100 millones de africanos podrían estar desempleados en 2030, según un nuevo informe

Streetlights illuminate the central business district in Cape Town, South Africa, March 17, 2019. REUTERS/Mike Hutchings - RC1FE4EF2A70
'By 2030, the off-grid renewable-energy value chain could generate at least 4.5 million jobs, including entrepreneurs, technicians, distributors, and installers.'Image: REUTERS/Mike Hutchings - RC1FE4EF2A70
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Los gobiernos africanos, sus donantes y sus socios ya se han comprometido a invertir en el desarrollo de competencias y la creación de empleo. Dadas sus implicaciones para el empleo, el desarrollo y la migración, existen sólidos argumentos para destinar una parte importante de esa inversión a la industria distribuida de energías renovables de África.

Los africanos están cada vez más inquietos. Desde 2010, al menos un millón de africanos subsaharianos han emigrado a Europa, y también ha aumentado el número de quienes emigran a Estados Unidos. Estas tendencias han generado una considerable inquietud política en los países de destino. Sin embargo, los esfuerzos por atajar un factor clave que impulsa este éxodo —la falta de oportunidades de empleo en África— no están dando resultados significativos.

El Banco Africano de Desarrollo (BAfD) estima que, a menos que se adopten medidas más enérgicas desde ahora, 100 millones de jóvenes africanos estarán desempleados en 2030. Para evitar este escenario, la Alianza África-Europa para la Inversión Sostenible y el Empleo, creada el año pasado por la Unión Europea y los gobiernos africanos, tiene como objetivo aportar recursos para la educación y la formación en competencias, reforzar el entorno empresarial y el sector privado, y mejorar las condiciones de inversión.

Asimismo, durante la próxima década, la iniciativa del BAfD Empleo para la Juventud en África pretende dotar a 50 millones de jóvenes de competencias comercializables y crear 25 millones de empleos. La mayor parte de ese empleo se generará en la agricultura, donde el crecimiento, según informa el Banco Mundial, es entre 2 y 4 veces más eficaz para aumentar los ingresos de las personas más pobres que el crecimiento en otros sectores.

Para aprovechar este potencial, el presidente del BAfD, Akinwumi Adesina ha pedido convertir las zonas rurales «de zonas de miseria económica en zonas de prosperidad económica», lo que exige «nuevas innovaciones agrícolas» y la transformación de la agricultura en «un sector generador de riqueza». Dado que África tiene la población más joven del mundo —el 60% de sus habitantes son menores de 35 años; esta transformación también requiere que la agricultura sea «una opción realmente atractiva para los jóvenes».

Ya, el 70% de la juventud africana reside en zonas rurales y trabaja en la agricultura, sector que se espera que llegue a ser una industria de un billón de dólares en 2030. El BAfD pretende aprovechar esta situación para impulsar a un grupo de «agroemprendedores», y ha invertido casi 1.000 millones de dólares en este objetivo desde 2016. Las pequeñas empresas en expansión actualmente representan solo una quinta parte de los empleos en las economías emergentes, frente a tres quintas partes en los países desarrollados.

Pero existe un obstáculo importante para el desarrollo agrícola en África: ampliar cualquier industria requiere electricidad fiable e ininterrumpida, de la que carece gran parte de la África rural —hogar de más de 600 millones de personas—. Afortunadamente, existe una forma de cerrar esta brecha y crear millones de empleos adicionales que reduzcan la llamada migración por desesperación: apostar decididamente por el desarrollo acelerado de la incipiente industria distribuida de energías renovables de África.

Según un nuevo informe de Power for All, un grupo de defensa del sector, la energía renovable distribuida en África —que incluye minirredes e infraestructuras solares para hogares, empresas y usos productivos como el riego— ya emplea directamente a tantos trabajadores como las compañías eléctricas tradicionales. Estos empleos son en gran medida «estables»: dos tercios son a tiempo completo y de larga duración, y la mayoría son puestos de alta cualificación que ofrecen ingresos de nivel medio. Las personas jóvenes de entre 18 a 25 años representan alrededor del 40% de la fuerza laboral total de electrificación rural.

La industria distribuida de energías renovables de África acaba de empezar. Para 2022-23, se prevé que el número de empleos del sector se duplique en Kenia y se multiplique por más de diez en Nigeria. Según una reciente proyección, la energía solar fuera de red por sí sola podría crear 1,3 millones de empleos equivalentes a jornada completa en África Oriental, Occidental y Central, así como en el sur de Asia, para 2022. Las estimaciones previas sugieren que, para 2030, la cadena de valor de las energías renovables fuera de red podría generar al menos 4,5 millones de empleos, incluidos emprendedores, técnicos, distribuidores e instaladores.

Y eso es solo el empleo directo. Según el informe Powering Jobs, por cada empleo creado directamente por una empresa privada que suministra electricidad a comunidades rurales mediante energías renovables descentralizadas, podrían crearse cinco empleos de «uso productivo» (basados en la aplicación de un producto o servicio de energía renovable distribuida) en las comunidades electrificadas. Esto incluiría, por ejemplo, empleos en molinos accionados con energía solar, procesamiento lácteo o instalaciones de almacenamiento en cadena de frío.

Pero crear empleos es solo el primer paso; los trabajadores también deben poder ocuparlos. Y, como mostró el informe Powering Jobs, la brecha de competencias de África —tanto en habilidades técnicas como blandas (incluidas las de mandos intermedios)— está creciendo. Son esenciales las capacidades técnicas, de marketing, financieras y de gestión adecuadas.

Los gobiernos africanos, sus donantes y sus socios ya se han comprometido a invertir en el desarrollo de competencias y la creación de empleo. Dadas las implicaciones para el empleo, el desarrollo y la migración, existen sólidos argumentos para destinar una parte importante de esa inversión a la industria distribuida de energías renovables de África.

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