Para mí, la alfabetización energética supone mantener un debate sobre la energía basado en datos sólidos y en una comprensión de lo que es posible y realista mientras el mundo se esfuerza por construir un futuro energético más sostenible.
Elegir la vía energética adecuada es complejo, porque la energía, el agua y la tierra están interrelacionados. Para contribuir a ese debate, BP ha financiado un consorcio de expertos de 13 universidades de todo el mundo que aporten pruebas científicas para fundamentar la elaboración de políticas y la planificación empresarial. El programa se denomina el Energy Sustainability Challenge (ESC).
Como parte de este programa, el trabajo realizado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts ha puesto de manifiesto cómo podrían reducirse en todo el mundo los volúmenes de agua utilizados en centrales eléctricas y plantas de producción de combustibles. Por ejemplo, las reducciones de diez veces en el agua utilizada por las centrales eléctricas pueden lograrse mediante torres de refrigeración en las que el agua se recicla, en lugar de sistemas de ‘paso único’ en los que el agua se extrae de océanos, lagos u otras fuentes cada vez que se necesita.
Los investigadores de la Universidad Tsinghua de Pekín dieron un paso más. Calcularon que la cantidad de agua dulce utilizada por la industria china podría reducirse en las próximas dos décadas, en lugar de duplicarse como se prevé actualmente, mediante enfoques técnicos mejorados, como el reciclaje del agua en la minería del carbón y el lavado del carbón antes de quemarlo para generar electricidad.
En otra parte del ESC, académicos de las Universidades de Berkeley e Illinois en Urbana-Champaign estudiaron el potencial de producir biocombustibles en Estados Unidos a partir de la caña energética perenne, que puede cultivarse en terrenos menos aptos para los cultivos agrícolas convencionales. Hallaron amplias superficies de dichos terrenos, con potencial para más que duplicar la producción actual de bioetanol en EE. UU. sin competir con los cultivos alimentarios y forrajeros.
Estos ejemplos muestran el poder de la investigación para identificar las áreas en las que existe el mayor potencial de progreso en distintos plazos.
Es un enfoque que también deberíamos aplicar al debate sobre el cambio climático. Por ejemplo, aunque la energía renovable está creciendo con rapidez —y BP invirtió 1.600 millones de dólares el año pasado en energía bajas en carbono (en camino de cumplir nuestro compromiso de invertir 8.000 millones de dólares para 2015)—, parte de una base baja. Prevemos que la energía renovable aportará solo alrededor del 6 % del suministro mundial en 2030 . Mientras tanto, debemos considerar que se podrían lograr avances mayores con rapidez mediante la mejora de la eficiencia energética y la sustitución a gran escala del carbón por gas en la generación de electricidad.
La innovación necesaria para reducir la intensidad de carbono se puede incentivar de la forma más eficiente fijando un precio al carbono; y, dado que prevemos que esto será cada vez más habitual, exigimos que las evaluaciones de inversiones y los diseños de ingeniería de los proyectos más grandes de BP apliquen un coste estándar del carbono a las emisiones de GEI proyectadas durante toda su vida útil.
Mientras tanto, los resultados iniciales del ESC están disponibles en el sitio web de BP: los ofrecemos como una contribución hacia un mundo con mayor alfabetización energética.
Autor: Bob Dudley es consejero delegado del Grupo BP plc.
Foto: Un hombre pasa en bicicleta junto a una torre de refrigeración en Pekín. REUTERS/David Gray

