La población mundial está envejeciendo. La proporción de la población mundial que supera los 50 años es cada vez mayor, lo que plantea varios desafíos económicos; el más preocupante es la posibilidad de que el crecimiento económico sea mucho más lento. Varios economistas han dado la voz de alarma: una población de más edad frenará el crecimiento debido a una menor productividad, una menor participación en la fuerza laboral y un menor crecimiento de la inversión. Si esta hipótesis es cierta, la economía mundial podría atravesar un período prolongado de crecimiento débil. Pero ¿son exagerados estos temores sobre el futuro?
En un nuevo documento de trabajo, los economistas Daron Acemoglu, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, y Pascual Restrepo, de la Universidad de Boston, analizan la relación entre el envejecimiento de la población y el crecimiento económico agregado. Tras realizar varios análisis de regresión que tienen en cuenta los niveles iniciales del PIB, concluyen que no existe una relación negativa entre una población de más edad y el crecimiento del PIB. De hecho, algunos resultados indican una relación positiva entre el envejecimiento y el crecimiento económico, aunque esta relación es más débil cuando examinan únicamente los países de ingresos altos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
Dadas las expectativas de que el envejecimiento de la población debería frenar el crecimiento, ¿qué podría explicar la ausencia de una relación negativa? La respuesta que ofrecen Acemoglu y Restrepo es la tecnología. Los economistas plantean la hipótesis de que, a medida que envejece la población, es más probable que las empresas adopten tecnologías que contribuyan a impulsar la productividad. Presentan resultados preliminares de un próximo trabajo que muestran una relación entre el envejecimiento y la adopción de robots.

En otras palabras, creen que existe una respuesta endógena al envejecimiento, a medida que la economía reacciona a estos cambios demográficos. Sostienen que, conforme envejece la población, el número de personas en edad de trabajar disminuye en relación con la demanda, lo que a su vez eleva los salarios. Los salarios más altos dan entonces a las empresas un incentivo para invertir en tecnologías que aumenten la productividad laboral. Este impulso a la productividad compensa la reducción del crecimiento económico derivada de una población de más edad, o podría superarla e incrementar el crecimiento económico general.
El factor clave aquí es que los dos economistas concluyen que el envejecimiento y la reducción de la oferta de trabajadores en la edad de mayor actividad laboral conducirán necesariamente a un aumento de los salarios. La demografía puede ser muy importante para comprender las tendencias económicas, pero no determina el destino. Los salarios más altos podrían ser una tendencia importante y necesaria para impulsar el crecimiento en un futuro en el que los trabajadores sean cada vez mayores, pero debemos ser escépticos ante la idea de que ese cambio vaya a producirse por sí solo. También podría ser necesario que las políticas públicas contribuyan.


