¿Puede China combinar crecimiento y lucha contra el cambio climático?

¿Puede China combinar crecimiento y lucha contra el cambio climático?
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Este artículo se publicó originalmente en el blog “Development in a Changing Climate” del Banco Mundial.

Más de 180 países han presentado sus planes climáticos nacionales previstos para avanzar hacia una senda de desarrollo bajo en carbono de cara a las negociaciones climáticas de la COP21, que se desarrollan actualmente en París.

Denominadas Contribuciones Previstas y Determinadas a Nivel Nacional (INDC, por sus siglas en inglés), la mayoría incluye metas de mitigación que se implementarán para 2025 o 2030. Pero estos planes no se limitan a cifras. Muchos de ellos, en particular los presentados por países en desarrollo, también proponen acciones climáticas dentro del marco general de desarrollo de los países, incluida la adaptación. Nada sorprendente, ya que, al fin y al cabo, abordar el cambio climático consiste en gestionar eficazmente la economía de un país.

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Fuente: FMI

​Esto parece ser, sin duda, el caso de China.

La INDC de China incluye un conjunto de metas “duras”, como que las emisiones de gases de efecto invernadero alcancen su punto máximo alrededor de 2030 y que la cuota de combustibles no fósiles en la combinación de energía primaria llegue al 20 por ciento para ese mismo año. Además, también describe formas de integrar los objetivos relacionados con el cambio climático en los planes nacionales de desarrollo económico y social.

Hoy, en el Pabellón de China en la COP, expertos chinos presentaron un documento de debate, “Pursuing an Innovative Development Pathway – Understanding China’s INDC,” que ofrece un análisis oportuno del plan de China. (El informe completo se publicará previsiblemente en marzo de 2016). Con el apoyo de la Partnership for Market Readiness del Grupo Banco Mundial, y elaborado por una destacada institución china de investigación, muestra que el desarrollo económico de China se encuentra en un punto de inflexión crucial.

En esencia, se trata de la eficacia de un modelo de crecimiento que sacó de la pobreza a 600 millones de personas y de su ajuste a medida que China se convierte en un país de ingreso mediano. El gobierno chino ha dejado claro que quiere centrarse en reequilibrar su economía hacia una “nueva normalidad”, adaptándose a un crecimiento más bajo pero más estable, y dando prioridad a la innovación y a las tecnologías más limpias. La INDC puede considerarse un elemento clave para impulsar a China por esta senda de desarrollo innovador.

Hoy, el PIB per cápita de China es de 7.500 USD. Según la INDC, se prevé que las emisiones de China alcancen su punto máximo cuando el PIB llegue a unos 14.000 USD per cápita, lo que equivale a 8,2 toneladas de emisiones de CO2 por persona, basadas principalmente en combustibles fósiles. El promedio de los países de la OCDE es mucho mayor. Estados Unidos, Canadá y Australia registraron valores máximos de emisiones de 20 toneladas de CO2 per cápita, mientras que la Unión Europea y Japón alcanzaron un máximo de unas 10 toneladas per cápita.

Claramente, para China, el desarrollo económico es un imperativo. El reto consiste en lograrlo al tiempo que se modifica la trayectoria de las emisiones.

¿Cómo puede China crecer y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos —muchos de los cuales aún no tienen acceso a servicios básicos, como la electricidad— evitando una trayectoria tradicional de desarrollo y emisiones?
Cumplir las metas de la INDC implica que son necesarias mejoras significativas en la intensidad energética por unidad de PIB y en la intensidad de carbono del consumo de energía.

Además, probablemente se necesite un abanico más amplio de políticas y medidas para ayudar a cumplir las metas de la INDC. Entre ellas figuran la reducción de las emisiones de CO2 por unidad de PIB entre el 60 y el 65 por ciento por debajo de los niveles de 2005 y el aumento de la cuota de combustibles no fósiles en la combinación de energía primaria. Puede verse como un reto. A nivel nacional, factores como las tasas de crecimiento del PIB, el crecimiento demográfico, la urbanización y las nuevas estructuras económicas afectarán a la aplicación de la INDC.

Unos costos tecnológicos controlables también serán un factor. China depende de la tecnología de captura y almacenamiento de carbono (CCS) para lograr una reducción a gran escala. Hoy en día, la tecnología CCS es costosa y sigue en fase de prueba. China también planea utilizar energía renovable a gran escala, al tiempo que mantiene un suministro eléctrico fiable para su población de 1.400 millones de personas.

Pero las tecnologías asociadas a la integración de altos niveles de energías renovables en una red aún no se han demostrado a la escala que necesita China. Si bien existen desafíos e incertidumbres, la aplicación de la INDC ofrece enormes oportunidades económicas y beneficios ambientales.

Alcanzar las metas de la INDC trae consigo la promesa de un aire limpio y cielos azules. Esto forma parte del impulso de China hacia la “civilización ecológica”, que tendrá beneficios para la salud y dará lugar a una reducción de las facturas médicas. Las investigaciones también muestran que las políticas bajas en carbono tienen un impacto neto positivo en el empleo, en particular en los sectores de energías renovables, transporte y construcción. Podrían surgir nuevos empleos en conservación de energía, protección ambiental, nuevas energías y transporte energéticamente eficiente.

Cuando el Representante Especial de China para el Cambio Climático, Sr. Xie Zhenhua, visitó el Banco Mundial el año pasado, indicó que China está aprendiendo de las lecciones basadas en su pasada trayectoria de desarrollo. Ha habido un precio que pagar por “contaminar primero y limpiar después”. Como mayor país en desarrollo del mundo, China está dispuesta a compartir esta lección con otros países en desarrollo.

La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.

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Autor: Xueman Wang es especialista sénior en finanzas de carbono del Banco Mundial y líder del equipo de la Partnership for Market Readiness.

Imagen: Una mujer con mascarilla camina por un distrito comercial durante un día de contaminación en Pekín, China, el 29 de junio de 2015. REUTERS/Kim Kyung-Hoon.

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