Por qué el mundo necesita abrazar la ciencia

Por qué el mundo necesita abrazar la ciencia
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La ciencia tiene el potencial de cambiar el mundo. En los últimos doscientos años, la humanidad ha experimentado cambios a un ritmo que pocos podrían haber imaginado. Esto se ha debido en gran medida al avance científico, que ha traído consigo un gran progreso económico, tecnológico y social.

La ciencia, por ejemplo, ha curado enfermedades, nos ha acercado a través de los viajes y de la tecnología de comunicación moderna, y nos ha ayudado a comprender mejor los desafíos ambientales y a responder a ellos. Hace apenas unos años, dábamos por hecho que los problemas de la viruela y la lluvia ácida eran imposibles de resolver; hoy, en gran medida, están superados.

La ciencia es igual de esencial hoy. Nos enfrentamos a una serie de retos sociales y ambientales, como el cambio climático, la eficiencia energética y la seguridad alimentaria y de recursos. Debemos pasar de un presente lineal e insostenible, basado en combustibles fósiles, a una economía del futuro de base biológica, circular que se sustente tanto en insumos más sostenibles (productos químicos, materiales, combustibles) como en un mayor reciclaje y reutilización. La humanidad debe alimentar de forma saludable a una población mundial cada vez más numerosa y acomodada, al tiempo que reduce su huella de carbono.

A pesar de su innegable importancia, debemos reconocer que la ciencia actual no tiene el estatus ni la relevancia que tuvo en otro tiempo. Los estudios muestran que no se escucha lo suficiente a los científicos, y que con frecuencia los hechos científicos se pasan por alto o se cuestionan a favor de la emoción y la intuición, y que las encuestas recientes sugieren una desconexión cada vez mayor entre la ciencia y la opinión pública en temas clave, no solo en el cambio climático, sino también en la modificación genética e incluso en la propia evolución.

Este cambio en la percepción de la ciencia se debe a varios factores. Con frecuencia falta un debate público claro, directo y abierto sobre temas científicos y el avance científico. La creciente especialización de las disciplinas científicas y los avances tecnológicos de rápida evolución hacen que muchas personas se sientan perdidas e inseguras. El mundo se percibe como demasiado complejo, por lo que la gente rechaza el progreso y se refugia en lo que ya conoce.

Esta situación se ha agravado aún más desde que la sociedad se rige con más frecuencia por la opinión en lugar de por los hechos; por la politización cada vez mayor de la ciencia, con ONG y políticos que la utilizan para obtener beneficios políticos; y por la cobertura científica de los medios, a menudo desequilibrada, en la que la verdadera experiencia suele quedar silenciada.

En particular, en lo que respecta al cambio climático, resulta inquietante el escepticismo público persistente hacia el consenso científico sobre el importante papel humano en el cambio climático, y tanto los políticos como los medios son reacios a desalentar los sentimientos anticientíficos entre la población en general.

Si queremos aprovechar plenamente la oportunidad que ofrece la ciencia, debemos devolverla a su lugar legítimo en la sociedad. Debe reconocerse como la base sobre la que construimos el progreso económico, tecnológico y social. Para ello, debemos reconocer los problemas que han socavado su posición y ofrecer soluciones que empiecen a cambiar la tendencia.

Debemos mejorar en la comunicación y en la explicación de la ciencia. Los científicos deben implicarse con el público general y luchar por cambiar un entorno en el que la buena ciencia queda con demasiada frecuencia silenciada por el sensacionalismo y los miedos comúnmente extendidos. Si queremos que las personas no expertas se inspiren en la ciencia, debemos darle un «rostro humano» y contar su historia de forma sencilla y accesible, con la que la gente pueda identificarse y que le resulte inspiradora. Debemos centrarnos en las historias de éxito de personas emprendedoras que utilizan su inteligencia y su determinación para hacer del mundo un lugar mejor. Estos pioneros deben ser los embajadores en torno a los cuales comuniquemos una narrativa científica más positiva.

También debemos defender la ciencia frente a los mitos, las teorías conspirativas y los malentendidos. El sensacionalismo en la política, en el mundo de las ONG y en los medios ha socavado la reputación y la posición de la ciencia. Las concepciones erróneas resultantes pueden causar problemas importantes, por lo que los científicos deben ser más valientes y activos a la hora de contrarrestar las falsedades.

La ciencia nos ha ayudado a resolver algunos de los problemas sociales más importantes y ha creado oportunidades que eran inimaginables hace apenas unos años. Sin embargo, a menudo la ciencia recibe la culpa cuando las cosas salen mal y no el reconocimiento suficiente cuando salen bien. Hay, por ejemplo, varias innovaciones y desarrollos posibilitados por la ciencia que han tenido, o tendrán, un impacto transformador en la forma en que fabricamos, curamos enfermedades y reducimos nuestra huella de carbono. Entre ellos se incluyen la impresión 3D, la medicina personalizada, los materiales de base biológica, los coches conectados y las energías renovables más avanzadas. Si otros no reconocen la contribución de la ciencia a estos avances, entonces nosotros tendremos que darla a conocer nosotros mismos.

Aunque comprender y comunicar el impacto positivo de la ciencia es fundamental, no basta. También debemos cambiar las formas en que llevamos a cabo la ciencia. Necesitamos encontrar maneras nuevas y mejores de realizar la ciencia y traducirla en innovación.

Hay que acabar con el antiguo enfoque compartimentado de la ciencia. Se necesita un esfuerzo colaborativo de gobiernos, el mundo académico, la sociedad civil y las empresas de todo el planeta, porque todos ellos tienen una contribución vital que aportar. La ciencia puede lograr grandes cosas si se nutre de la experiencia de distintos ámbitos. Físicos, ingenieros, investigadores en química y biólogos trabajan juntos en algunas de las mayores empresas y de las universidades más prestigiosas del mundo para ayudar a resolver los desafíos sociales del cambio climático, la alimentación de una población mundial creciente y la mejora de los resultados sanitarios en todo el planeta.

Por supuesto, la ciencia trata de personas, y debemos atraer a los mejores. La responsabilidad tradicional de animar a los jóvenes a considerar la ciencia como una carrera recae en el sistema educativo. Debemos garantizar que la ciencia se enseñe desde edades tempranas y que la fascinación por el descubrimiento se transmita a las generaciones más jóvenes. Además, es necesario prestar especial atención a animar a las niñas a interesarse e implicarse más en los campos en los que siguen estando desproporcionadamente infrarrepresentadas.

También es muy importante alentar y apoyar a los jóvenes científicos reconociendo y premiando la investigación pionera mediante becas y subvenciones. Esa es una de las razones por las que hemos puesto en marcha iniciativas como nuestros DSM Science & Technology Awards, que premian la excelencia en la investigación innovadora de doctorado en numerosos campos.

Del mismo modo que la ciencia fue la piedra angular de los grandes avances del pasado, también será fundamental para afrontar los retos sociales y ambientales del mañana. Pero si queremos aprovechar las enormes oportunidades que ofrece la ciencia, debemos encontrar la manera de recuperar su reputación y su posición. Esto debe construirse en torno a la comunicación, la divulgación, la cooperación y la inclusión si quiere tener pleno éxito. Esperamos que otros se unan a nosotros en la búsqueda de este objetivo.

Autor: Rob van Leen es Chief Innovation Officer y miembro del Comité Ejecutivo de Royal DSM

Imagen: Un científico separa proteínas mediante electroforesis en gel en un laboratorio del Institute of Cancer Research en Sutton, el 15 de julio de 2013. REUTERS/Stefan Wermuth

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