3 señales de que el mundo ya está contraatacando al cambio climático

A worker inspects solar panels at a solar Dunhuang, 950km (590 miles) northwest of Lanzhou, Gansu Province September 16, 2013. China is pumping investment into wind power, which is more cost-competitive than solar energy and partly able to compete with coal and gas. China is the world's biggest producer of CO2 emissions, but is also the world's leading generator of renewable electricity. Environmental issues will be under the spotlight during a working group of the Intergovernmental Panel on Climate Change, which will meet in Stockholm from September 23-26. REUTERS/Carlos Barria (CHINA - Tags: ENERGY BUSINESS ENVIRONMENT) - RTX13UEF
Despite a tumultuous 2016, there are reasons to be hopeful that we can win the fight against climate changeImage: REUTERS/Carlos Barria
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En 2016, tras décadas de arduo trabajo para lograr avances ambientales basados en la cooperación entre gobiernos y empresas, vimos importantes cambios políticos en el mundo. Las sacudidas del Brexit y las elecciones estadounidenses son la parte más visible de este fenómeno, pero las señales van mucho más allá del auge del populismo, impulsado por el estancamiento de los salarios y las profundas divisiones en la sociedad.

He percibido la consternación de quienes tanto trabajaron para hacer realidad el Acuerdo de París, así como su preocupación de que, en este entorno recién configurado, retrocedamos. En 2015 todos sabíamos que estábamos fijando un rumbo y un destino, pero también que el ritmo del cambio tendría que avanzar de forma iterativa, con ciclos de ambición cada vez mayores.

El temor es que esto se convierta ahora en un punto débil y que la ambición no se materialice. Eso sería muy peligroso: incumplir un objetivo climático y posiblemente desencadenar ciclos naturales de retroalimentación de los que quizá no podamos recuperarnos no es mucho mejor que no haber fijado ningún objetivo.

Oigo estas preocupaciones y las comprendo, pero yo misma tengo una opinión distinta. Mi respuesta consta de tres partes.

La caída del costo de las energías renovables

En primer lugar, debemos recordar que el Acuerdo de París fue posible, en gran medida, gracias a un profundo cambio en los fundamentos económicos de nuestra sociedad. En los últimos años hemos visto caídas drásticas en el costo de la energía renovable, hasta el punto de que la energía solar es ahora la forma más barata de energía nueva, y el récord mundial del costo de la electricidad solar sin subsidios ya está por debajo de los 30 dólares por megavatio hora.

Esto hace que las energías renovables tengan la fuerza suficiente para desarticular de forma permanente el monopolio de la energía basada en combustibles fósiles en todo el mundo y, de hecho, la mitad de la inversión en energía nueva en 2015 se destinó a las renovables. Ese avance se refleja también en el desarrollo de la capacidad de almacenamiento en baterías y está a punto de transformar radicalmente el sector del transporte mundial, que actualmente representa más del 50 % del consumo de combustibles fósiles. Esto forma parte de una tendencia a largo plazo que sigue desarrollándose, a medida que nuevos avances tecnológicos continúan reduciendo los precios y aumentando la capacidad.

Además, también está cambiando la economía de la explotación de recursos: en diciembre de 2016, la oferta ganadora para un posible proyecto en el lecho marino de un parque eólico marino estadounidense reportó al Gobierno federal de Estados Unidos más del doble de lo que había obtenido ese mismo año por nuevas concesiones petroleras en el golfo de México.

Por supuesto, un país podría conceder enormes subsidios públicos al carbón para intentar proteger la industria de las tendencias económicas subyacentes, mientras retira al mismo tiempo el apoyo a las energías renovables, y es muy posible que veamos algo así; pero los resultados de ese enfoque son cuestionables. En última instancia, ningún país puede resistirse para siempre al cambio mundial. En particular, dadas las finanzas públicas y la necesidad de impulsar el crecimiento salarial y el empleo, cualquier país que se oponga a esta trayectoria también renuncia a una posible ventaja competitiva en el nuevo mercado y, a largo plazo, solo se perjudicará a sí mismo.

Todos estamos en el mismo equipo

En segundo lugar, ahora hay pruebas abrumadoras de que la gente de todo el mundo quiere que sus dirigentes electos les proporcionen un entorno seguro y estable, lo que incluye limitar el cambio climático. Quienes votaron por candidatos populistas el año pasado, y quizá vuelvan a hacerlo en 2017, no votan por aire contaminado ni por riesgos para la salud de sus hijos. El 8 de noviembre de 2016, los ciudadanos estadounidenses votaron a favor de medidas locales por más de 200.000 millones de dólares, financiadas con sus propios impuestos locales, para mejorar la calidad de vida y reducir la contaminación por carbono.

En última instancia, debemos entender que evitar el cambio climático no forma parte del debate partidista. Todos estamos unidos en el deseo de vivir en un entorno seguro y estable, y de ofrecer a nuestras familias buenos empleos que contribuyan a la economía del futuro. No hay un nosotros frente a ellos cuando se trata de hacer realidad un futuro con bajas emisiones de carbono. El Acuerdo de París se logró para todos, y no debemos olvidarlo ni permitir que nos arrastren a discursos de división política.

En tercer lugar, el liderazgo frente al cambio climático está demostrando ser notablemente resiliente, incluso en este año turbulento, y se manifiesta y crece en todos los sectores de la sociedad. Por ejemplo:

  • Los dirigentes nacionales están respondiendo a posibles reveses con ambición. Una semana después de las elecciones estadounidenses, 47 países en desarrollo reforzaron sus planes climáticos para alcanzar el 100 % de energía renovable, muy por encima de lo que establecen sus NDC. Luego, el Gobierno de la India pronosticó que el país superaría en casi la mitad los objetivos de energía renovable que fijó en París, tres años antes de lo previsto. India prevé que, para 2027, el 57 % de su capacidad total de generación eléctrica procederá de fuentes no fósiles. El objetivo del Acuerdo de París era alcanzar el 40 % para 2030.

  • Los estados y las ciudades siguen marcando el camino. Ciento sesenta y cinco estados y regiones de 33 países, que representan a mil millones de personas y 25 billones de dólares de PIB (el 35 % del PIB total), se han comprometido a transformar sus economías para mantenerse por debajo del límite de 2 °C como parte del Memorando de Entendimiento Under2. Las ciudades C40, donde vive 1 de cada 12 personas en todo el mundo, han fijado 2020 como fecha límite para cambiar el rumbo de sus emisiones, como parte de sus planes para que sigan siendo competitivas, atractivas y resilientes. Este liderazgo a escala municipal se profundizará y crecerá con el anuncio del Pacto Global de Alcaldes, resultado de la fusión del Pacto Global y el Pacto de los Alcaldes de la UE, y dará paso a un período de expansión significativa más adelante este año.

  • El sector privado tampoco está frenando el paso. Cerca de 90 empresas multinacionales se han comprometido a utilizar energía 100 % renovable, lo que genera incentivos y demanda para seguir avanzando. Además, y esto es muy importante, más de 200 empresas han fijado objetivos basados en la ciencia para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero de manera suficiente, dada la magnitud del desafío. Incluso vemos que industrias con altas emisiones, como la aeronáutica, empiezan a imponerse límites de emisiones.

  • Las instituciones financieras ya reconocen los riesgos que corren sus clientes y beneficiarios si no participan en la transición a una economía con bajas emisiones de carbono. En octubre de 2016, Société Générale se sumó a las instituciones financieras que se han comprometido a dejar de financiar nuevos proyectos de centrales eléctricas de carbón y a ajustar su financiación e inversiones a una trayectoria climática compatible con los 2 °C. El movimiento de desinversión en combustibles fósiles acaba de superar el umbral de los 5 billones de dólares, con 688 instituciones de 76 países. Solo en Estados Unidos, los activos de inversión sostenible, responsable y de impacto crecieron un 33 % en apenas dos años, hasta alcanzar los 8,72 billones de dólares.

  • Es importante destacar que el sector financiero también está avanzando en la aplicación de las recomendaciones formuladas por el Grupo de Trabajo sobre Divulgación de Información Financiera relacionada con el Clima, que el G20 debería adoptar en junio. Las recomendaciones mejorarán la rendición de cuentas y la transparencia, y garantizarán que los planes empresariales se sometan a pruebas de resistencia frente al objetivo de 2 °C.

Estas medidas por sí solas no bastan para alcanzar los objetivos de París, pero son señales fundamentales de intención y nos muestran lo que es posible con una visión firme y compromiso. Ya se perciben los beneficios en el aumento constante de empleos estables y a largo plazo relacionados con las energías renovables, así como en la reducción de la contaminación por carbono.

A medida que en 2015 crecía el impulso colectivo a favor del Acuerdo de París, la intensidad de carbono mundial cayó un récord del 2,8 %, y muchas economías emergentes redujeron considerablemente su consumo de carbón. Al mismo tiempo, el PIB mundial creció un 3,1 %. Era el tercer año consecutivo en que vislumbrábamos un mundo que había desvinculado el crecimiento económico de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Nuestra capacidad para resolver el desafío del cambio climático, que también es un desafío energético, de seguridad alimentaria, inmigración, salud y crecimiento económico equitativo —sobre todo para las personas más vulnerables del mundo—, es muy sólida. Debemos mantenernos optimistas y realistas, pragmáticos y visionarios. Tenemos que colaborar intensamente y tender puentes sobre las divisiones que han surgido en nuestras sociedades.

Los próximos cinco años marcarán la diferencia, y esta oportunidad extraordinaria exige que todos ejerzamos un liderazgo receptivo, inmediato y urgente. A pesar de los obstáculos que hemos afrontado y seguiremos afrontando, los imperativos generales para lograr un mundo climáticamente seguro a largo plazo están de nuestro lado. Insto a todos a elevar la ambición para que juntos podamos llegar más lejos y más rápido.

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