La sencilla razón por la que a veces estamos en contra del bueno

Participants wearing superhero costumes pose for a picture during the second edition of the Hero Festival in Marseille, France November 7, 2015. The festival is dedicated to American superhero comics, Japanese mangas, heroic fantasy characters and video games universes. REUTERS/Jean-Paul Pelissier
The psychology of 'do-gooder derogation'.Image: REUTERS/Jean-Paul Pelissier
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Se supone que todos debemos animar a los buenos. Se supone que debemos honrar a los héroes, los santos y a cualquiera que ayude a los demás, y que solo debemos castigar a los malos. Y eso es lo que hacemos en realidad, ¿verdad?

Bueno, a veces.

La mayor parte del tiempo, sí recompensamos a quienes cooperan. También solemos castigar a las personas que no cooperan, perjudican a los demás, no saben trabajar en equipo o se aprovechan del arduo trabajo ajeno. Pero a veces también se castiga o critica a los buenos, precisamente porque son tan buenos.

¿Por qué alguien castigaría o criticaría a una persona por ser buena? Parece desconcertante, porque esto reduce la cooperación del grupo. Sin embargo, no es ninguna anomalía.

Este castigo a quienes cooperan de buena fe se ha observado en varios campos, entre ellos la economía experimental, la psicología social y la antropología, donde se lo denomina de distintas maneras: «castigo antisocial» o «denigración de quienes quieren hacer el bien».

La cooperación y el castigo suelen estudiarse mediante juegos económicos con dinero real, en los que las personas pueden cooperar o actuar de forma egoísta, y pagar para «castigar» a los demás por sus acciones.

Aunque en estos estudios la mayoría de los castigos se dirigen a los miembros del grupo que no cooperan, aproximadamente el 20 % de todos los castigos se dirige a los miembros más cooperadores del grupo. Además, aunque las tasas de castigo antisocial varían, se ha observado en todas las sociedades donde se ha investigado. Los investigadores no saben explicar por qué existe el castigo antisocial.

«¡Me estás haciendo quedar mal!»

Nuestra investigación sugiere una sencilla razón por la que a veces nos desagrada el bueno: nos hace quedar mal en comparación. Muchos hemos oído a alguien decir: «Deja de trabajar tanto, haces quedar mal al resto».

Es el mismo fenómeno: cuando una persona queda muy bien, los demás quedan mal en comparación. Entonces tienen motivos para impedir que esa persona quede bien, sobre todo si no pueden (o no quieren) competir.

Como cualquier otro rasgo, la generosidad es relativa. A alguien se lo considera bueno o generoso solo en función de cómo se compara con los demás. En un país de Scrooges, una persona normal parece la Madre Teresa. En un país de madres Teresas, una persona normal parece Scrooge.

Ante una Madre Teresa, ¿cómo puede competir una persona normal? Una opción es esforzarse más y competir activamente para ser más generosa («altruismo competitivo»). Una segunda opción es rebajar a quienes más cooperan, al estilo de Scrooge, mediante la denigración de quienes quieren hacer el bien y el castigo antisocial.

Esto se manifiesta al frenar la cooperación o la ética de trabajo de alguien, atribuir motivos ocultos a sus actos altruistas, insinuar una hipocresía real o imaginaria («Es vegetariano, pero lleva zapatos de cuero»), atacarlo por aspectos que no vienen al caso o castigarlo directamente.

Hace poco realizamos un experimento para comprobar si la competencia por quedar bien es lo que impulsa el castigo antisocial. Asignamos a nuestros participantes a una condición de control o a una condición experimental en la que tenían motivos para parecer más generosos que los demás.

Reprimir a los buenos

En nuestra condición de control, los participantes jugaron a un juego económico conocido como «juego de bienes públicos», en el que podían donar dinero a un «bien público» que beneficiaba a todos, o quedarse con el dinero. Luego les permitimos pagar para castigar a los demás y calculamos cuánto castigo se dirigía a quienes más cooperaban.

Nuestra condición experimental era igual a la de control, salvo que un participante adicional observaba cuánto donaba cada persona al bien público. El observador podía elegir a una persona como pareja para una tarea cooperativa posterior, lo que impulsaba a todos los integrantes del grupo a parecer más cooperadores que los demás.

Nuestra hipótesis era que, cuando hubiera competencia por ser elegido como pareja, se castigaría más a quienes más cooperaban, porque entonces las comparaciones sociales cobran más importancia.

Los resultados respaldaron nuestra hipótesis sin ambigüedad: se castigó cinco veces más a quienes cooperaban de buena fe cuando competían por ser elegidos que cuando no había tal competencia.

Además, este castigo antisocial logró reprimir a quienes cooperaban de buena fe e impidió que hicieran quedar mal a quienes cooperaban poco. En otras palabras, el castigo antisocial funcionó.

¿Por qué es importante?

Los críticos suelen cuestionar las motivaciones de quienes protegen el medio ambiente, buscan la justicia social, donan dinero o trabajan demasiado en organizaciones. Quienes no realizan esas buenas acciones las desestiman por ingenuas, hipócritas («liberales de champán») o como un mero «alarde de virtud». Si no se refrena, esta crítica podría reducir, a la larga, la frecuencia con que la gente hace buenas acciones.

Nuestra investigación nos ayuda a reconocer estos ataques por lo que son: una estrategia social competitiva, empleada por quienes cooperan poco para rebajar a los demás e impedir que parezcan mejores que ellos.

Al identificar esta estrategia y denunciarla, podemos restarle eficacia y permitir así que las buenas acciones queden realmente impunes.

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