Llevar un diario a diario puede cambiar literalmente el cerebro

A generic picture of a diary. REUTERS/Catherine Benson CRB - RP6DRNBBKLAB
Research leader Christina Karns says that the journaling recalibrated the neural value of altruism.Image: REUTERS/Catherine Benson
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En un nuevo estudio, los investigadores observaron un cambio notable en el cerebro de 16 mujeres que escribieron a diario sobre la gratitud en un diario en línea.

En comparación con otras 17 mujeres que escribieron sobre temas neutros, era más probable que las integrantes del grupo de gratitud disfrutaran al ver cómo se donaba dinero a Food for Lane County en vez de recibirlo ellas mismas.

Los investigadores obtuvieron pruebas mediante resonancias magnéticas del cerebro de las mujeres mientras observaban ese tipo de donaciones, al inicio del estudio y de nuevo tras tres semanas de escribir en el diario. Las imágenes detectaron cambios en el metabolismo del oxígeno de las células de la corteza prefrontal ventromedial, una zona profunda del cerebro.

En estudios anteriores, esa misma región se ha relacionado con rasgos altruistas, incluido uno del año pasado, del coautor del estudio Ulrich Mayr, que observó un aumento del altruismo puro a medida que las personas envejecen.

Christina Karns, directora de la investigación y asociada de investigación del Departamento de Psicología de la Universidad de Oregón, afirma que escribir en el diario recalibró el valor neuronal del altruismo, algo que podría resultar útil durante las fiestas de fin de año.

«Cuando contamos nuestras bendiciones, esta parte del cerebro nos proporciona esta moneda neuronal que literalmente nos hace más ricos», afirma Karns, directora del Proyecto de Emociones y Neuroplasticidad de su departamento.

«Al usar esta moneda neuronal, dar es algo que se hace con un corazón agradecido, con la sensación de abundancia propia por lo que otros han hecho por ti», afirma Karns.

Se desconoce si este enfoque de escribir sobre la gratitud, que los investigadores describen en la revista Frontiers in Human Neuroscience, produce cambios duraderos en la valoración mental que una persona hace de la caridad, pero, según ella, merece estudiarse más.

En este primer estudio a corto plazo, explica, solo se reclutó a mujeres de entre 18 y 27 años para reducir la variabilidad del proyecto. Al principio, los investigadores evaluaron a las mujeres mediante escáneres cerebrales y cuestionarios diseñados para identificar discretamente rasgos altruistas. Durante la evaluación, observaron transacciones en las que una suma de dinero se destinaba al banco de alimentos o a ellas mismas.

Las participantes cuyas respuestas al cuestionario revelaban rasgos más altruistas y agradecidos mostraron una respuesta cerebral relacionada con la recompensa más intensa cuando la organización benéfica recibía el dinero que cuando lo recibían ellas mismas. Esto planteó la pregunta: ¿puede practicar la gratitud cambiar esta respuesta?

A continuación, para probar la intervención con el diario, los investigadores asignaron al azar a las mujeres a uno de dos grupos. Un grupo escribió a diario en el diario a partir de indicaciones centradas en la gratitud; el otro escribió tras recibir indicaciones neutras, no relacionadas con la gratitud.

Tres semanas después, las participantes volvieron al Centro Lewis de Neuroimagen para repetir los cuestionarios y, mientras los investigadores volvían a escanearles el cerebro, observaron transacciones en las que el dinero se destinaba al banco de alimentos o a ellas mismas. Las resonancias magnéticas captaron cambios notables en la corteza prefrontal ventromedial.

«En conjunto, el grupo que escribió un diario de gratitud, tanto si al principio mostraba un alto nivel de altruismo como si no, aumentó la señal de valor a favor de que el dinero fuera a la organización benéfica en vez de observar cómo lo recibían ellas mismas», afirma Karns. «Es como si se hubieran vuelto más generosas con los demás que consigo mismas».

El estudio muestra que la parte del cerebro que respalda las sensaciones de recompensa es flexible y permite cambios en los valores vinculados a los sentimientos de altruismo.

«Nuestros hallazgos sugieren que hay más bondad cuando existe gratitud», afirma Karns.

William E. Moore III, antiguo estudiante de doctorado de la Universidad de Oregón y ahora investigador posdoctoral en la Universidad de Harvard, fue coautor del estudio junto con Karns y Mayr.

La investigación recibió financiación del Proyecto para ampliar la ciencia y la práctica de la gratitud, a través del Centro de Ciencias Greater Good, en colaboración con la Universidad de California y el Templeton Religious Trust, por medio del Instituto para el Estudio del Florecimiento Humano de la Universidad de Oklahoma.

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