Los errores forman parte de la vida de todos. Lo que uno aprende de ellos puede enseñarle a mejorar y a desempeñarse mejor en su carrera profesional en adelante, si está dispuesto a reconocer sus errores y aprender de ellos. Mi «mejor» error consistió en descartar una idea innovadora de dos empleados jóvenes sin dedicarles el tiempo que merecían; esa idea acabaría convirtiéndose en una de las soluciones insignia más destacadas de Halliburton para nuestros clientes de aguas profundas.
Hace años, mientras dirigía las operaciones de Halliburton en Angola, nos enfrentábamos al desarrollo de sistemas para abordar la terminación de pozos más profundos y complejos en una zona muy difícil. Había dos empleados que tenían que encargarse de algunas terminaciones complicadas y acudieron a mí con una idea bastante creativa: permitiría ejecutar los trabajos a menor costo y con mayor rapidez. Pero en aquel momento no me pareció una opción viable, así que les dije que dejaran de centrarse en cualquier cosa que no fueran los trabajos que nuestros clientes querían que hiciéramos: que dejaran de perder el tiempo con lluvias de ideas y se pusieran a trabajar en lo que tenían entre manos.
Unos años después, yo dirigía las operaciones en Indonesia y licitaba un trabajo para un cliente que necesitaba una solución de terminación. Consultamos nuestros archivos en busca de posibles soluciones y encontramos una presentación de PowerPoint con una animación que era exactamente lo que necesitábamos. La miré y pensé: «Esto es». ¿De dónde había salido? Nadie se sorprendió más que yo al enterarme de que era la misma solución que dos empleados entusiastas de Angola me habían presentado cinco o seis años antes, una idea que yo había descartado. La animación ofrecía una gran solución y, de hecho, terminó convirtiéndose en nuestro sistema ESTMZ™, una tecnología que cambió la forma en que Halliburton trabaja en aguas profundas en el Golfo de México.
Estos empleados que trabajaban en el taller idearon una solución para aguas profundas que no utilizamos hasta cinco o seis años después de que inicialmente propusieran la idea. La demora en llevarla al mercado se debió a que no alenté a esos trabajadores ni invertí dinero en la solución cuando me la presentaron. Está claro que no ganamos el proyecto en Indonesia. Finalmente desarrollamos una solución mejor que la de nuestros competidores, pero este error cambió para siempre mi manera de pensar sobre la tecnología.
Hoy presto muchísima atención a las ideas que surgen en el terreno. He aprendido que hay empleados que quizá estén ocupados con las tareas que tienen entre manos, pero también tienen ideas que esperan ser reconocidas. Dedico mucho tiempo a escuchar esas ideas y a animar a los empleados a ser creativos y a contribuir a las primeras etapas del desarrollo tecnológico. La mayoría de las veces, las soluciones creativas a los desafíos del terreno no surgen de la oficina central. Se conciben en el terreno, por empleados que realizan el trabajo de campo a diario… allí donde un cliente afronta un problema y el empleado encuentra la manera de resolverlo por completo. Con un poco de aliento, algunas de las mejores ideas se convierten en soluciones tecnológicas avanzadas que nos permiten atender mejor a nuestros clientes. No volveré a cometer el error de no escuchar.
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Jeff Miller es presidente y director de Salud, Seguridad y Medioambiente de Halliburton.
Imagen: Un trabajador pasa junto a una bomba de extracción en un yacimiento petrolífero. REUTERS/Sergei Karpukhin

