La transición a la energía limpia también debe combatir la pobreza energética en todo el mundo.
La inversión en infraestructura necesaria para respaldar esta transición está fuera del alcance de muchos países.
Países de bajos ingresos como Colombia están demostrando que las soluciones de bajo costo pueden generar beneficios económicos y ambientales.
Según las Naciones Unidas, 700 millones de personas (el 10 % de la población mundial) todavía viven en la pobreza. Una cifra impactante, se mire como se mire, pero que muchos olvidamos mientras seguimos con nuestras ajetreadas vidas y afrontamos nuestras propias preocupaciones.
Lo que se sabe menos, o se comenta menos, es que las personas que viven en la pobreza necesitan tener acceso a la energía mucho más que quienes gozan de mayor prosperidad: para mantenerse abrigadas, disponer de alimentos saludables y prepararlos, y acceder a agua limpia. Para quienes no vivimos en la pobreza, el acceso a la energía es, por supuesto, igual de vital, pero contamos con medios para proporcionar calor y alimentos a nuestras familias y a nosotros mismos de muchas maneras fácilmente accesibles. Por lo general, damos por sentadas estas necesidades fundamentales.
En el sector energético, nos centramos con gran empeño en lograr la transición energética, y con razón. Este trabajo se recoge en dos Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU: el Objetivo 7, Energía asequible y no contaminante, y el Objetivo 13, Acción por el clima. La ONU define sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible como «integrados e indivisibles». ¿Se ha detenido alguna vez a considerar cómo se vincula la transición energética con los demás, especialmente con el Objetivo 1, «Poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo»?
Según la ONU: «El mundo está logrando avances hacia el Objetivo 7 [Energía asequible y no contaminante], con señales alentadoras de que la energía se está volviendo más sostenible y está ampliamente disponible. El acceso a la electricidad en los países más pobres ha empezado a acelerarse, la eficiencia energética sigue mejorando y las energías renovables están logrando avances notables en el sector eléctrico. No obstante, se necesita prestar una atención más específica para mejorar el acceso a combustibles y tecnologías limpios y seguros para cocinar, en beneficio de 3.000 millones de personas».
¿Y si pudiéramos hacer más? La cuestión es que podemos.
Trabajar para lograr la transición energética ofrece una oportunidad única y muy importante para abordar también la pobreza energética y la pobreza en un sentido más amplio. La solución está en cómo llevamos adelante la transición energética.
Algunos países podrán invertir sumas enormes en nueva infraestructura: según un nuevo análisis, Estados Unidos tendrá que gastar una cifra estimada de 4,5 billones de dólares en la próxima década para pasar a un 100 % de energía renovable; pero en los países menos prósperos, este tipo de inversión sencillamente no es una opción.
La manera en que las empresas de servicios públicos llevan a cabo sus inversiones en la transición energética es de gran importancia, porque estas decisiones afectarán más directamente a los clientes de menores ingresos mediante el aumento de las facturas. Es acertado que los países y sus empresas de servicios públicos estén sopesando cuidadosamente cómo hacerlo.
El ejemplo de Colombia muestra que la transición energética puede ser de bajo costo
Tomemos como ejemplo a Colombia, donde están encontrando maneras ingeniosas, innovadoras y de bajo costo para llevar adelante la transición energética y ofrecer electricidad asequible a sus ciudadanos, más de una cuarta parte de los cuales vive por debajo del umbral de pobreza.
Una de las principales empresas de servicios públicos de Colombia, Empresas Públicas de Medellín (EPM), ha anunciado recientemente la aplicación exitosa de Modular FACTS (sistemas modulares flexibles de transmisión de corriente alterna), que gestionan el flujo de energía en la red y generan amplios beneficios económicos y ambientales. Esta tecnología permite a EPM optimizar la infraestructura existente, en vez de tener que invertir en la construcción de nueva infraestructura, y mejorar el acceso a la energía en todo Medellín. EPM está atendiendo esta demanda creciente al facilitar la conexión de generación renovable. Gracias a este trabajo, EPM está mejorando la fiabilidad del sistema y reduciendo los costos operativos, lo que se traduce en facturas más bajas para sus clientes.
La visión y el compromiso de EPM con el aprovechamiento de la innovación benefician a los usuarios de Medellín y al sector eléctrico colombiano en general. Este es el tipo de acción creativa que el sector energético debe considerar si queremos lograr la transición energética y, aún más importante, abordar la pobreza energética.
Tenemos la oportunidad de hacer algo al respecto y, como ciudadanos del mundo, tenemos la obligación de hacerlo. Ahora es el momento de empezar a hablar, reflexionar y, sobre todo, actuar.


