Quizá no sorprenda que Arabia Saudí sea el país del mundo con más usuarios de YouTube. Pero lo sorprendente es que, aunque la audiencia global de YouTube es mayoritariamente masculina, la mayoría de los creadores de YouTube en Arabia Saudí son mujeres. Y aún más sorprendente es que la categoría de contenido más vista en YouTube en Arabia Saudí sea la educación.
Para las mujeres saudíes, YouTube les ofrece fuentes educativas que quizá no tendrían a su alcance de otro modo. La tecnología les permite acceder al conocimiento y conectarse con otras personas.
En todo el mundo árabe, la tecnología está ayudando a las personas a resolver problemas económicos y a crear empresas emergentes de formas sin precedentes, que hace 20 años ni siquiera habrían podido imaginar. Christopher Schroeder, inversor de capital de riesgo y autor de «Start-Up Rising: The Entrepreneurial Revolution Remaking the Middle East», lo llama «una revolución silenciosa» que está cambiando el rostro de la región.
Durante una charla reciente, Schroeder dijo que lo que más le impactó durante su estancia en Oriente Medio fue ver cómo personas con tecnologías tan básicas como los teléfonos «tontos» (no inteligentes) los utilizaban para resolver necesidades sociales y económicas inmediatas.
Esto abarca desde artesanas de El Cairo que usan teléfonos móviles muy básicos para gestionar entregas y duplicar sus ventas hasta souq.com, el Amazon.com árabe, que satisface las necesidades de compra por internet, hoy está valorado en más de mil millones de dólares y emplea a miles de personas.
Pero la lección más importante y sutil de esta revolución tecnológica es que debemos dejar de ver a las personas como problemas de desarrollo que hay que resolver y empezar a verlas como un activo. Las mejores respuestas a los problemas del desarrollo surgen de las personas que están sobre el terreno y los viven en primera persona. Solo necesitan herramientas para abordarlos, no soluciones impuestas desde arriba por las organizaciones. La interconexión que permite el uso generalizado de la tecnología móvil ayuda a liberar las mejores mentes y aprovechar los mejores activos; ofrece a las personas no solo acceso, a través de internet, a toda la información conocida por la humanidad, sino también la capacidad de colaborar sin limitaciones de espacio.
En la educación puede verse un ejemplo contundente de soluciones locales impulsadas por la tecnología. En el mundo árabe se destina más dinero a la educación pública (un promedio del 19 % del gasto total de los gobiernos) que en el Sudeste Asiático y otras regiones (el promedio mundial es del 14 %). Sin embargo, los resultados educativos no son muy buenos, sobre todo en comparación con esas regiones. El 25 % de los estudiantes es analfabeto y quienes saben leer y escribir asisten a escuelas con aulas superpobladas, donde, en el mejor de los casos, se enseña mediante la memorización. ¡Y solo en El Cairo se gastan 3.500 millones de dólares al año en educación complementaria! Así que la educación pública no solo está por debajo del nivel esperado, sino que además queda claro que las personas adineradas recurren a tutores privados para recibir una educación adecuada… ¿qué opciones tienen quienes no pueden pagar educación complementaria?
Algunos jóvenes emprendedores detectaron este problema y crearon «Nafham» siguiendo el modelo de Khan Academy, un sitio donde los egipcios pueden enviar videos educativos para incorporarlos al plan de estudios de El Cairo. En vez de abordar la reforma educativa desde las instituciones o la política —algo que estos emprendedores sabían que no era su fuerte—, encontraron una manera de empoderar a los estudiantes mediante la tecnología, con videos y actualizaciones por mensaje de texto, y les permitieron sortear el problema de invertir en tutores privados.
Schroeder también destaca el gran efecto multiplicador que conllevan el acceso generalizado a la tecnología y a internet en el mundo árabe. En 9 meses, se subieron más de 25 mil videos a Nafham y se reprodujeron más de 2,5 millones de videos en Egipto.
La tecnología está ahora profundamente arraigada en la vida cotidiana de la juventud árabe y se utiliza en muchas iniciativas exitosas, como Nafham. El acceso a internet empodera a los jóvenes para idear sus propias soluciones a los problemas que enfrentan.
Las instituciones de desarrollo pueden contribuir a ese empoderamiento, pero para ello tendrán que cambiar de mentalidad. Schroeder citó a una mujer egipcia que cambió su perspectiva. Ella dijo: «Las organizaciones verticales, que abarcan a la mayoría de las organizaciones de desarrollo o ayuda, ven el problema así: las personas son problemas. Hay que resolverlas».
En cambio, una mentalidad «desde abajo» considera que las personas son un activo. Ante cualquier desafío de desarrollo, quienes más se ven afectados deben ser coautores de toda solución. Las instituciones de desarrollo deben dejar de concebir los proyectos de desarrollo en términos de «patrocinadores» y «beneficiarios» y reconocer, en cambio, que las personas son la verdadera solución.
Esta publicación apareció primero en el blog Voces y Opiniones del Banco Mundial.
La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autora: Maha Abdelilah El-Swais es estratega de comunicación en redes sociales de la región MENA del Banco Mundial.
Imagen: Reuters Images

