El anuncio del miércoles de que una granja pionera de energía undimotriz frente a Perth ha empezado a generar electricidad es una novedad emocionante y bienvenida. El proyecto, desarrollado por Carnegie Wave Energy, con sede en Fremantle, cuenta con dos boyas de 11 m de diámetro situadas bajo la superficie del mar (a las que se sumará una tercera).
Las boyas ya generan electricidad y la suministran a la cercana base naval HMAS Stirling. Ahora que esta planta a escala real está en funcionamiento, ¿es inminente una expansión explosiva de la energía undimotriz?
Australia cuenta sin duda con abundante energía undimotriz. Pero, además del tamaño del recurso, es importante considerar cómo «se traduce» la energía de las olas en el contexto de la demanda eléctrica total de Australia. En este aspecto, Australia destaca enormemente: es difícil nombrar otro país con tanta energía undimotriz en relación con su población. Frente a otras energías renovables, la undimotriz resulta atractiva porque es una fuente de energía relativamente densa y fácil de predecir.
Sin embargo, también plantea desafíos considerables. Algunas estimaciones sitúan a la energía undimotriz entre 15 y 20 años por detrás de la eólica en la curva de desarrollo, y todavía no hay consenso sobre qué tipo o tipos de dispositivos de energía undimotriz son los mejores.
Así lo indica el hecho de que un estudio reciente identificara 147 dispositivos distintos en desarrollo en todo el mundo (varios de ellos en Australia), aunque solo un par han alcanzado una fase de desarrollo similar a la de los de Carnegie.
No parece que esta proliferación de dispositivos vaya a reducirse por ahora: este año el Gobierno de Estados Unidos organiza un concurso con premios para fomentar el desarrollo de nuevos prototipos. A esto se suma la dificultad de llegar a la fase de pruebas a escala real y comercialización. Las dificultades que han atravesado durante el último año destacados actores de la industria británica de energía undimotriz, como Pelamis (en quiebra) y Aquamarine Power (que redujo su tamaño), lo ponen claramente de manifiesto.
Mares desafiantes
¿Qué desafíos pretenden superar estas tecnologías? Al igual que en otras energías renovables, son pertinentes la existencia o ausencia de un precio al carbono y otras medidas para igualar las condiciones en cuanto al coste de la electricidad. Sin embargo, también hay problemas exclusivos de la energía undimotriz.
En primer lugar, aunque la energía de las olas es predecible, resulta difícil convertirla en electricidad. La frecuencia de oscilación de las olas es fundamental, y los dispositivos deben poder ajustarse para funcionar con eficiencia a distintas frecuencias. Sin embargo, en cualquier momento hay olas de diversas frecuencias, y esa distribución cambia a lo largo de horas o días.
En segundo lugar, las cargas extremas en el océano (debidas a las olas grandes) son mucho mayores que las que se dan en condiciones normales de funcionamiento. La energía de un mar tempestuoso puede ser fácilmente 100 veces mayor que en condiciones medias. Por tanto, los costes pueden estar determinados por la necesidad de un dispositivo capaz de soportar condiciones extremas, mientras que los ingresos dependen únicamente de las condiciones medias.
En tercer lugar, convertir la energía absorbida en electricidad implica transformar las oscilaciones de baja frecuencia de las olas en oscilaciones de frecuencia mucho más alta para generar electricidad. Cada etapa de la cadena de conversión de energía (si hay varias) debe ser lo más eficiente posible. Esto se complica aún más porque el tamaño de las oscilaciones de las olas varía de una ola a otra y a lo largo de horas y días.
Por último, el mantenimiento de los dispositivos mar adentro es más difícil y costoso que el de los dispositivos en tierra y, por ello, suele reducirse al mínimo en la medida de lo posible.
¿Qué avances se han logrado para superar estos desafíos? Muchos: el interés inicial por la energía undimotriz surgió en el Reino Unido, Noruega y Japón, y desde la crisis del petróleo de la década de 1970 se ha avanzado mucho en la comprensión fundamental del comportamiento de los dispositivos de energía undimotriz. En esos países aparecieron los primeros dispositivos prototipo en las décadas de 1970 y 1980.
La interacción entre dispositivos vecinos en conjuntos también es compleja. En la energía undimotriz, estas interacciones se producen tanto «hacia atrás» como «hacia delante», a diferencia de lo que ocurre en un parque eólico, donde cada turbina afecta (negativamente) solo a las turbinas situadas a sotavento. El despliegue del conjunto a escala real de Carnegie ofrecerá una buena oportunidad para aprender más. Es alentador que la empresa mantenga vínculos con instituciones académicas, entre ellas Swinburne y el Australian Maritime College, la Universidad de Adelaida y la Universidad de Australia Occidental. Otras empresas australianas de energía undimotriz también participan en estos intercambios de ideas.
Es demasiado pronto para decir cómo sería una futura red eléctrica australiana que incluya energía undimotriz. Si las energías renovables llegan a representar una parte importante del suministro eléctrico nacional, sin duda lo mejor será contar con una combinación de fuentes, y la energía undimotriz puede formar parte de ella. Mientras tanto, el progreso depende de que se pongan en marcha más proyectos como el de Carnegie o, más exactamente, de que se hagan a la mar.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Hugh Wolgamot es investigador del Centre for Offshore Foundation Systems de la Universidad de Australia Occidental.
Imagen: Un surfista cabalga una ola al atardecer en la ciudad de Viña del Mar. REUTERS/Eliseo Fernandez.
