Este artículo se publica en colaboración con The Conversation.
A los ingenieros les gusta reivindicar su primacía como solucionadores de problemas. Pero, aunque esta capacidad siempre será fundamental para los ingenieros, la ingeniería es mucho más que resolver problemas.
Las carreras de ingeniería se han vuelto muy diversas en los últimos 50 años. Hoy abordan problemas sociales complejos como la pobreza, la desigualdad, la recuperación tras desastres o el cambio climático. Su trabajo se desarrolla en megaciudades y pequeños pueblos, en comunidades remotas y en países de ingresos altos y bajos.
Pero las universidades todavía deben ponerse al día con esta nueva realidad. Una misión orientada a mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos menos privilegiados del mundo, tanto en Australia como en el extranjero, parece estar casi por completo ausente de la formación en ingeniería en Australia.
Por qué las mujeres evitan la ingeniería
El compromiso serio con los grandes desafíos sociales, a nivel local y global, podría ser precisamente lo que algunos estudiantes muy motivados echan en falta en este campo. Podría ser una de las razones por las que algunos posibles estudiantes, especialmente mujeres, optan por evitar la ingeniería como opción profesional.
Algunas disciplinas, como la ingeniería biomédica, han articulado con claridad sus vínculos con la mejora de la vida humana y, al menos en la Universidad de Sídney, sí atraen a muchas estudiantes.
Pero no ocurre lo mismo en otras áreas de estudio de la ingeniería, donde la proporción de estudiantes mujeres es tan baja como el 14%, a pesar de que las mujeres representan alrededor del 55% de todos los estudiantes de grado en Australia.
Los educadores en ingeniería deberían asegurarse de que los estudiantes comprendan que, como futuros ingenieros, pueden ir más allá de aprender a diseñar y construir cosas. Necesitamos que entiendan que la ingeniería también se ocupa de cuestiones de interés público.
Necesitamos atraer a estudiantes interesados en problemas como los que enfrentan las personas que viven en barrios marginales de Manila, en campamentos de refugiados de Jordania y en comunidades remotas de Australia. Para que esto ocurra, la enseñanza de la ingeniería debería incluir más contenidos que aborden estas cuestiones, incluidos temas que tradicionalmente han pertenecido al ámbito de las ciencias sociales.
Idealmente, los títulos de ingeniería deberían ofrecer a los estudiantes interesados en estas cuestiones la oportunidad de aprender directamente de las personas que viven en estas zonas, interactuando con ellas. Esta experiencia debería incluir trabajo basado en proyectos directamente vinculado a los contenidos teóricos impartidos en el aula.
No caer en la condescendencia
Debemos evitar dos tipos de riesgos al desarrollar nuevos formatos de educación en ingeniería que tengan en su centro los problemas sociales globales.
En primer lugar, el currículo no debería plantearse como «ingeniería para personas pobres que no pueden valerse por sí mismas».
Una encuesta encargada por la Universidad de Sídney mostró que expresiones como «ingeniería humanitaria» tienen buena acogida entre los estudiantes australianos. Sin embargo, resultan menos atractivas para los estudiantes internacionales, muchos de los cuales conocen de primera mano las condiciones de los países en desarrollo.
Una estudiante de India podría estar interesada en una formación más pertinente desde el punto de vista contextual para trabajar en su país de origen, pero no consideraría necesariamente que trabajar en India sea «humanitario».
Es importante que un currículo que aborde desafíos globales de interés para muchas nacionalidades no refleje simplemente una visión de los asuntos mundiales desde el primer mundo.
En segundo lugar, el currículo no debería limitarse a enseñar diseño de carácter técnico en contextos de bajos ingresos o de desastre. Debería ir más allá de los cursos sobre cómo diseñar tuberías de agua para barrios marginales, viviendas de bajo costo o saneamiento.
Desde el punto de vista técnico, las leyes que rigen el flujo del agua en las tuberías son las mismas independientemente de la ubicación geográfica o del nivel de ingresos de los usuarios, y los estudiantes de ingeniería las aprenden de forma habitual.
Al tratar el suministro de agua en barrios marginales, siguiendo con este ejemplo, lo que los estudiantes de ingeniería necesitan comprender son las formas en que los habitantes de un determinado distrito de una ciudad acceden al agua y la utilizan en su vida cotidiana.
¿Cuáles son las relaciones de poder dentro de sus comunidades y hogares que pueden otorgar un acceso preferente al agua a algunas personas en detrimento de otras? ¿Qué papel desempeñan los gobiernos locales y el central para ayudar u obstaculizar el acceso universal al agua?
Un ingeniero que se guía no solo por el conocimiento técnico, sino también por consideraciones de impacto social y viabilidad política, será más eficaz para ayudar a desarrollar soluciones inteligentes y duraderas.
Necesitamos que los posibles estudiantes comprendan que la ingeniería consiste en mejorar la vida de las personas. También debemos hacer un esfuerzo consciente en nuestros programas de grado para que los estudiantes comprendan las condiciones de vida de quienes más necesitan la ingeniería: quienes carecen de vivienda adecuada y/o de acceso apropiado al agua, los alimentos, la energía y el saneamiento.
Si no lo hacemos, no solo limitaríamos nuestros esfuerzos a los problemas de los países ricos, sino que también privaríamos a algunos de nuestros estudiantes más motivados de la oportunidad de aplicar su talento a los problemas más urgentes de todos.
La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.
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Autores: Petr Matous es profesor titular de Sistemas Complejos en la Universidad de Sídney. Abbas El-Zein es profesor asociado de Ingeniería Civil en la Universidad de Sídney.
Imagen: Un joven desplazado por los combates carga baterías con paneles solares en una tienda improvisada en un campamento para personas desplazadas internas (IDP) en la base de las Naciones Unidas (ONU) en Bentiu. REUTERS/Andreea Campeanu.

