Por qué no reconocemos nuestros propios sesgos

Por qué no reconocemos nuestros propios sesgos
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A lo largo de mi carrera, he dirigido diversos ejercicios grupales diseñados para identificar formas de mejorar el rendimiento del grupo. Por lo general, mis equipos logran identificar áreas de mejora, pero creen que los problemas se deben a otras personas, no a ellos mismos. Sufren el punto ciego del sesgo.

El punto ciego del sesgo es el sesgo cognitivo que consiste en no compensar los propios sesgos cognitivos. El término fue acuñado por Emily Pronin, psicóloga social de Princeton, quien mostró en una serie de experimentos que las personas se consideran menos vulnerables a los sesgos que la persona promedio. En sus palabras:

Este «metasesgo» tiene su origen en nuestra capacidad para detectar errores sistemáticos en las decisiones de los demás —se nos da muy bien advertir los defectos de nuestros amigos— y en nuestra incapacidad para detectar esos mismos errores en nosotros mismos.

A los participantes del estudio se les explicó cómo funcionan varios sesgos cognitivos a nivel inconsciente. Por ejemplo, los investigadores explicaron que el sesgo de superioridad consiste en la tendencia de las personas a considerarse por encima del promedio en cuanto a rasgos positivos y por debajo del promedio en cuanto a los negativos. A pesar de esta explicación, el 63 % de los participantes insistió en que sus autoevaluaciones eran precisas. Dilbert captó este sentimiento a la perfección:

Pronin plantea la hipótesis de que el punto ciego del sesgo se debe a una desconexión entre la forma en que nos evaluamos a nosotros mismos y la forma en que evaluamos a los demás. En palabras de Jonah Lehrer en The New Yorker:

Cuando consideramos, por ejemplo, las decisiones irracionales de un desconocido, nos vemos obligados a basarnos en información sobre su comportamiento; vemos sus sesgos desde fuera, lo que nos permite vislumbrar sus errores sistemáticos de razonamiento. Sin embargo, al evaluar nuestras propias malas decisiones, tendemos a embarcarnos en una introspección elaborada. Examinamos minuciosamente nuestras motivaciones y buscamos razones pertinentes; lamentamos nuestros errores ante terapeutas y reflexionamos una y otra vez sobre las creencias que nos llevaron por mal camino.

El punto ciego del sesgo lo causa otro sesgo cognitivo: la ilusión introspectiva. Las personas creen, equivocadamente, que conocen las causas de sus propios estados mentales, lo que las lleva a predecir de manera inexacta cómo se comportarán. De hecho, profundizar en la introspección suele empeorar la situación. A pesar de lo que suele creerse, los investigadores afirman que «cuanto más intentamos conocernos, menos nos comprendemos en realidad».

Como tengo una formación informal en psicología, supuse erróneamente que sería menos susceptible al punto ciego del sesgo. De hecho, una mayor conciencia puede provocar un mayor sesgo. Y antes de pensar que tú eres más listo que eso, aquí tienes otro hallazgo inesperado: el punto ciego del sesgo parece ser aún más pronunciado cuanto mayor es la inteligencia.

A veces, las personas inteligentes creen ser más inteligentes de lo que son.

Este artículo se publica en colaboración con SAP Community Network. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Jonathan Becher es el director digital de SAP Community Network.

Imagen: Un hombre camina por un pasillo en Tokio. REUTERS/Yuya Shino.

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