En muchos aspectos de la vida en los que necesitamos usar nuestra capacidad mental, también solemos sentarnos: en la escuela, en el trabajo, al hacer exámenes o concentrarnos en un crucigrama. En un nuevo artículo, exploramos cómo estar sentado durante mucho tiempo puede afectar el suministro de combustible al cerebro y repercutir negativamente en su salud.
El cerebro es un órgano con un gran consumo de glucosa. Pesa alrededor del 2 % de la masa corporal, pero requiere aproximadamente el 20 % de nuestras necesidades energéticas en reposo, principalmente en forma de glucosa, su combustible principal. Si se interrumpe este suministro de energía, puede afectar e incluso dañar las células cerebrales. Por lo tanto, la disponibilidad de glucosa para las células cerebrales puede tener consecuencias para la salud del cerebro.
La exposición del cerebro tanto a niveles altos de glucosa como a niveles bajos de glucosa puede aumentar el riesgo de desarrollar demencia. También es importante alternar entre niveles altos y bajos de glucosa, fenómeno conocido como variabilidad glucémica, ya que una mayor variabilidad glucémica se ha asociado con una función cognitiva más deficiente. Esto indica que un control estricto de la glucosa es esencial para la salud cerebral.
El problema de pasar demasiado tiempo sentado
Pasar demasiado tiempo sentado puede aumentar el riesgo de muerte prematura. Se calcula que se necesitan entre 60 y 75 minutos diarios de ejercicio de intensidad moderada a vigorosa para compensar el aumento del riesgo de muerte asociado a estar sentado más de ocho horas al día.
Es mucho ejercicio: al menos el doble de la cantidad mínima actual recomendada para los adultos. Por eso, reducir el tiempo que pasamos sentados puede ser una estrategia adicional para mejorar la salud.
Varios estudios han demostrado que reducir el tiempo sentado y sustituirlo por caminatas de baja intensidad mejora el control de la glucosa después de comer. Esto significa que los niveles de glucosa no suben demasiado ni bajan demasiado. Una posible explicación es que los músculos en actividad pueden consumir parte de la glucosa de nuestro organismo y ayudar a mantenerla dentro del rango óptimo.

La evidencia sugiere que, en cuanto al control de la glucosa, la actividad física de baja intensidad distribuida a lo largo del día puede ser mejor que hacer una única sesión de ejercicio de intensidad moderada a vigorosa por la mañana. Esto también ocurre cuando el gasto energético total de la actividad de baja intensidad equivale al de esa única sesión de actividad de mayor intensidad.
La mejora del control de la glucosa puede explicar algunos de los beneficios para la salud que aporta reducir el tiempo sentado, pero ¿qué efectos tiene en la función cerebral?
Muchas horas sentado y función cerebral
Los estudios que investigan los efectos de pasar demasiado tiempo sentado en la función cerebral han arrojado resultados dispares. Algunos estudios de laboratorio respaldan y otros no respaldan la idea de que pasar un día sentado puede perjudicar el rendimiento en tareas relacionadas con la memoria, en comparación con un día en el que se interrumpe el tiempo sentado con pausas regulares para hacer actividad física.
Otros tipos de estudios, que hacen seguimiento durante varios años a un gran número de personas, sugieren una asociación entre pasar más tiempo sentado y tener una función cerebral deteriorada. Sin embargo, resulta difícil sacar conclusiones de estos estudios debido a la multitud de mediciones distintas que utilizan. En general, se prefieren los métodos que no dependen de los informes de los propios participantes, porque estos no siempre son precisos. Sin embargo, no siempre es práctico recurrir a ellos.
Además de medir directamente el rendimiento en tareas cognitivamente exigentes, otro enfoque consiste en medir algo que, en teoría, favorecería una mejor función cerebral. Por ejemplo, investigadores de la Universidad de las Tierras Altas de Nuevo México demostraron que el impacto de los pies al caminar envía ondas de presión a través de los vasos sanguíneos y aumenta el flujo sanguíneo cerebral.
El flujo sanguíneo cerebral participa en la regulación del suministro de glucosa al cerebro y, probablemente, repercute en su salud a largo plazo. Por ejemplo, sabemos que las disminuciones del flujo sanguíneo cerebral se asocian con un deterioro más rápido de la función cerebral en las personas con enfermedad de Alzheimer.
¿Qué podemos hacer?
Para los científicos, la forma en que estar sentado probablemente afecta la función cerebral plantea un reto de investigación. Según la evidencia disponible, es más probable que reducir el tiempo sentado ralentice el deterioro cognitivo que mejore la función cognitiva.
Para el resto de las personas, aunque actualmente faltan estudios concluyentes que relacionen la salud cerebral con el tiempo sentado, ya se recomienda reducirlo para prevenir otros efectos adversos en la salud vinculados al mal control de la glucosa. Para mejorar dicho control, es especialmente importante reducir el tiempo sentado después de las comidas.
Así que da un paseo después de comer, lava los platos a mano después de cenar y, si es posible, desplázate activamente de ida y vuelta al trabajo. Hay muchas oportunidades a lo largo del día para reducir el tiempo que pasamos sentados y, por tanto, un gran potencial para repercutir positivamente en la salud.


