Por qué la curiosidad es el secreto de los avances científicos

Por qué la curiosidad es el secreto de los avances científicos
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En 1839, un joven francés, Alexandre Edmond Becquerel, experimentó con electricidad en el laboratorio de su padre. Le apasionaban los fenómenos del magnetismo, la electricidad y la óptica, que los científicos apenas empezaban a comprender. Observó un hecho extraño: una celda electrolítica generaba más energía cuando se exponía a la luz solar. Lo denominó efecto fotovoltaico.

Tuvieron que pasar cuarenta años para que otros dos científicos, William Grylls Adams y Richard Evans Day, descubrieran el efecto fotovoltaico en una sustancia sólida. Después, en 1905, Albert Einstein explicó la física fundamental del mismo, lo que finalmente condujo a la revolución cuántica en la física. Sin embargo, incluso ocho años después, grandes físicos como Max Planck consideraban insensata esa explicación. Ante la aparente falta de aplicaciones prácticas, ninguno de estos avances se desarrolló hasta que una empresa estadounidense, Bell Labs, fabricó en los años cincuenta la primera célula solar útil del mundo. El resto es historia.

¿Por qué cuento esta historia? Porque si queremos asegurar que las generaciones futuras puedan superar sus retos energéticos, debemos apoyar y fortalecer la investigación ambiciosa sin esperar resultados prácticos o tecnológicos inmediatos.

Becquerel no buscaba nuevas fuentes de energía. Einstein no tenía idea de que el fenómeno que había explicado pudiera tener implicaciones drásticas para la generación de energía. Hoy, sin embargo, podemos aprovechar décadas de sus grandes contribuciones y las de otros científicos a la investigación básica, que tuvieron consecuencias tanto directas como indirectas.

Necesitamos financiar la investigación en las disciplinas científicas más básicas, donde los investigadores, impulsados por la curiosidad, persiguen lo que creen que es su desafiante misión: tratar de comprender mejor el mundo en el que vivimos. La importancia cultural y filosófica de lo que hacen estos investigadores es innegable: saciar la sed de la humanidad por nuevo conocimiento exige la investigación de frontera.

Nuevas fronteras en la investigación

En Europa, este concepto se encuentra en el corazón del Consejo Europeo de Investigación (ERC), creado en 2007 para promover una investigación de frontera de categoría mundial con una visión a largo plazo. El ERC apoya a investigadores de gran talento en Europa, permitiéndoles perseguir sus ideas más innovadoras y ampliar las fronteras del conocimiento actual. El enfoque ascendente del ERC otorga a los científicos la libertad de llevar a cabo investigación de «cielo azul» sin prioridades temáticas.

La investigación financiada por el ERC ya ha hecho añicos los paradigmas científicos existentes en el ámbito de las células solares. Las células solares convencionales son caras porque requieren silicio muy puro, un material costoso. Las células solares sensibilizadas por colorante (DSC) son una alternativa mucho más barata. Hasta hace poco, su eficiencia era considerablemente menor.

La investigación en esta área ha despegado realmente. Nuevas mejoras de las células solares de perovskita han acercado su eficiencia a la de las células convencionales de silicio, con costes de producción mucho más bajos. Con la ayuda de una subvención «prueba de concepto» del ERC, que es una financiación complementaria para acercar al mercado trabajos pioneros, el equipo de Snaith ha logrado mejorar la estabilidad de las nuevas células solares y ha presentado varias patentes. Oxford Photovoltaics Limited se fundó como una escisión de la Universidad de Oxford para comercializar esta nueva tecnología.

El juego a largo plazo

La historia de la ciencia muestra con gran claridad que la investigación guiada por la curiosidad contribuye de manera insustituible al progreso tecnológico. La investigación básica tiene un impacto económico importante y, en ocasiones, inesperado. Pero la brecha entre la investigación fundamental y la innovación puede ser considerable, aunque solo sea por el posible largo periodo de tiempo que puede transcurrir. Los avances científicos no pueden programarse de antemano: una investigación sobre un área científica concreta puede no dar frutos durante años, o nunca. Pero cuando los da, las recompensas económicas y de otro tipo pueden ser enormes.

Para cerrar el círculo, cabe señalar que desde 1989 la Comisión Europea patrocina un premio a los méritos sobresalientes en fotovoltaica. Lleva el nombre de Alexandre Edmond Becquerel.

The Annual Meeting of the New Champions 2015 tendrá lugar en Dalian, China, del 9 al 11 de septiembre.

Autor: Jean-Pierre Bourguignon, presidente del Consejo Europeo de Investigación (ERC)

Imagen: Un científico separa proteínas mediante electroforesis en gel en un laboratorio del Instituto de Investigación del Cáncer en Sutton, 15 de julio de 2013. REUTERS/Stefan Wermuth

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