Una transición bajo presión: 4 expertos reflexionan sobre el estado del sistema energético

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  • El Índice de Transición Energética 2026 muestra que la transición energética no se está revirtiendo, pero sí se está fragmentando.

  • El aumento de las tensiones geopolíticas, los cuellos de botella en la infraestructura y la inversión fragmentada están redefiniendo el ritmo y la dirección de la transición energética.

  • Preguntamos a líderes del sector energético hacia dónde ven que cambia el sistema energético y qué se necesita para devolver la transición al buen camino.

El Índice de Transición Energética 2026 del Foro Económico Mundial, desarrollado en colaboración con Accenture, hace seguimiento de los sistemas energéticos en 120 países mediante 44 indicadores.

Las cifras principales siguen siendo impresionantes: la inversión mundial en energía limpia alcanzó los 2,3 billones de dólares en 2025. Sin embargo, estos avances conviven con limitaciones crecientes. La disrupción de los flujos energéticos a través del estrecho de Ormuz a comienzos de 2026 puso de manifiesto estas vulnerabilidades, elevó los precios del petróleo y el gas y obligó a las economías dependientes de las importaciones a enfrentar disyuntivas más difíciles entre el acceso a la energía, la asequibilidad y la inversión en transición.

El Índice de Transición Energética 2026 del Foro Económico Mundial, desarrollado en colaboración con Accenture, hace seguimiento de los sistemas energéticos en 120 países mediante 44 indicadores. Este año revela que el panorama energético se está volviendo más fragmentado y más impulsado por la seguridad. Muestra que, pese a los crecientes obstáculos, el 60 % de los países mejoró sus puntuaciones generales en el Índice de Transición Energética este año. Sin embargo, el progreso equilibrado se concentra cada vez más, pues solo uno de cada cuatro países mejora al mismo tiempo en seguridad, asequibilidad y sostenibilidad. La financiación y la inversión cayeron un 1,8 %, el compromiso político se debilitó, la innovación se ralentizó y más de 2.500 GW de proyectos de energía limpia siguen estancados en colas de conexión a la red en todo el mundo.

En este contexto, preguntamos a líderes del sector energético hacia dónde ven que cambia el sistema energético y qué exige el camino a seguir. Esto es lo que nos dijeron.

Volker Sick, catedrático Arthur F. Thurnau de Ingeniería Mecánica y catedrático DTE Energy de Investigación Avanzada en Energía, Universidad de Michigan

Image: UM Photography, S. Soderberg

Las tensiones y los conflictos geopolíticos actuales están impulsando un cambio profundo en la forma en que concebimos la transición energética. Lo que antes se planteaba principalmente como un imperativo climático es hoy igualmente una cuestión de soberanía estratégica.

Podría ser el impulso definitivo necesario para superar la inercia de la comodidad y la dependencia de la infraestructura existente, así como de la energía aparentemente asequible que todavía proporcionan los combustibles fósiles. Los futuros sistemas energéticos están preparados para ofrecer no solo la energía de menor coste procedente de la solar y la eólica, sino también para liberar a las naciones de la dependencia perpetua de cadenas de suministro vulnerables de vectores energéticos.

Una vez instalados, un campo solar o un parque eólico requieren poca aportación externa durante décadas, más allá del mantenimiento. Pero el camino para llegar hasta ahí está limitado por una base estrecha de proveedores de algunas materias primas y equipos. Aun así, esta misma limitación puede servir de catalizador, estimulando la innovación para sustituir tecnologías dominantes, reemplazar materiales que actúan como cuellos de botella por alternativas de nueva ingeniería y diversificar el panorama de proveedores con nuevos participantes.

Esta transición energética reconfigurada tampoco se producirá de la noche a la mañana. Pero ahora cuenta con un impulsor poderoso y duradero que la empuja hacia delante con fuerza, para que el sistema energético de cada país sea resiliente frente a las disrupciones geopolíticas.

Damilola Ogunbiyi, directora ejecutiva y Representante Especial del Secretario General de la ONU para la iniciativa Energía Sostenible para Todos, y copresidenta de ONU-Energía

La transición energética mundial se está acelerando, pero la equidad energética sigue siendo uno de sus desafíos más apremiantes. Mientras las economías avanzadas se centran en descarbonizar los sistemas existentes, muchos países del Sur Global aún trabajan para alcanzar un objetivo más fundamental: el acceso universal a la energía.

El Sur Global representa más de la mitad de la población mundial, pero su capacidad de generación eléctrica no supera un cuarto del total mundial. Dado que se espera que alrededor del 85 % de la nueva demanda energética en los próximos años proceda de las economías en desarrollo y emergentes, existe una necesidad clara de crear un suministro energético sostenible.

La equidad energética debe convertirse en un pilar central de la política energética mundial, junto con la sostenibilidad y la seguridad. Esto implica reconocer que muchas naciones de África, Asia y América Latina desean ampliar el acceso a la energía, avanzar hacia fuentes energéticas más limpias y respaldar el desarrollo económico, pero simplemente carecen de la financiación necesaria para hacerlo.

Los países del Sur Global se enfrentan a una combinación de limitaciones: espacio fiscal reducido, cargas de deuda crecientes, elevado coste del capital y entornos normativos complejos. Esto explica por qué, pese a los miles de millones movilizados, muchos países, especialmente en África subsahariana y el sudeste asiático, siguen recibiendo muy poca inversión energética.

Las soluciones incluyen fortalecer la política nacional, aumentar el capital desplegado, integrar la financiación concesionaria y establecer planes de transición claros y secuenciados que aborden las brechas de acceso a la energía en las economías en desarrollo y emergentes, al tiempo que aceleran el camino de estos países hacia las cero emisiones netas.

Esta empresa de energía solar ha suministrado electricidad a 1 millón de hogares en África Occidental.
Esta empresa de energía solar ha suministrado electricidad a 1 millón de hogares en África Occidental.
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Fabby Tumiwa, director ejecutivo, Institute for Essential Services Reform

Los gobiernos del sudeste asiático se encuentran entre la espada y la pared. Mantener la energía asequible no es una excusa política, sino una obligación real en economías donde millones de hogares están a un solo aumento de tarifas de la pobreza energética. Pero esa misma obligación se ha convertido, discretamente, en un techo para la ambición. Los subsidios a los combustibles fósiles consumen el espacio fiscal que podría financiar el cambio hacia energías más limpias, mientras que la transición a las energías renovables se trata como una aspiración a largo plazo y no como una necesidad a corto plazo.

Las cosas llegaron a un punto crítico en 2026, cuando se atacó el estrecho de Ormuz y los precios del petróleo se dispararon. Para los gobiernos que ya cargan con pesadas cargas de subsidios, absorber esos picos de precios resultó fiscalmente devastador. El shock puso de manifiesto una marcada división en la respuesta política: algunos países utilizaron la crisis como catalizador, acelerando el despliegue nacional de renovables y la inversión en redes. Otros optaron por el camino de menor resistencia política, volviendo al carbón y al gas como apuesta a corto plazo más segura.

Pero la seguridad frente a la asequibilidad y la transición nunca fue una falsa elección. La energía renovable a gran escala es más barata que la alternativa de los combustibles fósiles. La integración regional y nacional de las redes reduce los costes generales del sistema. Y una reforma de subsidios bien diseñada, que proteja a los hogares más pobres sin financiar un consumo ineficiente, puede liberar precisamente el capital que la región necesita para cerrar la brecha de la transición.

El sudeste asiático no carece de ambición. Lo que le falta es el valor político para actuar en consecuencia.

Zhou Changchun, vicepresidente, Economic & Technology Research Institute, GEIDCO

Mientras la transición energética mundial afronta presiones fragmentadoras, China actúa como una fuerza estabilizadora, convirtiendo el compromiso político de alto nivel en una acción constante y sólida.

Como practicante firme de la transición energética, China ha ampliado de forma constante su capacidad renovable y, al mismo tiempo, ha construido una red eléctrica de gran escala para transmitir esa energía. Desde 2013, su capacidad solar ha crecido más de 50 veces y su capacidad eólica seis veces. Esta práctica nacional ha reducido de forma significativa las barreras tecnológicas y de implementación para los sistemas eléctricos de cero emisiones en todo el mundo.

El papel o la contribución de China a la transición mundial hacia la energía limpia adopta tres formas.

En primer lugar, su capacidad de infraestructura integrada sostiene el impulso mundial en medio de las crecientes tensiones geopolíticas.

En segundo lugar, su cadena tecnológica integral, desde la generación y el almacenamiento avanzados hasta la operación de la mayor red eléctrica del mundo, ofrece un modelo probado para superar los cuellos de botella que frenan más de 2.500 GW de proyectos de energía limpia en todo el mundo. La experiencia de China en la optimización de recursos renovables a gran escala mediante la conexión a la red eléctrica y la integración del sistema aporta el eslabón que faltaba para integrar energías renovables de alta penetración en las redes existentes.

En tercer lugar, un mercado de carbono en expansión y un marco normativo basado en un perfeccionamiento continuo ofrecen una estructura flexible, aunque orientada a objetivos, para la escalabilidad a largo plazo.

Como promotora de la cooperación energética transfronteriza, China defiende la conectividad de las redes como la vía más práctica para avanzar, compartiendo experiencia operativa y colaborando en la interconexión para canalizar las abundantes renovables hacia los centros de demanda. La transición debe ser un viaje compartido, y China está dispuesta a hacerla realidad para todos.

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