Una transición exitosa hacia un futuro sostenible dependerá de la colaboración internacional y de transformaciones en múltiples sectores.
Estas son ocho recomendaciones para que los responsables de formular políticas aceleren la revolución verde.
En los últimos años se ha hablado mucho de la «transición energética». La premisa subyacente es que debe acelerarse la transición hacia fuentes de energía con bajas emisiones de carbono o sin emisiones para mitigar el impacto del calentamiento global. La pandemia actual está poniendo aún más de relieve la interconexión mundial y la necesidad de colaborar y compartir las mejores prácticas.
Hoy, gran parte de la atención se centra en descarbonizar la producción de electricidad mediante energías renovables, pero solo alrededor de una cuarta parte de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero proviene de la electricidad. El sector industrial (refinado, petroquímica, fertilizantes y producción de cemento y acero) genera en conjunto alrededor del 21 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. En la actualidad, solo el 15 % del consumo energético industrial proviene de la electricidad. La transición del sector del transporte mundial, que representa cerca del 15 % de las emisiones mundiales, de los combustibles derivados del petróleo a combustibles con bajas emisiones de carbono también requerirá un conjunto diverso de tecnologías.
Mientras los gobiernos de todo el mundo estudian la aplicación de incentivos fiscales para combatir las consecuencias económicas negativas de la COVID-19 y contrarrestar las amenazas del cambio climático, existen muchas oportunidades para beneficiarse de la revolución sostenible. Estas son ocho recomendaciones que conviene considerar para su aplicación inmediata:
1. Asegurarse de que los paquetes de estímulo contribuyan a forjar un futuro sostenible
Cuando los empleos de la economía limpia ocupan un lugar central en los programas de estímulo, se genera un impulso laboral tanto a corto como a largo plazo para una fuerza de trabajo diversa. Tras la Gran Recesión de 2008, se crearon cientos de miles de empleos en todo el mundo a medida que los países desplegaban proyectos eólicos, solares y de redes eléctricas. En adelante, los estímulos gubernamentales podrían utilizarse para respaldar trabajos que requieren mucha mano de obra, como proyectos de eficiencia energética en edificios e industrias. Además, toda ayuda a las industrias con altas emisiones de carbono debería incluir el compromiso de reducirlas.
2. Invertir en el futuro
En lugar de rescatar el «pasado», la mejor respuesta es permitir que las empresas se conviertan en líderes del futuro facilitando inversiones en tecnologías como las baterías, el hidrógeno, el transporte eléctrico y la inteligencia artificial, así como en ámbitos tan diversos como la agricultura sostenible, un medio ambiente limpio y alimentos limpios. También es fundamental invertir en países en desarrollo con falta de capital, que son los mercados de crecimiento del futuro y resultan esenciales para alcanzar los objetivos climáticos. Tradicionalmente, las políticas gubernamentales a largo plazo han estimulado el capital privado y podrían dar un impulso extraordinario a una revolución sostenible mundial.
3. Dar más poder al consumidor
Cuanto más participe el consumidor, mayor será la probabilidad de que los paquetes de estímulo tengan efectos positivos. La transparencia es importante, y las normas de eficiencia de los productos para el hogar o los automóviles ayudan a ofrecérsela a los consumidores. Los incentivos y las tasas también pueden influir en el comportamiento de los consumidores e impulsar la inversión limpia. Un ejemplo son los programas de «dinero por chatarra», que incentivan la compra de vehículos más limpios, mejoran el clima y reducen la contaminación del aire.
4. Crear condiciones equitativas para las energías limpias
En todo el mundo existen subsidios o impuestos que favorecen a la industria de los combustibles fósiles ya establecida, en detrimento de las energías limpias de bajo costo. En Alemania, por ejemplo, los consumidores minoristas pagan hasta 30 céntimos de euro por kWh de electricidad, mientras que el gas o el petróleo para calefacción cuestan solo 7 céntimos. La introducción de una tasa sobre el carbono impulsaría las inversiones tan necesarias en infraestructura limpia, ofrecería certidumbre normativa a los inversores y las empresas, y generaría una ola de emprendimiento capaz de estimular rápidamente la economía y beneficiar al medio ambiente.
5. Modernizar la infraestructura existente
Durante muchos años se ha permitido que la infraestructura de las instalaciones se deteriore, y muchas carecen ahora de la tecnología moderna y la infraestructura física necesarias para mantener operaciones seguras, eficientes, resilientes y flexibles durante emergencias y en la nueva normalidad. El principio rector de la renovación de la infraestructura debería ser reconstruir mejor. Las instalaciones renovadas deben cumplir las normas modernas de eficiencia energética y calidad del aire y del agua, y minimizar los costos operativos a largo plazo. También deben contar con sistemas energéticos resilientes y descentralizados, y poder adaptarse a situaciones de emergencia o de salud pública.
6. Simplificar la burocracia gubernamental
Uno de los principales obstáculos a la inversión en energía limpia es una regulación compleja y onerosa. Por ejemplo, las instalaciones solares en tejados en la mayoría de Estados Unidos cuestan el doble que en Alemania y tardan tres veces más debido a las complejas normas de permisos y a las engorrosas leyes de instalación. Este tipo de obstáculos existe en numerosos países y en todo el sector energético, lo que pone de manifiesto la necesidad de simplificar los procesos de acreditación y concesión de permisos.
7. Promover la instalación de sistemas eléctricos de última generación
Las empresas eléctricas de todo el mundo han hecho un muy buen trabajo para mantener la fiabilidad del suministro eléctrico a pesar del coronavirus. La crisis también ha demostrado que nuestro sistema eléctrico puede funcionar con una proporción de energías renovables intermitentes mayor de lo que se pensaba. Sin embargo, los precios negativos y la creciente volatilidad de los precios nos han mostrado que el sistema actual tiene límites. En adelante, la electrificación del transporte y de los edificios (que actúan como «prosumidores») representa la próxima gran oportunidad y desafío para los sistemas eléctricos, e impulsa la necesidad de reforzar y digitalizar las redes de distribución del siglo XXI.
8. Incentivar la reestructuración del sector energético
La industria de los combustibles fósiles, desde los perforadores de petróleo de esquisto en Texas hasta los mineros del carbón en China, atraviesa dificultades económicas. Gran parte de la industria tendrá que someterse a una reestructuración importante, con consecuencias económicas locales. Los incentivos financieros deben financiar la transición hacia una economía de energía limpia y reconvertir las plantas de combustibles fósiles cerradas para darles otros usos, como centros de datos.
Cobrar impulso
En resumen, estas ocho recomendaciones pueden ayudar a abrir camino hacia un futuro de energía limpia y bajas emisiones de carbono. Aprovechar el impulso generado por la pandemia mundial y la actitud de «sí se puede» de nuestros líderes políticos, las empresas mundiales y las comunidades locales brinda enormes oportunidades para construir desde ahora un futuro sostenible en todo el mundo. Quizás esta sea nuestra mayor oportunidad de hacer el bien en todo el planeta.

