La pandemia ha provocado una drástica caída de las emisiones de gases de efecto invernadero, y es esencial mantener este impulso.
Lograr una transición energética exitosa requerirá el apoyo de toda la sociedad, pero el tiempo apremia.
Esto es lo que necesitas saber.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en 2020 disminuyan un 8%, hasta alcanzar su nivel más bajo desde 2010. Normalmente, esto sería motivo de celebración, ya que el mundo necesita reducir las emisiones de GEI un 6% anual para cumplir los objetivos de los Acuerdos de París sobre el Clima. Sin embargo, la reducción no se debe a cambios estructurales, sino a una devastadora crisis sanitaria y la consiguiente crisis económica. Para evitar un repunte de las emisiones de GEI, como ocurrió durante anteriores recesiones económicas, es imperativo no perder el impulso de la transición energética.
Al igual que la respuesta a la COVID-19, una transición energética exitosa requiere un amplio respaldo de la sociedad para poner en práctica las medidas necesarias para cambiar la trayectoria. Esto comienza por generar una comprensión general de los desafíos, las posibles soluciones y medidas, y la ciencia que las sustenta. En este sentido, hace poco publicamos una nota informativa titulada Energy Transition 101, que vuelve «a lo básico» y aborda qué es la transición energética, por qué, cuándo, dónde, quiénes participan y cómo se lleva a cabo.
Destacan cinco mensajes importantes.
1. La transición energética abarca más que la descarbonización
Más de 800 millones de personas —principalmente en el África subsahariana— siguen viviendo sin acceso a la electricidad, y cientos de millones más solo tienen acceso a una electricidad muy limitada o poco fiable. Además, la prosperidad económica depende profundamente del acceso a la energía y de su consumo. Aunque la transición energética actual está impulsada principalmente por preocupaciones sobre la sostenibilidad medioambiental, solo tendrá éxito si, al mismo tiempo, garantiza la seguridad y el acceso energéticos, y facilita el crecimiento y el desarrollo económicos. En otras palabras, una transición energética exitosa debe equilibrar el triángulo energético (véase más abajo).
2. Queda poco tiempo para completar la transición energética
La experiencia de transiciones energéticas anteriores demuestra que estas transformaciones no ocurren de la noche a la mañana, sino que se desarrollan a lo largo de décadas. Sin embargo, en el caso de la transición energética actual, la cuestión es cuánto tiempo queda para completarla. Un concepto interesante, llamado «presupuesto de carbono», aclara la urgencia de la situación. En resumen, el IPCC estima que, para limitar el calentamiento global a 1,5 ˚C, el mundo puede «gastar» un presupuesto máximo de entre 2.600 y 2.900 GtCO2 de emisiones antropogénicas, de las cuales ya se han utilizado 2.200 GtCO2 hasta la fecha. Con las emisiones actuales, de aproximadamente 42 GtCO2 al año, el presupuesto restante se agotará en un plazo de 10 a 17 años si no se lleva a cabo ninguna transición.
3. La transición energética no consiste solo en sustituir el carbón por energías renovables y los coches de gasolina por vehículos eléctricos
Las emisiones relacionadas con la energía representan aproximadamente el 73% de las emisiones mundiales de GEI, la mayoría de las cuales son emisiones de CO2. Al analizar estas emisiones de CO2, suele prestarse atención a la generación de electricidad y a los vehículos particulares. Y con razón, ya que la generación de electricidad representa el 38% y el transporte por carretera ligero, el 13% de las emisiones totales de CO2 relacionadas con la energía. Sin embargo, esto no cuenta toda la historia. Una transición energética exitosa debe incluir soluciones para el 47% restante de las emisiones de CO2 relacionadas con la energía. Para los llamados sectores «difíciles de descarbonizar», como el transporte pesado por carretera, la siderurgia, la producción de cemento, el transporte marítimo y la aviación, todavía se están desarrollando soluciones escalables.
4. No existe una solución única para todos los casos
Los sectores «difíciles de descarbonizar» demuestran que el desafío de la transición energética no puede resolverse con un solo tipo de solución. En su lugar, se necesita una combinación de soluciones para alcanzar las «cero emisiones netas». En términos generales, las soluciones de descarbonización se dividen en tres categorías:
a) Mejorar la eficiencia energética: de toda la energía primaria utilizada, solo el 33% se convierte en energía útil. El 67% restante se pierde debido a las ineficiencias en la generación de electricidad, el transporte, la industria pesada y los edificios. Por eso, como señala la AIE, la eficiencia energética es una de las mejores soluciones para construir un sistema energético inclusivo, sostenible, asequible y seguro.
b) Desarrollar energías alternativas con bajas emisiones de carbono: algunos ejemplos conocidos son el paso de los combustibles fósiles a fuentes de energía renovable, como la eólica y la solar, para generar electricidad, o la sustitución de los motores de combustión interna por vehículos eléctricos. Sin embargo, todavía se están desarrollando soluciones escalables para reemplazar el queroseno de los aviones, el fueloil de los barcos o la nafta utilizada en la producción de sustancias químicas.
c) Capturar las emisiones inevitables: habrá casos en los que no sean viables una mayor eficiencia energética ni fuentes alternativas de energía con bajas emisiones de carbono. En esos casos, la captura de carbono desempeña un papel, ya sea mediante instalaciones mecánicas de captura y almacenamiento de carbono (CAC), o mediante soluciones basadas en la naturaleza, como la reforestación.
5. Se necesita un enfoque que involucre a múltiples partes interesadas
Al igual que en la respuesta a la COVID-19, las personas tienen una gran responsabilidad para hacer realidad la transición energética. Sin embargo, dadas las complejidades mencionadas, se necesita una amplia coalición de actores públicos y privados para abordar la huella de carbono específica de cada región y sector, y desarrollar una combinación de soluciones técnica, económica, política y socialmente viables en todas las partes del mundo. Entre estos actores se encuentran los gobiernos y responsables de políticas, las empresas, las organizaciones internacionales, los grupos de reflexión, las ONG y el mundo académico.
Para hacerse una idea de cómo funciona esto en la práctica, la Mission Possible Platform ofrece un buen punto de partida. Esta plataforma es una iniciativa centrada en impulsar medidas de reducción de emisiones e innovaciones para descarbonizar siete de los sectores «difíciles de descarbonizar», entre ellos la siderurgia (aproximadamente el 6,5% de las emisiones mundiales de CO2 relacionadas con la energía), la industria química (aproximadamente el 3%), la aviación (aproximadamente el 2,7%) y el transporte marítimo (aproximadamente el 2,6%). En cada uno de estos sectores, una amplia coalición de actores públicos y privados está desarrollando soluciones escalables.
Para obtener más información sobre Mission Possible Platform y las iniciativas que la sustentan, se invitó a todos a participar en el Virtual Industry Transition Day del 7 de julio.
El Industry Transition Day fue un importante punto de partida en el camino hacia la COP26, en noviembre de 2021, donde las iniciativas climáticas del Foro Económico Mundial trabajan con los High Level Champions for Climate Action y otros colaboradores para alcanzar acuerdos sectoriales. Más de 180.000 espectadores de todo el mundo se sumaron a la conversación a través de cinco sesiones retransmitidas en directo, en torno a tres temas clave, con más de 30 ponentes de primer nivel y muchas otras personas.
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