Cómo un pequeño acto de bondad puede mejorar el bienestar de nuestra sociedad

A man poses for photos as solar halo is seen in the sky of Brasilia September 30, 2011. This weather phenomenon creates rainbows around the sun, and according to meteorologist, halo is formed by the reflection of ice crystals. REUTERS/Ueslei Marcelino (BRAZIL - Tags: ENVIRONMENT TPX IMAGES OF THE DAY) - RTR2S1UT
The motivations for engaging in kindness are much less obvious than the benefits gained.Image: REUTERS/Ueslei Marcelino
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Día Mundial de la Bondad es una celebración mundial de 24 horas dedicada a devolver los favores y centrarse en lo positivo. Se nos anima a realizar actos de bondad como donar sangre, limpiar el microondas compartido en el trabajo o hacer voluntariado en una residencia de mayores.

Por supuesto, incluso sin el impulso de un día internacional de concienciación, la bondad y el altruismo están muy extendidos entre los seres humanos y los animales. Muchas personas donan a organizaciones benéficas y se sienten mucho más felices como resultado directo de hacerlo. En el reino animal, muchas especies muestran bondad al evitar la violencia cuando resuelven conflictos. En su lugar, pueden recurrir a formas de lucha relativamente inofensivas. Entre los ejemplos típicos están los cangrejos violinistas machos que pelean por una madriguera pero nunca se aplastan el cuerpo con sus enormes pinzas, las serpientes de cascabel que forcejean sin morderse jamás, o los bonobos que ayudan a desconocidos incluso sin que se lo pidan.

Los beneficios de recibir bondad son intuitivamente evidentes. Pero las motivaciones para mostrarla lo son mucho menos. De hecho, la propia existencia de la bondad y el altruismo parece contradecir la teoría de la evolución de Darwin, basada en un proceso competitivo de selección natural en el que solo sobreviven los más aptos. Por ejemplo, la conducta desinteresada de las hormigas estériles, que protegen sus colonias de depredadores peligrosos, plantea un problema que Darwin mismo al principio consideró «insuperable y, de hecho, fatal para toda mi teoría».

Entonces, ¿cómo pudo evolucionar la conducta bondadosa y por qué no fue eliminada por la selección natural? A lo largo de los años, muchos teóricos han intentado resolver este problema. A continuación repasamos las ideas más destacadas.

Cómo explicar la bondad

Los primeros enfoques, desde la época de Darwin hasta la década de 1960, intentaron explicar la evolución de la bondad con la hipótesis de que los individuos cooperan por el bien de su grupo o especie, sin importar el coste personal. Esta teoría, la «teoría de la selección de grupo», fue la única explicación durante muchas décadas, pero hoy se contempla con escepticismo. ¿Cómo pudieron evolucionar desde el principio las poblaciones cooperativas, que supuestamente sobrevivían mejor que las competitivas?

Parte de la respuesta la ofrece la teoría más reciente del gen egoísta, ampliamente conocida gracias al libro superventas, de Richard Dawkins, o a la «aptitud inclusiva», según la cual la selección natural favorece la bondad hacia nuestros parientes cercanos, que se parecen a nosotros y comparten nuestros genes. Ayudar a un pariente es una forma de transmitir copias de nuestros propios genes y beneficia a quien ayuda en proporción al parentesco que tenga con quien recibe la ayuda.

Pero esto no explica la bondad hacia personas con las que no compartimos genes. Por eso, para explicar la conducta entre individuos sin parentesco, se ha propuesto otra teoría. La teoría del altruismo recíproco incluye la idea de «yo te rasco la espalda si tú me rascas la mía», que puede ser una estrategia beneficiosa para ambas partes. Si dos individuos sin parentesco se turnan para tratarse con bondad, establecen así una relación de cooperación repetida que beneficia a ambos. De hecho, ciertas emociones sociales, como la culpa, la gratitud y la simpatía, quizá evolucionaron precisamente para detectar y evitar a quienes hacen trampa en este sistema y, de ese modo, fomentar relaciones de reciprocidad, tan importantes en la evolución humana.

¿Y qué pasa con los desconocidos?

Pero esta teoría no explica la bondad hacia desconocidos con quienes no esperamos volver a encontrarnos. En este tipo de interacciones puntuales, la bondad podría promoverse mediante la reciprocidad indirecta. Esto ocurre cuando observamos que alguien trata bien a otras personas y, a cambio, nosotros también lo tratamos bien. Las pruebas de la vida real indican que la gente está más dispuesta a ayudar a desconocidos si antes ha observado que estos se comportaban con bondad. Por consiguiente, todo el mundo tiene motivos para cultivar una reputación de bondad mediante actos generosos que los demás puedan conocer. Es probable que esa reputación suscite bondad en otras personas y, por tanto, genere beneficios a largo plazo.

Pero esto no explica la bondad en situaciones en las que no hay observadores. En este caso, se ha propuesto el concepto de castigo altruista. Según esta teoría, algunas personas tienen un instinto innato que las lleva a querer castigar a las personas poco amables o egoístas denunciándolas, excluyéndolas o enfrentándose directamente a ellas. Ese castigo es «altruista» porque aporta un bien público a costa del tiempo y el esfuerzo de quien castiga, y con el posible riesgo de sufrir represalias. Se han documentado pruebas de castigo altruista en una gran variedad de poblaciones y culturas. Por tanto, el riesgo de sufrir un castigo altruista actúa como presión social para comportarse con bondad, incluso cuando nadie puede vernos.

En conjunto, estas teorías muestran que la bondad no necesariamente contradice el proceso competitivo de selección natural de Darwin. La bondad es racional. Pero ¿esa racionalidad resta fuerza a su atractivo espontáneo? ¿Es la bondad solo una expresión conductual del egoísmo cuidadosamente disimulada? ¿Existe siquiera el altruismo??

Mientras continúa el debate filosófico, puede reconfortarnos recordar que, sea cual sea la motivación, los actos de bondad no solo mejoran el bienestar general de la sociedad, sino que también hacen que las personas altruistas se sientan bien. Quizá convenga tenerlo presente este Día Mundial de la Bondad.

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