Este artículo se publicó originalmente en portugués en Valor Econômico.
El Foro Económico Mundial ha publicado su Informe 2024 sobre la Promoción de una Transición Energética Eficaz, en colaboración con Accenture.
El informe utiliza el Índice de Transición Energética (ETI) para evaluar comparativamente el desempeño actual de los sistemas energéticos de 120 países, centrándose en el equilibrio entre equidad, sostenibilidad ambiental y seguridad, así como en su preparación para la transición.
América Latina y el Caribe han registrado el crecimiento más lento de la transición energética durante la última década. Sin embargo, Brasil y Chile se situaron entre los 20 países con mejor desempeño en el índice de 2024, y Costa Rica y Colombia también están bien posicionados.
Mientras el mundo busca soluciones para limitar el calentamiento global a 1,5 °C mediante la reducción de las emisiones globales a través de la descarbonización, las inversiones en infraestructura y los avances normativos, la transición energética sigue avanzando a un ritmo uniforme en algunas regiones y desigual en otras.
La edición de 2024 del Informe sobre la Promoción de una Transición Eficaz, publicado por el Foro Económico Mundial en colaboración con Accenture, señala que los 10 países con mejor desempeño en la transición energética representan solo el 1 % de las emisiones mundiales de CO2 relacionadas con la energía, el 3 % del suministro total de energía, el 3 % de la demanda energética y el 2 % de la población mundial.
En la actualidad, las emisiones relacionadas con la energía contribuyen a más del 80 % de las emisiones mundiales totales. Encontrar formas de descarbonizar las industrias y generar resiliencia mediante el suministro de energía limpia, garantizando al mismo tiempo que la transición no deje a nadie atrás, es más apremiante que nunca.
El Informe sobre la Promoción de una Transición Energética Eficaz del Foro, mediante el Índice de Transición Energética (ETI), evalúa comparativamente el desempeño actual de los sistemas energéticos de 120 países en cuanto a equidad, sostenibilidad ambiental y seguridad, así como su preparación para la transición, es decir, hasta qué punto puede crearse un entorno propicio sólido. Entre los componentes fundamentales de un entorno propicio figuran un marco normativo y regulatorio sólido y la capacidad de atraer y desplegar capital a gran escala. También son elementos integrales de este marco factores clave como una fuerza laboral cualificada, la innovación y una infraestructura robusta.
Aunque los países europeos encabezan la clasificación mundial, Brasil y Chile destacan como líderes notables, situados entre los 20 primeros puestos del índice de este año.
Así es como Brasil y Chile lideran la transición energética en América Latina y el Caribe:
Brasil y Chile marcan la diferencia
Economías emergentes como China y Brasil, junto con Chile —que este año se incorpora por primera vez a los 20 países con mejor desempeño en el ETI—, están logrando avances significativos en la transición energética gracias a sus esfuerzos sostenidos durante varios años. Aunque cada país sigue una trayectoria propia de transición energética, comparten algunas características: una mayor seguridad energética mediante matrices energéticas y eléctricas diversificadas, un aumento de las energías renovables y de la proporción de energía limpia en la matriz de combustibles, mecanismos de fijación de precios del carbono y entornos regulatorios favorables que impulsan y hacen posible la transición energética.
Según el informe, Brasil ha ampliado su capacidad de energía renovable y la proporción de energía limpia, en gran medida gracias a su compromiso a largo plazo con la energía hidroeléctrica y los biocombustibles, al tiempo que aprovecha su potencial solar y eólico. El énfasis de Brasil en la planificación y los instrumentos de política, así como en el fortalecimiento de las instituciones, ha creado el ecosistema adecuado para impulsar la transición energética. Brasil, el país más grande de América del Sur y la quinta nación más grande del mundo, lleva muchos años demostrando su compromiso con la transición hacia las energías renovables y ya obtiene casi la mitad de su energía (49 %) de fuentes renovables.
Brasil ocupa actualmente la presidencia del G20 y destaca la dimensión social de la transición energética, con el objetivo de que el proceso sea justo e inclusivo. El país avanza hacia una transición equitativa mediante la Iniciativa para la Descarbonización Profunda de la Industria, una coalición de gobiernos y líderes industriales que busca descarbonizar sectores difíciles de descarbonizar, como el cemento, el acero, el aluminio y los productos petroquímicos, dando prioridad a las redes de protección social, la participación comunitaria y la reconversión profesional de la fuerza laboral.
Del mismo modo, Chile genera el 35 % de su energía a partir de la energía solar y eólica, lo que da cuenta de su considerable desarrollo de infraestructura y de la aparición de una próspera industria de energías renovables. Este éxito se ve reforzado por un apoyo político duradero y la participación activa de empresas consolidadas comprometidas con el impulso de la agenda de energía limpia del país. El Gobierno tiene el ambicioso objetivo de alcanzar un 70 % de consumo de energía renovable y lograr la neutralidad de carbono para 2050.
¿Qué avances han logrado América Latina y el Caribe en esta transición?
Aunque dos actores regionales han entrado entre los 20 países con mejor desempeño, el Informe 2024 sobre la Promoción de una Transición Energética Eficaz revela que América Latina y el Caribe han registrado el crecimiento más lento de la última década: las puntuaciones agregadas del ETI aumentaron apenas un 3 %. La región lidera en la dimensión de sostenibilidad, en gran medida por su dependencia de la energía hidroeléctrica y las recientes ampliaciones de la capacidad solar y eólica. Sin embargo, este avance se ve contrarrestado por una sorprendente caída del 70 % en la inversión en energías renovables durante el mismo período.
Costa Rica y Paraguay encabezan las clasificaciones de la dimensión de sostenibilidad de 2024. Colombia, en el puesto 35, también figura entre los países con buen desempeño en el índice mundial. Sin embargo, el impulso en América Latina y el Caribe se ha estancado, ya que estos avances en sostenibilidad se ven parcialmente contrarrestados por el deterioro de la equidad debido al aumento de los precios del gas y la electricidad.
Los precios del gas y la electricidad se han mantenido altos durante los últimos 12 meses en comparación con años anteriores, influenciados por factores geopolíticos y geoeconómicos tanto externos como locales. La infraestructura existente de la región necesita una ampliación considerable y redes mejor interconectadas para respaldar el desarrollo, el almacenamiento, la distribución y la transmisión de energía renovable. Abordar estos desafíos de infraestructura es fundamental para que América Latina y el Caribe avancen en la transición energética. La región cuenta con potencial energético y recursos humanos, y unas políticas adecuadas, junto con la colaboración regional, pueden ayudar a movilizar las inversiones necesarias para llevar a América Latina a una nueva etapa de transición energética que beneficie a las economías y a las personas.
El panorama mundial de la transición energética
A escala mundial, el ritmo de la transición energética se ha ralentizado y equilibrar sus aspectos clave —equidad, seguridad y sostenibilidad— sigue siendo un desafío. Alcanzar los objetivos energéticos mundiales requiere apoyo internacional adaptado a las necesidades específicas de cada país, dirigir financiación suficiente a las economías emergentes y en desarrollo, y aplicar políticas con visión de futuro en todas las naciones para crear condiciones verdaderamente favorables a la inversión.
En 2023, las inversiones mundiales en infraestructura de energía limpia ascendieron a 1,8 billones de dólares. Sin embargo, el 84 % de estas inversiones se realizaron en economías avanzadas y China, lo que demuestra que la inversión sigue siendo insuficiente en la mayoría de los países en desarrollo.
El informe de este año destaca que la innovación digital, incluida la IA generativa, ofrece importantes oportunidades para el sector energético al aumentar la productividad, mejorar los rendimientos y ampliar la disponibilidad de talento. Estas innovaciones pueden abrir paso a una nueva ola de inversiones. Sin embargo, a medida que estas tecnologías avanzan, aumentará la electricidad necesaria para satisfacer sus demandas computacionales, y esto deberá gestionarse mediante la adopción de modelos de IA más eficientes y fuentes de energía limpia.
Mientras el mundo afronta las complejidades de la transición energética, Brasil y Chile pueden ofrecer valiosas lecciones e inspiración a los países vecinos. Transformar la forma en que producimos y consumimos energía requiere medidas decisivas, fomentar la colaboración y apoyar las economías locales. Estos pasos son clave para acelerar el camino hacia un futuro energético equitativo, seguro y sostenible. Más información sobre el Informe 2024 sobre la Promoción de una Transición Energética Eficaz aquí.



