deben demostrar que están mejorando la biodiversidad del terreno que ocupan.

Reservas de Biosfera de la UNESCO

Las Reservas de Biosfera de la UNESCO son otro intento de encontrar una forma sostenible de compatibilizar las actividades humanas con la naturaleza, pero constituyen un caso especial. Se someten a revisiones periódicas, que requieren mucho trabajo; aun así, representan un proceso en curso de desarrollo de herramientas y bancos de prueba para el desarrollo sostenible a mayor escala.

Conclusión

La pirámide de información para el SEEA

Una investigación realizada para WWF en 2010 concluyó que muchos expertos creen que sería beneficioso «alinear la Huella Ecológica con el Sistema de Contabilidad Ambiental y Económica de las Naciones Unidas» y que debería formar «parte de un conjunto de indicadores». Aunque se considera esencial contar con un indicador agregado para la comunicación, este no «aporta suficiente detalle para realizar una evaluación significativa de la capacidad regenerativa en comparación con la demanda» (Wiedmann y Barrett, 2010).

El SEEA utiliza los principios de la contabilidad económica y se basa en el ya existente Sistema de Cuentas Nacionales (SCN) para ayudar a revelar la relación entre el medio ambiente y el bienestar, que el PIB y la renta nacional no muestran. Véase el gráfico de la derecha.

No propone un indicador único ni un conjunto de indicadores, sino un enfoque para integrar estadísticas que permita múltiples propósitos y escalas de análisis. Sin embargo, hay varios agregados e indicadores clave que se derivan directamente de las tablas contables y son de interés para el análisis de políticas.

De manera similar, como parte de su labor en torno a su proyecto de ley sobre el bienestar de las generaciones futuras, el Gobierno galés ha incluido el cálculo de la huella ecológica entre cinco indicadores generales del desarrollo sostenible, bajo los cuales pueden incluirse indicadores más específicos:
1.         Producción económica: valor añadido bruto
2.         Justicia social: porcentaje de la población en hogares con ingresos relativamente bajos
3.         Conservación de la biodiversidad: estado de las especies y los hábitats prioritarios
4.         Huella ecológica: huella ecológica nacional frente al promedio del Reino Unido y al promedio mundial
5.         Bienestar: un conjunto estándar de 36 preguntas sobre salud que pregunta a las personas encuestadas cómo perciben su propia salud física y mental.

Este parece un enfoque sensato. Pero WWF ha sostenido que «rendir cuentas de nuestras acciones en términos de carbono y reducción de la huella, por difícil que resulte desde el punto de vista estadístico, debería ser un requisito previo para que una nación aspire a vivir dentro de los límites de un solo planeta», y que, por tanto, debería darse más peso a este aspecto en esta combinación, con un nivel de detalle cada vez mayor.

Indicador de Progreso Genuino

Un enfoque similar es el que utiliza el Indicador de Progreso Genuino (GPI). Aplicable a asentamientos existentes, utiliza 26 indicadores: siete económicos, nueve ambientales y diez sociales, combinados en un único marco. Desde los costes de la delincuencia, la contaminación, los desplazamientos al trabajo y la desigualdad hasta el valor de la educación, el voluntariado, el tiempo libre y las infraestructuras, el GPI nos ayuda a comprender el verdadero impacto de las políticas. Pero, de nuevo, está lejos de ser completo, sobre todo en lo que respecta a la biodiversidad (no concede créditos por mejorarla). En cierto sentido, complementa el enfoque del SEEA.

En la práctica, dado que cada terreno es diferente, cada proyecto tendría que realizar un estudio para establecer una línea de base que permitiera medir los cambios en la biodiversidad causados por el proyecto. Esto ya forma parte de los criterios de muchas solicitudes de planificación.

BS 8904:2011

La norma BS 8904:2011 también podría ser de interés en este contexto. Ofrece orientación para el desarrollo sostenible comunitario y un marco de recomendaciones y directrices para ayudar a las comunidades a mejorar su sostenibilidad. Pero, por lo que alcanzo a entender, no cuantifica realmente el rendimiento. Es más bien una herramienta de participación comunitaria.

Próximos pasos

Una investigación reciente que recibí de forma privada concluyó:

«La huella ecológica se ha consolidado como un paso pionero e importante hacia la creación de un marco y una métrica para medir los límites ambientales. Cabe esperar que siga utilizándose. Sin embargo, cada vez será más importante comprender qué puede y qué no puede hacer, y cómo aprovecharla al máximo junto con la importante y creciente generación de nuevas herramientas que están surgiendo».

Está claro, entonces, que hace falta mucha más investigación para desarrollar un conjunto adecuado de indicadores que sea lo bastante maduro, objetivo, transparente, abierto y verificable como para estar a la altura de la importancia y la eficacia de la metodología de contabilidad del carbono y la energía.

Me encantaría conocer cualquier trabajo que se esté realizando con este fin.

Este artículo se publica en colaboración con Sustainable Cities Collective. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: David Thorpe es autor y asesor especial de Sustainable Cities Collective.

Imagen: Una gran nube se cierne sobre el horizonte de San Francisco, California. REUTERS/Robert Galbraith

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